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De las más bellas bendiciones | Un rayo de SABIDURÍA

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De las más bellas bendiciones.

 

Miqueas 6:9

“La voz de Jehová clama a la ciudad; es sabio temer a tu nombre. Prestad atención al castigo, y a quien lo establece.”

 

Conversando con un hermano de la iglesia, analizábamos su vida y lo difícil que ha sido para él enfrentar las consecuencias de varios pecados que han estado presentes en su vida, y de los cuales no había hecho nada concreto para mejorar. Compartía lo duro que ha sido, ahora que enfrentaba el castigo de Dios, sufrir la mano del Señor, pero comprendía que todo era para bien.

Mientras charlábamos le indicaba que sé cuan beneficioso es el castigo o la disciplina de Dios. Le contaba que varios años atrás yo había cometido un pecado que me había llevado a la rebeldía, y que mi amado Padre Celestial tuvo que impartir Su disciplina para que pueda yo cambiar y alejarme de mi pecado. En el sufrimiento provocado por mi desobediencia aprendí a ver a Dios desde una perspectiva distinta, acercándome más a Él y llevándome a temerlo y amarlo más. Ese dolor trajo las más preciosas lágrimas, y que cada “retorcijón” traía gloria a mi vida. Sin duda, le dije a mi amigo, que después de la salvación, esa disciplina ha sido una de las más bellas bendiciones recibidas.

Dios estaba por traer castigo al pueblo de Israel en el tiempo del profeta Miqueas. Ellos se habían alejado de la voluntad de Dios por décadas, y Jehová estaba por traer castigo sobre Su pueblo. En su inmenso amor, Dios viene con palabras tiernas ante sus hijos y les extiende una explicación de qué es bueno, cuál sería el castigo, y Quién era la Persona que impartía tal disciplina.

Siempre será bueno temer a Dios. Nuestro Padre celestial sabe lo que es mejor, nunca se equivoca, y Su voluntad siempre es perfecta. Una persona sabia lo comprenderá muy bien.

Cualquiera que sea la forma que Dios escoja para castigarnos, siempre será justo y necesario. Justo en medida de las consecuencias de nuestros actos. Siempre estará dado con toda Su sabiduría y envuelto con todo Su amor, “como el padre al hijo a quien quiere” (Proverbios 3:12). Será otorgado con misericordia, porque sin ella, ya hubiéramos sido consumidos (Lamentaciones 3:22). Será para hacernos conocer más sobre Su santidad, alejándonos del pecado y atrayéndonos a la santidad; por lo tanto “es provechoso” (Hebreos 12:10). Razón tenía Salomón cuando dijo que no debemos menospreciar el castigo; al contrario, valorizar tan único, pero grandioso, proceso de corrección y edificación (Proverbios 3:11).

Cuando Miqueas llama la atención al pueblo de Israel, le hace un llamado a ser sabio en la manera como debía mirar al castigo y al Impartidor del mismo. Un castigo no solo nos aleja del pecado acercándonos más a Dios, sino que también nos revela más de Él.

El castigo que Dios me impartió años atrás cambió mi vida y la forma como miraba a Su voluntad, me permitió conocer más de mi amado Padre. Él me restauró, me consoló y me transformó; sin duda alguna puedo decir que ese castigo ha sido una de mis más bellas bendiciones.

 

«Padre, gracias por impartir disciplina a Tus hijos con sabiduría y amor»

 

Job 5:17

“He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga;
Por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.”

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