¿Todos somos hijos de Dios?

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¿Será que todos los que oyen la Palabra de Dios y responden positivamente son verdaderos creyentes e hijos suyos? 

La parábola del Sembrador nos da la base para responder esta pregunta, y aunque no resulta fácil comprender su mensaje a primera vista, gracias a Dios que los discípulos de Jesús le pidieron que se las explicara, porque si no hubiese sido así, tal vez seguiríamos pensando qué quiso decir con ella. 

Consideremos lo que dice: 

Lucas 8.5-7 

“El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron.” 


En esta parábola Jesús caracteriza a cuatro tipos de oyentes de Su Palabra. Nos ayuda a entender que el sembrador es todo aquel que la predica y enseña, y que la semilla es Ella misma; la diferencia determinante en la Parábola es la tierra, que simboliza el corazón humano, por eso Jesús distinguió cuatro tipos, porque, aunque la semilla cae en todos, el resultado es diferente en cada tipo de oyente. 

Consideremos los tres primeros para dar respuesta a la pregunta que nos planteamos. 

  1. Los oyentes desinteresados. 

Estos son la tierra que está junto al camino. Oyentes que no le hayan valor a la Palabra de Dios, no se identifican con ella y son descuidados porque no se dan el tiempo para meditar en ella. Son como el tipo de oidor que define Santiago, que mira en la Palabra como si viese su rostro en un espejo, pero al dejarlo, se olvida qué clase de persona es (Stg. 1.23-24). 

Algo importante en ellos es la influencia de Satanás, que no pierde oportunidad para llevarse la palabra que se ha sembrado en sus corazones. Así que haríamos mal en ignorar la actividad de Satanás en el conocimiento de la Palabra, porque según el texto bíblico, él de manera recurrente encuentra maneras de mantener enceguecidos a quienes escuchan el mensaje de salvación. 

  1. Los oyentes egocéntricos 

Son aquellos en los que la semilla cayó sobre la piedra y nacida se secó. Son el tipo de oyente de la Palabra que da una respuesta inicial entusiasta, pero como resultado de sus intereses y emociones. Que se acercan a Dios pensando que Él les puede traer las bendiciones que buscan, como si fuera un amuleto que les garantiza su prosperidad, salud, amor, trabajo, éxito, fama y paz. 

Pero cuando llegan las tribulaciones o la persecución por su gusto y posible identificación con la Palabra de Dios, tropiezan. Huyen y no vuelven, mostrando que su dios no era Dios, sino ellos mismos, su comodidad, bienestar y placer. Les parece costoso perder relaciones, oportunidades y estatus por el nombre de Dios. 

Son el tipo de personas a las que Eugene Peterson se refiere cuando dice que: ven la religión como una manera para alcanzar una vida exitosamente feliz; por eso nada que interfiera con el éxito o interrumpa su felicidad será tolerado (Peterson. & Alvarez-Scarpitta., 2006). 

El siguiente grupo son: 

  1. Los oyentes amantes del mundo 

La parte que creció entre espinos y que terminó ahogada por ellos. Ellos parecen responder a la Palabra en cierta medida, creen que Ella es importante, pero también creen lo mismo del mundo, le equiparan a la sabiduría humana y por eso buscan agradar ambos bandos sin comprometerse mucho en alguno. 

Pero no saben que es imposible servir a dos señores (Mt. 6.24), y que, al tener amistad con el mundo, son enemigos de Dios (Stg. 4.4-5). Por eso el amor que sienten por el mundo, los termina consumiendo y apartando de Él. 

Pero ¿serán estos oidores de la Palabra, hijos de Dios? 

No. 

Tampoco son creyentes, ni cristianos. Y aunque vayan a iglesias, cumplan el plan de discipulado y sirvan en ellas, no son hijos de Dios. 

¿Cómo lo sabemos? 

Porque no hay fruto en ellos (Jn. 15.8

Así, estos tres tipos de oyentes conforman un solo grupo, oyentes pecadores, rebeldes, que por su incredulidad están condenados al castigo eterno. 

Referencias 

Peterson, E., & Alvarez-Scarpitta, M. (2006). Correr Con los Caballos: La Búsqueda de una Vida Mejor. Editorial Patmos. 


«Dios no considera como sus hijos a los simples oidores de su Palabra»

Ministerio UMCD

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