Respuestas que no esperamos de Dios

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En el ambiente cristiano es común que se comente algo un poco confuso, y es que no es bueno pedirle a Dios paciencia porque es posible que Él permita pruebas en nuestra vida que nos hagan desarrollar esa virtud. 

Pues algo así de confuso, fue lo que le sucedió a un Paralítico que se acercó a Jesús en busca de sanidad y recibió algo que a primera vista parecía muy diferente a lo que él deseaba. 

Parte de su historia es esta: 

Marcos 2:3-5 

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.” 


¿“Tus pecados te son perdonados”? 

Yo creo que cuando el paralítico escuchó estas palabras, pensó: —Señor yo vine para que me hicieras caminar, no para esto. — 

Ahora, esta es una de esas porciones de las Escrituras que nos hacen preguntar: ¿Como así? ¿Por qué razón Jesús siendo consciente de que este hombre le buscaba por un milagro de sanidad, le otorgó el perdón de pecados? 

Pues debemos entender que Jesús, así como Dios, tiene la maravillosa capacidad de hacer que un solo suceso produzca un impacto amplio que beneficie a muchos y responda varias preguntas simultáneamente, y este es uno de esos casos. 

Como nos lo dice Marcos, una multitud estaba presenciando ese momento, porque Jesús gozaba de una gran popularidad como resultado de sus enseñanzas y milagros, hasta los escribas y fariseos se hallaban allí, para comprobar los testimonios de muchos que habían sido transformados gracias al Señor, y para encontrarse con un milagro que probaría su divinidad y autoridad para el perdón de pecados. 

Así que Jesús aprovechó ese momento, no solo para obrar el milagro de sanidad en este hombre, sino también para brindarle la reconciliación con Dios por medio del perdón de sus pecados, porque para Jesús era más urgente la vida espiritual del Paralítico, que su capacidad para ponerse en pie. 

Este hombre, más que nada, necesitaba al Padre antes que fuerzas en sus piernas, necesitaba vida eterna en lugar de condenación y necesitaba un camino que recorrer antes que piernas para hacerlo. 

Con razón la Biblia dice que muchas veces no sabemos cómo orar ni qué pedir, pero que Dios sí sabe lo que necesitamos, y justo eso es lo que Él nos da (Ro. 8.26-27). 

¿Cómo aplicamos esto a nosotros? 

Preguntándonos: ¿Qué le estamos pidiendo a Dios hoy? ¿Cuál es la razón por la que estamos buscándolo? ¿Será trabajo, salud, pareja, que nuestros hijos obedezcan, los negocios, o posesiones materiales? 

Pues la verdad es que antes que nada, lo que más necesitamos es el perdón de Dios, arrepentirnos de nuestros pecados y confesar a Jesús como el Señor de nuestra vida (Ro. 3.10-12). Y eso es lo primero que Dios quiere darnos. 

Así que, ajustémonos a la voluntad de Dios, consideremos nuestra vida espiritual antes que lo material, busquemos primeramente sus caminos, y gocémonos en el plan que Dios tiene de conformarnos a la imagen de su Hijo, porque al término de un tiempo, nos daremos cuenta que esa es la mejor respuesta que podemos obtener de Él. 

«Antes que nada, lo que más necesitamos es el perdón de Dios»

Ministerio UMCD

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