2017

¿Obligación o Privilegio?

Lucas 1.28 y 30 Anexo

Lucas 1:28-30

“Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.”

 

¿Cómo responde usted cuando es invitado a participar en algún ministerio de la iglesia, o cuando Dios le pide que haga algo por Él?

Aunque parecería inapropiada, y lo es, muchos respondemos negativamente ante tal invitación. El poder servir a Dios para muchos es una obligación de la cual no queremos tomar responsabilidad porque ciertamente demanda compromiso. Pero, para poder considerar esta oportunidad como un privilegio, debemos verlo desde la perspectiva de la invitación presentada como una gracia.

María, la madre de Jesús, estaba en su casa, pensando y soñando con el día de la boda. Para esta joven y piadosa doncella, el hecho de saber que pronto estaría casada con José ocupaba gran parte de su mente, como a cualquier otra persona que anhela casarse y está cerca a las puertas de su boda.

De repente entra el ángel Gabriel y se presenta ante ella, y saludando le dice que el Señor la ha mirado con gran favor y la ha seleccionado a ella, de entre todas las mujeres, para que sea la madre de Su Hijo Amado: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres… no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.” (Lc 1:28, 30). No sé usted, pero si alguien se presenta con una invitación con tan bella introducción, de seguro que es bueno, y ciertamente lo es, viniendo del Señor.

Servir a Dios es una gracia inmerecida que recibimos de Él. Cuando Dios desea utilizarnos participando de Su obra, lo que Dios hace es extendernos un favor inmerecido para ser parte, junto a Él, de lo que nuestro Señor va hacer en nuestra iglesia y en el mundo.

William Barclay comenta ante esto: “La sumisión de María es realmente encantadora. «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.» (Lc 1:38) Estaba dispuesta a aceptar lo que Dios decidiera. No hizo preguntas, ni puso condiciones; puesto que había sido Dios Quien lo había decidido, a Él le correspondía cuidarse de todos los detalles y resolver todos los problemas. La actitud de María fue la de una mujer creyente y obediente a la voluntad de Dios. Bien la definió su pariente Elisabet cuando le dijo: «Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.»” (Lc 1:45).

Cuando alguien le pida ayudar en la iglesia, cuando su pastor le invita a participar en algún ministerio, o cuando el mismo Señor le pida que haga algo por Él, recuerde que la invitación no se convierte en una obligación, sino en un hermoso y gran privilegio.

 

«Padre, gracias por permitirnos participar de Tu obra, sin ser merecedores de Tu favor»

 

Efesios 3:7-8

“Del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.” (El apóstol Pablo)

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