Matrimonio y Hogar

Enseñanza y ejemplo (Parte IV: El trato de la mujer al hombre) | MATRIMONIO y HOGAR

tito-2-3-7

Tito 2:3-7.

“Las ancianas asimismo… que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.  Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras…”

 

Como vimos una vez anterior sobre el trato del varón a la mujer, cada uno de los padres tienen un rol importantísimo en la formación de sus hijos, y especialmente el ejemplo ayudará a moldear la idea que se trata de enseñar en el hogar. Las madres están a cargo de la formación de sus hijas en el área emocional y de relación con los varones.

Lo primero que se le pide a la mujer es amar a su esposo. Debemos recordar que para la mujer es más sencillo amar que para el hombre, pero para ambos es un mandamiento que siempre beneficiará la relación. Su amor al esposo puede ser expresado de múltiples maneras, y este ejemplo de amor debe ser un ejemplo maravilloso que las hijas deben aprender y seguir.

El orden de amar es relevante en este pasaje: “amar a sus maridos y a sus hijos”. Una constante actitud de muchas mujeres es el de poner primero a sus hijos antes que a sus maridos en las relaciones y en el hogar. Se escucha decir por algunas madres que aman más a sus hijos y que por ellos darían todo; y aunque esto no siempre es mencionado con pleno entendimiento; si es cierto que muchas lo dicen realmente conscientes. Nunca los hijos deben ser la prioridad en el hogar, si esto sucede, existe un desbalance que afecta el Plan de Dios para la familia. Los hijos son el complemento de la relación matrimonial y no la prioridad.

Muchas mujeres dicen que siguen adelante en su relación de pareja a causa de los hijos, y algunos hombres también; esta actitud ya ha puesto en evidencia que las personas no continúan con el matrimonio por la razón principal que es el de amar a su pareja. Una madre sabia le mostrará con acciones a su hija que no debe poner en desbalance la relación entre su amor a su esposo y su relación a sus hijos: Primero esposo, segundo los hijos.

Algo importante es la prudencia de la mujer. Debe aprender a ser controlada, con dominio de carácter. Sabiendo que la mujer es más expresiva en muchos sentidos, se debe enseñar a las hijas a que todo debe tener forma y lugar. Sea en un dialogo, en una aclaración, en un comentario, en una opinión. Debe aprender a dominar el carácter y no dejarse llevar por la emoción cuando exista algún conflicto.

La prudencia va acompañada con la sujeción. Entender para la hija que la mamá es sometida a su padre es muy importante. En el mundo de hoy se motiva mucho a la mujer a buscar igualdades que son necesarias: en el trabajo, la educación, en lo social y económico; todos somos iguales. Pero en el hogar, la mujer si debe entender el valor importante que tiene el esposo, es el líder. Las hijas deben aprender con ejemplo a someterse a los esposos, confiando plenamente que es el plan de Dios y que lo establecido por Él es bueno.

Algo necesario es la castidad de la mujer. Esta se puede ver reflejado en la manera como se relaciona con el hombre en la parte afectiva y sexual. La ropa no debe ser provocativa hacia el hombre, ni menos la manera como se maquilla y arregla. La mujer por lo general es más vanidosa que el hombre, y su deseo de sentirse atractiva es fuerte en ella. Las madres deben hablar con sus hijas en la manera que se visten.

La castidad de ella debe también darse en función de su acercamiento a los chicos. La mujer no debería ser quien busque iniciar una relación, es el hombre quien debe hacerlo. Proverbios nos dice que una mujer provocativa y seductora es manifestación de una mala mujer (Proverbios 6:24-29; Proverbios 7:5-12), por ello la madre tiene que enseñar a su hija a cómo actuar antes los chicos.

Nuestras hijas deben ser como princesas: Delicadas, tiernas, controladas, castas. Madres, es una bella obra que está en sus manos y que con dedicación y la ayuda de Dios se puede lograr. Demos ejemplo en casa de lo que una gran mujer puede ser.

 

Proverbios 12:4

“La mujer virtuosa es corona de su marido;
Mas la mala, como carcoma en sus huesos.”

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