Vida Cristiana

Trabajando para cosechar | VIDA CRISTIANA

2 Timoteo 2.6

2 Timoteo 2:6

“El labrador, para participar de los frutos, DEBE TRABAJAR PRIMERO.”

 

Un proyecto se presentó en la iglesia: Se necesitaba hacer unos cambios en un pequeño jardín que se hallaba en la parte frontal del edificio. Este jardín había sido descuidado por un tiempo, lo que permitió que las malezas y las plantas menos vistosas tomaran control. El pasto había dejado de crecer apropiadamente, y las malas hierbas se habían apoderado de la parte verde del mismo.

Se decidió hacer un cambio regenerativo del jardín, para lo cual se llamó a una empresa que rociaría sobre el pasto un herbicida que mataría las malas hierbas. Se continuó el proyecto unas semanas después con la fertilización de lo que quedó de pasto. Por varias semanas se regó ese terreno esperando favorecer el rápido crecimiento del mismo pasto.

Por otro lado, se retiraron todas las plantas viejas que existían en el área de las flores y que ya no florecían debidamente. Se plantaron nuevas plantas florales. Cada semana se eliminaba manualmente el aparecimiento de cualquier planta indeseable. Todo esto hasta que al final de 4 meses de trabajo el área quedó transformada en un bello paraje floral.

¿Ha visto alguna vez a un granjero cosechar una gran cantidad de fruto sin haber trabajado la tierra primero?¡No es posible! Este principio es cierto en nuestra vida espiritual. No puedo ver una vida transformada y llena de frutos si no se trabaja en ella.

La vida de muchos cristianos puede parecerse al jardín de la iglesia, por falta de cuidado y trabajo ha dejado de florecer y producir fruto. Sus vidas no han llegado a ser “podadas” y “fertilizadas” para ser fructíferas.

Nos preocupamos por la falta de frutos espirituales en nuestras vidas, oramos para que Dios nos cambie, pero no hacemos nada individualmente para que ello suceda. Existe poca evidencia de la Palabra de Dios en nuestras vidas que llega a “fertilizar” nuestro espíritu. Dejamos crecer las malezas del pecado en nuestras vidas en vez de cortarlas de raíz. Sin buscar en la iglesia la ayuda en la comunión con otros creyentes que nos ayuden a crecer, dejamos que la falta de esta “agua” merme el crecimiento de nuestro ser. Y sin la presencia diaria y real de Dios en nuestro ser, perdemos la oportunidad para que nuestro “Jardinero” limpie y trabaje en nosotros y así ver los frutos que tanto anhelamos ver (Juan 15:1-2).

Necesitamos de Dios como nuestro Jardinero, necesitamos de Su Palabra como nuestro fertilizante, necesitamos de la obra del Espíritu Santo como nuestro herbicida para batallar contra nuestros pecados, y necesitamos la comunión con otros creyentes comprometidos que “irriguen” nuestro ser a seguir en nuestro crecimiento espiritual. Si le falta uno de estos ingredientes, pues búsquelo ahora mismo, sólo ahí se verán los frutos que tanto desea.

La ley de la siembra y la cosecha es real en nuestras vidas: No hay cosecha si no hay siembra. No hay gran cosecha si no hay gran siembra. No hay frutos en mi vida sino trabajo junto a Dios para crecer espiritualmente.

 

Gálatas 6:7-9

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. NO NOS CANSEMOS, pues, DE HACER BIEN; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

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