¿Qué debo hacer para entender la Biblia?

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No ha habido otro en la historia del mundo que pueda atraer a tantas personas como Jesús, que lo hacía no para entretenerlas o hacerlas sentir bien, sino para enseñarles las verdades de Dios, y confrontar con ellas sus vidas. Y aunque muchos eran puestos entre “la palabra y la pared” por la forma pecaminosa como se comportaban, aun así, le seguían y escuchaban. 

Pero Él les enseñaba de una manera particular, lo hacía a través de parábolas, historias de la vida cotidiana que Jesús usaba para ilustrar las verdades que les quería comunicar; el problema, es que no siempre resultaban fáciles de comprender, porque Jesús no lo daba todo masticado; por el contrario, quienes le escuchaban debían quedarse pensando en lo que Él había querido decirles más de una vez. 

Y en una de esas ocasiones en las que les enseñaba a las multitudes, les dijo la parábola del sembrador, que resultó ser difícil de entender, y por eso algunos tuvieron que pedirle que les explicara su significado. Él accedió a ello, no sin antes decirles algo muy importante que es el centro de este artículo, veámoslo en: 

Marcos 4.10-11a 

“Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios.” 


¿Alguna vez nos hemos sentido confundidos leyendo la palabra de Dios? ¿Ha habido partes que no hemos podido entender y explicar? 

Pues en este pasaje Jesús nos explica por qué podemos entender su palabra, mientras hay otros que no lo pueden hacer; y es porque nuestro entendimiento de ella depende de la gracia y la voluntad de Dios. Sabemos esto porque Jesús lo dijo, afirmando que a ellos se les había dado saber los misterios del reino de Dios, mientras que a los de afuera no. 

Así que, hasta la comprensión de su palabra, es un regalo que recibimos de Él. Una expresión de su gracia, de su favor, y de su amor para con nosotros. 

De ahí que nuestra comprensión del evangelio es una gracia (regalo) que hemos recibido de Dios para que comprendamos su santidad, la deuda que tenemos con Él a causa de nuestro pecado, y la obra de salvación de Jesús. Pero hallarnos en ese punto es solo el comienzo de su conocimiento y de la comprensión de los misterios de su Reino. 

Es por esto por lo que en nuestra carrera cristiana debemos seguir dependiendo de su gracia para comprender su Palabra, para ser iluminados por su Espíritu y aplicar sus principios a nuestra vida diaria, y para ello necesitamos hacer dos cosas muy importantes: 

  1. Buscarlo a Él de todo corazón. 

Tal como lo dice Jeremías 29.13

“Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón.” (NBLA) 

Y es a partir de ese deseo genuino de conocerlo más que hallaremos la motivación para pedirle que nos conceda la gracia de comprender su palabra. Porque comprenderla no depende de nuestros estudios, coeficiente intelectual, tiempo en la iglesia, del predicador que nos la enseña, ni de la versión de la Biblia que usemos. En cambio, depende de la gracia y la voluntad de Dios para con nosotros. 

Y lo otro que debemos hacer es: 

  1. Ablandar nuestro corazón. 

Arrepentirnos de nuestro pecado, confesárselo y buscarlo con un corazón limpio. 

Por eso Jeremías le dijo a los Israelitas: 

Jeremías 4.3 

“¡Pasen el arado por el terreno endurecido de sus corazones!” (NTV) 

Sobre este pasaje, Eugene Peterson, un gran hombre de Dios, comentó que: «Jeremías le rogaba al pueblo Israelita, diciéndoles: “Arad campo para vosotros”; como una metáfora para el arrepentimiento que prepara el terreno de nuestros corazones para recibir lo que Dios tiene para nosotros. Porque la superstición y la idolatría forman una dura corteza en nuestro corazón, que nos hace insensibles y cerrados a la palabra que Dios habla para misericordia y salvación.» (Peterson. & Alvarez-Scarpitta., 2006). 

Por eso, si queremos entender más de la palabra de Dios y que ella transforme nuestra vida, necesitamos pedir su gracia y ablandar la tierra de nuestro corazón, arrepintiéndonos y confesándole nuestros pecados. 

¿Estamos dispuestos a pedir y aceptar su gracia para entender su Palabra? Y ¿estamos dispuestos a purificar nuestro corazón para que contenga una tierra fértil en la que su semilla se plante y produzca fruto? 

¡Hacerlo vale la pena! 

Referencias 

Peterson, E., & Alvarez-Scarpitta, M. (2006). Correr Con los Caballos: La Busqueda de una Vida Mejor. Editorial Patmos. 


«Comprender la palabra de Dios es un regalo que recibimos de Él»

Ministerio UMCD

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