2017

“Marcha” por una Libertad

1 Pedro 2.16 Anexo

1 Pedro 2:11, 12, 15 y 16

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. […] Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.”

 

En nuestro mundo se está levantando una sociedad que exige derechos a todos los valores que ellos creen son correctos y que representan un sentir o posición ante algún concepto o idea. Cada día se ven marchas de protestan en todo lugar para solicitar el reconocimiento de sus ideales y exigir que se otorgue junto a ese reconocimiento derechos que les permitirá desarrollar sus ideales con libertad para actuar conforme a lo que ellos consideran correcto y defender su posición.

Muchas de estas marchas son sin duda alguna buenas, mismas que benefician al hombre; pero no quiere decir que todo ideal como tal tiene un beneficio apropiado, pues si bien permite el desarrollo de alguna actividad, el propósito final de muchos es justificar y dar aceptación a hechos inmorales, bochornosos, y por supuesto, pecaminosos.

En la historia humana existió Alguien que, por así decirlo, “marchó” hace muchos años atrás para conseguir la libertad de todos los que, a causa del pecado, habíamos perdido el derecho a actuar ejerciendo nuestra bondad, ese Alguien es Cristo.

Todo hombre ha nacido en pecado, y ese pecado nos esclavizaba desde el mismo día que nacíamos, nos mantenía en esclavitud constante y nos impedía hacer lo bueno (Ro 6:17, 20). El pecado también nos impedía acercarnos a la presencia de Dios (Ro 3:23), y nos llevaba atados directamente a nuestra cárcel eterna, la condenación en el infierno (2 Ts 1.9).

Cristo, al pagar con Su sangre, nos rescató de la esclavitud del pecado y de la condenación (1 Pe 1:18, 19). Al liberarnos nos ha otorgado libertad plena para hacer lo bueno, ya no lo malo; nos otorga la libertad para adorar a Dios y vivir para Él.

Pablo nos recuerda que una vez que hemos sido libertados del pecado por la Fe en Cristo, nuestra decisión debe ser de presentarnos diaria y constantemente como siervos “vivos para Dios”. Nuestra libertad nos otorga la posibilidad de vencer al pecado por medio del poder que Dios nos da, y es nuestra gratitud y nuestro derecho ahora de decidir ser “instrumentos de justicia” (Ro 6:10-14).

Siendo libres, nuestra mejor decisión y nuestro derecho es vivir como tal, y ya no como esclavos de aquello de lo cual el Señor nos libertó. Ya Cristo “marchó” hacia la cruz para conseguir nuestra liberación. ¡Ahora disfrutemos con todo derecho esa libertad “como siervos de Dios”!

 

«Señor Jesucristo, gracias por conseguir mi libertad del pecado por medio de Tu sangre»

 

Romanos 6:18

“Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.”

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