Matrimonio y Hogar

Amor, definido en acciones (Parte VI) | MATRIMONIO y HOGAR

1 Corintios 13.5b

1 Corintios 13:4-5

EL AMOR es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, NO SE IRRITA, NO GUARDA RENCOR.”

 

El amor NO SE IRRITA:

La palabra paroxuno (παροξύνω, G3947) se puede traducir como irritar o enardecer. En el Nuevo Testamento esta palabra griega aparece únicamente en dos pasajes (Hechos 17:16; 1 Corintios 13:5). Curiosamente en ambos casos tiene una connotación contraria. Mientras que en Corintios nos dice que el amor “no se irrita”, en el pasaje de Hechos nos dice que Pablo “enardecía” en espíritu “viendo la ciudad entregada a la idolatría”.

Entonces, ¿a qué se refiere el pasaje? ¿Podemos o no irritarnos? Los dos pasajes en referencia nos enseñan lo que en la Biblia es una enseñanza constante.

La Biblia nos dice que, en cuanto a la ira, ésta es permitida, pero que debemos cuidarnos de ella (Efesios 4:26). Dios se aíra, y su ira es santa (Josué 23:16). A diferencia de nuestra ira, la de Dios no está encaminada al hombre, sino contra el pecado. Dios se aíra en contra de los hechos del hombre y es en contra de estos actos que actúa. Dios ama al hombre, y Su amor lo lleva actuar con compasión y misericordia. Cuando el hombre actúa pecaminosamente Dios tiene que obrar para detener el pecado, y en su acción tendrá que obrar en contra del hombre para que no siga pecando.

Pablo “enardeció” por el pecado de idolatría de los atenienses, pero su amor hacia ellos seguía inquebrantable. Podemos enojarnos, pero no voy a actuar en contra de la persona, sino en contra del acto que hace.

Si mi hijo o mi pareja actúan indebidamente, me está permitido enojarme, pero mi enojo no debe ir dirigido a la persona que amo, sino a lo que hace. Si me falta de respeto, si desobedece, si me engaña, etc., mi enojo debe ser hacia el acto pecaminoso. Recordemos que cada uno de nosotros estamos afectados por el pecado que mora en nuestro interior, y es esta condición la que nos afecta y nos hace pecar.

Cuando el miembro de mi familia hace algo malo puedo actuar con acciones que vayan a detener el acto o evitar que se repitan, pero no voy a enojarme para “destruir” a la persona. No debo dejar que el enojo me lleve a pecar. “Airaos, pero no pequéis…” (Efesios 4:26).

El amor NO GUARDA RENCOR:

Esta acción de “no guardar rencor” va juntamente de la mano con la anterior, “no irritarse”. Si entiendo que los actos inapropiados de mis seres queridos están afectados por su naturaleza pecaminosa, mi amor no debe dar lugar al rencor. La frase “no guardar rencor” tiene la idea en el griego de “no llevar cuenta de las cosas malas”. Es decir, no ser “histórico”.

El verdadero amor deja a un lado los hechos malos, no los vuelve a mencionar o traerlos a la “mesa de negociaciones”, ni menos hace uso incorrecto de ellos para obrar negativamente. Para evitar guardar rencor tengo que perdonar. Al igual que el amor, el perdón es una decisión y un mandamiento (Mateo 18:21-22). Si mi ser amado ha hecho algo malo debo perdonar, solamente así aprenderé a no guardar rencor.

Para amar a alguien que nos haya hecho daño debemos mirar a su pecado y no a la persona, perdonarlos sinceramente y no guardar rencor, y sólo ahí podemos decir que amamos.

 

1 Timoteo 2:8

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, SIN IRA NI CONTIENDA.”

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