Vida Cristiana

Corazón sensible | VIDA CRISTIANA

mateo-9-36

Mateo 9:35-36

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.”

 

En una conversación con un amigo compartíamos los desalientos que se pueden presentar en el ministerio. Lo complicado que muchas veces puede ser el trabajar con personas que, por múltiples razones, no siguen al Señor Jesucristo como deberían. En esa breve conversación nos veíamos desalentados y apenados; pero mientras seguía la conversación vino el tema de la dureza de corazón de las personas (Romanos 1:20-21). Hay algo que nos aleja de Dios y que nos pone en una posición insensible, lejos de una preciosa relación con Dios y de las grandes bendiciones que vienen con ello.

Interesantemente esa misma mañana, mientras manejaba de camino al trabajo pensaba en mi vida, y cómo ésta puede estar con frecuencia afectada también con un corazón duro y/o crítico. Pensaba en las veces en las que me sentaba en la “silla del juez” dispuesto a juzgar y no ayudar. Una grave y penosa posición en la que suelo estar y que manifiesta lo duro que puede ser mi corazón hacia otros, quienes, en vez de recibir ayuda mía, reciben cualquier otra cosa.

Jesucristo caminaba por las ciudades y aldeas, iba predicando acerca del reino y anhelaba que muchos respondieran con hambre espiritual ante las verdades eternas que nuestro Señor enseñaba. Sanaba enfermedades y dolencias al tiempo que los alimentaba; no todos respondían sensiblemente ante el llamado del Señor, muchos más eran quienes lo criticaban o lo buscaban por razones egoístas (Juan 6:25, 30).

El Señor si hablaba con autoridad y Su juicio era justo, pero detrás de ello había algo que lo movía a seguir enseñando, sanando, alimentando, predicando: “Su compasión por las ovejas”. Varias veces vemos a en la Biblia a Dios clamando con un corazón quebrantado por la oscuridad espiritual en la que se hallaba la gente (Jeremías 13:17; Jeremías 14:17; Lucas 13:34; Lucas 19:41).

¿Cómo está nuestro corazón hoy? Para muchos de nosotros la respuesta puede ser dolorosa de reconocer, pero es clara y lo sabemos: Duro y crítico.

El mundo está endureciendo su corazón al Señor y lo rechazan, se alejan de la verdad y van tras del engaño y el pecado; el mundo necesita de gente compasiva que mire detrás del pecado y vea la necesidad de aquellos que están desamparados y dispersos como ovejas que no tienen pastor. Ya hay gran endurecimiento como para permitirnos nosotros hacer lo mismo.

Si nuestro corazón no mira con compasión al prójimo, es momento de orar a Dios y pedirle que lo quebrante, que nos haga llorar por la necesidad de los que están lejos de Él, y solo ahí podremos verlos como Cristo los vio y hacer algo por ellos. Analicemos como miramos a otros, juzguémonos como hacemos juicio hacia otros. Si hay dureza, nosotros somos los primeros dignos de conmiseración, pues nuestro corazón está siendo entenebrecido.

 

«Señor, ayúdame a mantener un corazón sensible, compasivo, misericordioso hacia mi prójimo».

 

Mateo 12:7

“Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes.”

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