Matrimonio y Hogar

Son una bendición de Dios | MATRIMONIO y HOGAR

Salmos 127.3

Salmos 127:3-5

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
Cosa de estima el fruto del vientre.
Como saetas en mano del valiente,
Así son los hijos habidos en la juventud.
Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos;
No será avergonzado
Cuando hablare con los enemigos en la puerta.”

 

Cada día más se escucha en la televisión la noticia que en algún país u otro se está tratando de legalizar o ya se ha legalizado el proceso del aborto no terapéutico. Las complicaciones que esta práctica pecaminosa está produciendo en la sociedad actual está llevando a las parejas jóvenes, y sobre todo a la mujer, a tomar decisiones que no solamente le afectan a ella, sino a un ser que lleva en su vientre.

Para los defensores de esta práctica indebida, el aborto le permite a la mujer tomar su propia decisión con lo que desea “hacer con su cuerpo”. En algunos lugares, como en un Estado de México, se permite el aborto legal a causa de una petición de la mujer al indicar que se encuentra en una pobreza extrema, y que por sus condiciones no podrá cuidar del niño. En otros lugares se permite el aborto a causa de un embarazo ocasionado por una violación. Se ha aprobado también el aborto cuando el niño nace con alguna deficiencia congénita. Pero ya en muchos países la práctica del aborto es permitido por un simple consentimiento de la madre.

Según estadísticas, en los Estados Unidos 1 de cada 3 mujeres se someterá a un aborto antes de los 45 años de edad. Si una chica menor de 18 años desea abortar en ese país, dependiendo del Estado en el que vive, solamente requerirá el consentimiento de uno de los padres para que le realicen el procedimiento, y en otros ni ello es necesario. Con ideas sugestivas se fomenta el aborto como algo apropiado y libre de condenación, dando a la mujer la opción a “un cambio” en su vida que “favorezca” las futuras decisiones que desee tomar.

Entre más avanza la sociedad a los cambios que le ayudan a encontrar el anhelado “progreso”, lo único que están haciendo es promoviendo al pecado de la promiscuidad, la fornicación, el adulterio, y aún más, al homicidio. El número de abortos inducidos para el 2010 en todo el mundo era de unos 46 millones, 26 millones de esos abortos se dieron en países donde el aborto es legalmente permitido, y 20 millones producidos en países donde es ilegal. Lo que nos da a entender que lamentablemente no se requiere de una legalización para continuar con un número similar de abortos comparados entre los lugares que permiten y los que penalizan tal acto.

Científicamente, en el mismo momento en que el espermatozoide se une al óvulo, se forma el huevo o cigoto, mismo que comienza con el proceso de reproducción celular, y por lo tanto un nuevo ser se ha formado. Es por ello, que el aborto, no importa en el estado que se haga, lo que lleva es al término de una vida.

Y si consideramos que la Biblia nos dice que los hijos son “herencia de Jehová”, lo que debemos recordar que desde el mismo momento que una mujer queda embarazada, sea este embarazo voluntario o involuntariamente, sea bajo una relación matrimonial o no, sea concebido por inseminación artificial o por una violación, el niño que ha sido engendrado es una “herencia” que Dios ha dado a la mujer o a la pareja, y como tal debe ser recibido.

El querer dar término a un embarazo de forma prematura y voluntaria por medio de un aborto es una violación a la ley de Dios y a Su deseo de bendecir a la mujer y a la pareja. El querer defender el aborto es querer dar libertad a una vida de libertinaje que ha destruido y seguirá destruyendo a la institución del matrimonio y la familia, establecidas por Dios. El abortar es rechazar la herencia que Dios nos quiere brindar. ¡Digamos SI a la VIDA!

 

 Salmos 139:13, 14 y 16

Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, […] Mi embrión vieron tus ojos…”

1 reply »

  1. Segun las Escrituras, Dios nos revela que no somos sencillamente madres, sino que el Señor nos llama a ser madres. Al tener un llamado, el significado de la maternidad cambia

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