Un rayo de SABIDURÍA

La sabiduría en el silencio | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 12.23

Proverbios 12:23

EL HOMBRE CUERDO ENCUBRE SU SABER; mas el corazón de los necios publica la necedad.”

Años atrás tuve la oportunidad de compartir una llamada telefónica con un pastor a quien respeto y considero mucho. El pastor tiene una vasta experiencia, y por las veces que le he escuchado predicar y enseñar he visto que su conocimiento y sabiduría son remarcables.

El día que pude conversar por teléfono con él perdí una de las grandes oportunidades de aprender de manera individual de la experiencia de aquel pastor con muchos años de ministerio. Durante los varios minutos que hablamos, la casi totalidad del tiempo la utilicé hablando de lo que quiero o pienso, y no le di un momento al pastor a expresar lo que él consideraba de lo que me acontecía en mi ministerio. Todo su silencio fue notorio, y al final, calló y no dijo nada y nos despedimos.

Al terminar la conversación me puse a reflexionar lo necio que había sido, me di cuenta que el pastor no expresó nada, primero porque no le pregunté qué opinaba, y segundo porque yo creo que pensó: «Bueno, para que decirle algo, si él “cree saber” lo que hace». Nunca he podido preguntarle a él sobre esa conversación, pues no he podido tener otra oportunidad como tal, pero nunca he de olvidar cuan necio fue ese momento en mi vida. Es como que hubiera estado frente al rey Salomón, y en vez de escuchar de su sabiduría, él escuchó mis necedades.

Una persona sabia no es una persona que habla mucho, al contrario, estudia el caso, analiza, calcula, piensa que decir, y si considera que es conveniente decir algo lo dice; sabiamente guarda silencio cuando se encuentra ante un necio que no va a apreciar lo que tenga que decir: “El hombre cuerdo ENCUBRE SU SABER…”.

Como consejero, uno de mis problemas que tengo por momentos es hablar antes que escuchar. Sin necesidad que tenga que escuchar toda la historia, en mi mente ya estoy pensando las razones del problema y tengo inmediatamente las “soluciones” para enfrentarlos. Muchos hablamos más y escuchamos y analizamos poco.

Otros al contrario les gusta hablar mucho, y el propósito es el de llamar la atención. Creen que por su habladuría están manifestando sabiduría, cuando lo único que expresan es necedad: “…mas el corazón de los necios PUBLICA LA NECEDAD”.

Los que tenemos la tendencia hablar mucho generalmente nos encontramos con otro problema, nos introducimos en líos (Proverbios 13:3). Hablamos tanto sin meditar lo vamos a decir que damos rienda suelta a nuestro “necio” y oscuro corazón (Proverbios 10:19; 12:23). Hablar mucho siempre traerá calamidades, mientras que el sabio sabe que no debe decir todo; calla lo que debe callar, dice únicamente lo que debe pronunciar, y lo que dice lo hace con prudencia y buen juicio.

Hagamos un análisis sincero en nuestra vida, consideremos si somos personas que decimos cosas por decir sin analizar; si esto sucede así, entonces puede que seamos necios. Sabios son los que no dicen cualquier cosa, sino que sabe guardar su boca refrenando la lengua, “encubriendo” su saber.

La “lengua” puede ser la revelación de nuestra necedad, si la “mostramos” mucho en público entonces manifestamos quienes somos.

«Señor, necesito aprender a cuidar lo que digo y cuándo lo digo, ayúdame a ser prudente en mi hablar»

Proverbios 10:19

EN LAS MUCHAS PALABRAS NO FALTA PECADO; mas el que refrena sus labios es prudente.”

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