Evangelismo

Gloriosa esperanza | VIDA CRISTIANA

Marcos 16.6

Marcos 10:32-34

“Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, LES COMENZÓ A DECIR LAS COSAS QUE LE HABÍAN DE ACONTECER: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; MAS AL TERCER DÍA RESUCITARÁ.”

 

Los discípulos no comprendían la determinación que tenía Jesucristo de ir a Jerusalén sabiendo que tenía que ser entregado y que enfrentaba una muy fuerte oposición por parte de los líderes religiosos. Estos timoratos discípulos no entendían aún todos los propósitos de la venida de Cristo; no comprendían el por qué tenía que morir, y tampoco entendieron hasta después de verlo resucitado que su muerte precedería a la grandiosa resurrección.

Yendo de camino a Jerusalén ellos se asombraron al ver a Jesús dispuesto a enfrentar la muerte. Pedro, en un momento de preocupación por la integridad de su Maestro le pide que deje a un lado esos planes de morir (Mateo 16:21-23). Cristo debió haber generado tan gran impresión cuando se dirigían a Jerusalén que sus discípulos le seguían con miedo. Lucas registra que el momento que emprendieron el viaje el rostro del Señor expresó tal determinación (Lucas 9:51). Y cómo no esperarse esa reacción de los discípulos, pues el Señor hablaba de sufrimiento, azotes, escarnio, y muerte.

Lo que no entendieron los discípulos es que Cristo sabía y les decía que resucitaría. Ellos no llegaron a comprender esta grandiosa verdad hasta después de la misma resurrección. Ni aún cuando las mujeres volvieron de la tumba a decirles que el cuerpo de su Señor no estaba ahí creyeron. Despreciando lo dicho corrieron a investigar lo que había pasado, querían saber que había acontecido con el cuerpo “muerto” de Jesús. Para sorpresa se encontraron con la tumba vacía.

Había sido profetizado que Cristo resucitaría (Salmos 16:9-10). La resurrección de Jesús sería un testimonio de su Deidad (Romanos 1:4). Hasta el día de hoy existen muchos que dudan de la resurrección de Cristo.

También hay una resurrección para el cuerpo del hombre. El alma del hombre es eterna, mientras que el cuerpo mortal; pero al final de los días todos los cuerpos serán resucitados; unos para condenación eterna y otros para una gloriosa eternidad junto al Señor (Daniel 12:2).

Para que una persona pueda estar seguro de esta gloriosa esperanza de la resurrección debe haber depositado su confianza en Cristo como su Salvador personal, y por medio de una oración de fe confesar sus pecados, pedir perdón, sabiendo que Cristo murió para salvarle y que resucitó de entre los muertos. Es una confesión de corazón hecha a manera de oración para pedir salvación. Al igual que David, todos podemos tener esta confianza de resurrección (Salmos 49.15).

 

«Señor Jesucristo: Tu muerte fue por mi pecado, Tu resurrección por mi esperanza»

 

Romanos 10:9-10

QUE SI CONFESARES CON TU BOCA que Jesús es el Señor, Y CREYERES EN TU CORAZÓN que Dios le levantó de los muertos, SERÁS SALVO. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

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