Vida Cristiana

Presenta tu renuncia | VIDA CRISTIANA

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Tito 2:11-14

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, RENUNCIANDO A LA IMPIEDAD Y A LOS DESEOS MUNDANOS, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.”

 

Para aquellos que trabajamos o hemos trabajado, sabemos cuán importante es tener un empleo. El trabajo es vital para obtener el sueldo necesario que nos permite vivir en una economía capitalista.

Si el empleo que tenemos es uno que realmente nos satisface o que nos encanta, la idea de que nos despidan es aterradora, y mucho menos pensamos en renunciar a él. Pero si ese empleo es uno que no cumple nuestras expectativas o que comparado con otro no resulta tan beneficioso, entonces pensamos en la posibilidad de renunciar, sabiendo que obtendremos uno mejor. Con gusto lo queremos dejar.

En nuestra vida cristiana esta idea de “renunciar” al mundo debería tener este mismo principio: Dejo al mundo con su pecado y males y me presento ante Dios para vivir para Él. Y aunque la idea realmente es muy alentadora y beneficiosa, son pocos quienes lo hacen.

Vivir en el pecado y en los deseos mundanos es vivir agradando a nuestra carne, al mundo y a Satanás. Es dar rienda suelta a nuestros instintos pecaminosos más bajos y dejar que todo lo desagradable a Dios tome control de nuestro ser para estar vendidos ante las pasiones lujuriosas del pecado. Y a pesar de que suene horrible y deshonroso ante los ojos de Dios y para nuestra mente, lo cierto es que por nuestra condición pecaminosa la idea de vivir en pecado no es horrible, sino agradable.

Es el pecado quien obra en nosotros haciéndonos pensar que todo lo malo es placentero. Al pecar, inconscientemente, nos hacemos esclavos del pecado (Romanos 6:16). El pecado otorga un deleite, pero es temporal (Hebreos 11:25). El pecado da una paga, y esa paga es “muerte” (Romanos 6:23a; Santiago 1:14, 15). ¿Entonces, por qué no renunciar a la vida de pecado?

Pablo nos dice que debemos considerarnos como “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Además, debemos tener la firme intención de no obedecer al pecado para que éste no reine sobre nosotros, ni debemos presentar nuestro ser “al pecado como instrumento de iniquidad”, al contrario, presentarnos para Dios “como instrumentos de justicia” (Romanos 6:11-13).

Jesucristo “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras(Tito 2:14), debe ser nuestra gratitud y nuestro deseo de agradar a Quién nos rescató del pecado lo que nos comprometa diariamente a vivir para Él.

Jesucristo un día volverá por Segunda Vez a llevar a Su pueblo (Tito 2:13), y hasta que ese día llegue, vivamos piadosamente para que no nos sintamos avergonzados ante Su presencia.

Recordemos, vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo, somos un pueblo redimido por la bendita sangre del Cordero, vivamos para nuestro Redentor. ¡Renunciemos al mundo y al pecado, vivamos para el Señor!

 

«Señor Jesucristo, Tú diste Tu vida para redimirme del pecado, ayúdame a vivir alejado del mal, consagrado solo a Ti»

 

Filipenses 3:20

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”

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