Matrimonio y Hogar

Castillo de naipes | MATRIMONIO y HOGAR

Proverbios 14.1 [1]

Proverbios 14:1

La mujer sabia edifica su casa;
Mas la necia con sus manos la derriba.”

 

Si usted alguna vez ha tratado de construir un castillo de naipes sabe bien que es un pasatiempo interesante pero demandante. Para poder adquirir la habilidad de construirlos necesita paciencia, habilidad, constancia, dedicación, y, sobre todo, voluntad. Construir castillos de naipes es un pasatiempo demandante.

En la construcción de un buen hogar se requiere casi las mismas habilidades. La tarea que los padres tienen frente a ellos demanda de ellos paciencia, habilidad, constancia, dedicación, voluntad y amor.

Y aunque es tarea del varón liderar su hogar, proveer para sus necesidades, guiar en el área espiritual, y velar por los intereses de su matrimonio y de sus hijos; es cierto también que requerimos de ciertas habilidades para construir nuestro hogar, y que por naturaleza no poseemos. Es ahí donde el rol de la mujer adquiere un significado que ayudará en la edificación del hogar.

La mujer tiene características que le dan una capacidad innata para tal tarea. Desde el mismo momento que ella llega a concebir a los niños en su vientre ella desarrolla una relación con sus hijos que no la puede tener los padres. Su amor, ternura y cuidado que ella da a los hijos es único. Esta especial relación le da una capacidad a la mujer de poder acercarse a los hijos de una forma que el padre no lo hará.

Por otro lado, al ser ella quien igualmente, por naturaleza atiende de los detalles de la casa, como alimentación, estar pendiente de la vestimenta de sus hijos, cuidar con mayor atención su hogar y los quehaceres domésticos, etc.; le dan a la mujer una capacidad dentro de la pareja que favorecerá en la edificación de su familia. Es allí donde este papel de la mujer requiere de sabiduría. La mujer debe ser prudente en la manera como administra los recursos que ingresan en el hogar. Debe ayudar al esposo a coordinar en los gastos y administrarlos prudentemente.

Pero la parte donde su participación adquiere mayor importancia estará en la parte afectiva y la educación de los hijos. Es la mujer quien por lo general le brinda ese calor de hogar a su familia. Es ella la que con detalles llega a tocar el corazón de sus hijos y de su esposo. Si es sabia, sabrá que su tarea y función es tan importante como necesaria.

Con el amor particular de madre, la mujer toca con mayor disposición la sensibilidad de sus hijos, y le permite dialogar con facilidad con ellos. Es en ella donde la educación de sus hijos recae la responsabilidad (1 Timoteo 2:15). Con ese mismo amor ella también puede llegar al corazón del padre y le permitirá ser el vínculo necesario para que el padre pueda alcanzar a los hijos, y viceversa. Pero sabia es la mujer que edifica, no que destruye. Debe, con el temor de Dios, buscar edificar la vida de sus hijos mientras ella se somete al esposo. La mujer sabia ayudará al esposo en las áreas donde él tiene sus debilidades. Bien dice el dicho que detrás de un gran hombre existe una gran mujer. Ella debe ayudar al esposo a ser el líder que él debe ser.

La mujer debe ser participe fundamental en la formación de su familia, mientras vela por los intereses de ellos, y ayuda al esposo a ser líder.

 

«Una mujer piadosa y sabia transformará su casa en un verdadero hogar cristiano»

 

1 Timoteo 2:15 (NVI)

“Pero la mujer se salvará siendo madre y permaneciendo con sensatez en la fe, el amor y la santidad.”

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