2017

Solícito de corazón

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Solícito de corazón

 

2 Corintios 8:16-23

“Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros. Pues a la verdad recibió la exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros. Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo… […] Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros. En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo.”

 

Si hay algo que se requiere en la obra del Señor es personas solícitas, personas dispuestas a servir al prójimo para bien de la iglesia. Tito es una muestra de tal solicitud.

Aunque poco se describe de este joven aprendiz, lo que nos arroja las Escrituras no deja ver que era una persona que estaba llena de una gran “solicitud”. Tito fue compañero de Pablo y Bernabé en el viaje que realizaron a Jerusalén para defender el ministerio a los gentiles (Ga 2:1). En la Segunda Carta a los Corintios, Pablo habla de Tito como alguien que fue muy bien conocido por esa iglesia, y quien por su diligencia por ellos era muy apreciado no solamente por los corintos, sino también por Pablo y por las otras iglesias (2 Co 2:12-13; 8:16).

Aparentemente Tito fue el mensajero que llevó la Primera Carta, por lo que, al encontrarse con Pablo, el Apóstol pudo escuchar del mismo Tito la manera como la iglesia respondió ante la exhortación de aquella Carta. Vemos que el mismo Tito estaba preocupado de antemano por el comportamiento de los hermanos en Corinto y por la manera como ellos pudieran responder, mostrando así un sincero y profundo interés (2 Co 7:6-8, 13-15).

Cuando Pablo decide mandar con alguien a recoger el dinero que se destinaría para ayudar a los hermanos en Jerusalén, Tito “estando también muy solícito, por su propia voluntad partió” hacia ellos, guiado por Dios, para llevar la Segunda Carta y para exhortar a los hermanos a dar para la ministración de los santos (2 Co 8:6, 16-18).

En la Obra del Señor se requiere de personas que estén dispuestas a dar de su vida para el bien de los hermanos y de la extensión de la obra. Personas diligentes que tomen con determinación y prontitud las tareas designadas, sabiendo que todo lo que hace traerá gran beneficio. El amor por los hermanos expresado en una entrega de corazón es una manifestación de tal solicitud.

Pidamos a Dios para que levante de entre nosotros personas con solicitud, personas dispuestas a dar todo por amor a los hermanos y a la obra de Dios. Oremos para que nosotros seamos esas personas solícitas a dar todo. Recordemos que la mies es mucha, mas los “solícitos” pocos.

 

«Padre, levanta de entre nosotros a más personas solícitas para Tu obra»

 

Mateo 9:38

Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”

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