Perdonado

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Mateo 18:23-30, 32-35

“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. […] Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

  1. Esta parábola describe un aspecto del Reino de Dios, muestra que es un reino de misericordia que perdona el pecado. 
  2. La idea con esta historia es que identifiquemos a Dios con aquel Rey, porque Él nos puede perdonar una deuda que para nosotros es impagable.
  3. No se debe seguir el ejemplo del siervo, quién habiéndose beneficiado del perdón, no perdonó a su consiervo.
  4. Y Dios espera que, así como hemos sido perdonados, perdonemos a todos aquellos que nos ofenden, porque eso refleja el Reino de Dios en la tierra.

Sin duda el perdón no es fácil para nosotros que somos pecadores por naturaleza, porque es contrario al orgullo que existe en nuestro corazón, el cual hace que nos valoremos más que a nuestro prójimo, defendamos unos derechos que pensamos que tenemos, y busquemos nuestros deseos aun por encima de la gloria de Dios.

Ese orgullo tampoco nos permite ver el pecado que hay en nosotros, de ahí que creamos que somos buenos, que nuestro pecado no es para tanto y nos inclinemos a juzgar con dureza a los demás antes que a nosotros mismos.

Las cuentas son muy claras en cuanto al pecado, nuestra deuda con Dios es muy, pero muy grande; y en cambio, la deuda de nuestro prójimo con nosotros es insignificante a la luz de nuestro pecado.

No perdonar es una de las formas como castigamos y nos vengamos del que nos produjo la ofensa y el dolor, pero eso refleja que no hemos entendido dos verdades muy importantes: la primera es que Cristo ya pagó el castigo por el dolor que esa persona nos causó, y la segunda es que la venganza es de Dios.

Según Jay Adams, maestro en temas de consejería Bíblica, perdonar es comprometernos a no traer a la mente el mal que nos hicieron, no usarlo en contra del ofensor y no decirlo a otros. Cuando decidimos hacer esto, la ofensa poco a poco será olvidada y nuestras heridas sanadas.

Recordemos que no perdonar tiene un costo que se paga en nuestra relación con Dios, no en tu salvación, pero si en Su trato contigo, porque la falta de perdón pone un obstáculo entre Su gracia y tú.


«El perdón es lo que más te identifica con Dios»

Ministerio UMCD

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