Matrimonio y Hogar

Regalo al Padre | MATRIMONIO y HOGAR

Proverbios 23.24

Proverbios 23:24

MUCHO SE ALEGRARÁ EL PADRE DEL JUSTO, Y el que engendra sabio se gozará con él.”

 

Parábola de los dos hijos:
Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero…” (Mateo 21:28-31a).

Entre la cultura latinoamericana el amor y el respeto a las madres suele sobre pasar al amor y respeto que se debe dar al padre. Nuestra consideración a las madres en muchos casos es mayor, y se debe a esa especial relación que las madres desarrollan con sus hijos desde el mismo nacimiento. Es tal el grado de dicha relación que muchas veces opaca o menosprecia el aprecio y la relación que deberíamos tener con nuestros papás. Incluso, el Día de la Madre se la celebra con mayor interés que el Día del Padre.

Es necesario hacer una evaluación debida ante estos hechos. Tanto el padre como la mamá de cada uno de nosotros merecen nuestro reconocimiento, amor, respeto y obediencia. Los dos son igualmente valiosos en nuestras vidas, y ante los dos mi obediencia debe ir a la par. Pero con una pequeña y marcada diferencia que resalta: El papá es el líder de casa.

Salomón nos dice que el padre del justo “se alegrará” mucho, mencionando la vida de un hijo sabio y recto en su comportamiento. En la parábola de los dos hijos relatada por Jesucristo se hace hincapié a la obediencia del hijo (Mateo 21:28-31). Si bien este pasaje de Mateo habla de la voluntad del hombre ante Dios, y de la manera como un hombre pecador se arrepiente mientras que el otro no demostró su deseo sincero de vivir justamente; esta parábola nos da un principio de obediencia necesario en la vida de un hijo ante su padre.

Honrar al padre es honrar al atributo de Dios como Padre. Reconocer la autoridad de mi padre es reconocer la autoridad de Dios en mi vida. Obedecer a mi padre es manifestar obediencia a mi Padre Celestial. Amar a mi padre es amar a mi Padre del Cielo.

La celebración del Día del Padre debería ser igualmente valiosa, tanto e igual como el de la Madre. Si uno desea realmente reconocer a nuestros padres, lo que podríamos darles es una vida que les agrade. Mi padre se alegrará mucho cuando vea de mi a un hijo que viva una vida piadosa, recta, en obediencia a Dios y a él. Un padre siempre se sentirá muy orgulloso de un hijo sabio en vida.

Muchos regalos materiales pueden ser valiosos, pero mayor será el que nuestros padres puedan decir con orgullo que tienen unos hijos rectos y sabios. ¿Por qué no ofrecerles este regalo intangible, pero inestimable? En el Día del Padre ofrezcamos este regalo valioso, primero a Dios y después a nuestro padre terrenal. De seguro que ambos se alegrarán.

 

Proverbios 17:21

“El que engendra al insensato, para su tristeza lo engendra; Y el padre del necio no se alegrará.”

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