2017

¡Yo no puedo!

Salmos 51.10 Anexo

¡Yo no puedo!

 

Salmos 51:10-13

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.
Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.
Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti.”

 

Un hombre había recibido a Jesucristo como su Salvador a la edad de 12 años, después de pocos años se aleja de su comunión con Dios y de la iglesia por varios motivos. Lejos de Dios e inmerso en una vida pecaminosa buscaba acercarse al Señor varias veces, pero después de un corto tiempo volvía a su triste vida de pecado. Dándose cuenta que solo no podía, comenzó a pedirle al mismo Dios que lo ayude. Su única petición era: “¡Padre, ayúdame a ser el hijo que Tú quieres que sea!”. A los pocos meses estaba volviendo a su relación con su Padre celestial y dispuesto a servirle.

El rey David, presenta en este salmo penitencial la misma oración: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio” (Sal 51:10). La palabra “crea” tiene especial significado en este pasaje ya que es la misma palabra que se utiliza para referirse a la obra de creación de Dios (bara˒ בָּרָא, H1254): “En el principio CREÓ Dios los cielos y la tierra” (Gn 1:1 – mayúsculas añadida); y a lo largo de todo el AT el único sujeto creador para la palabra “bara” es Dios.

Dios es el Único que puede transformar el corazón del hombre; David estaba solicitando a Dios que cree en él un “corazón limpio”, porque había sido afectado por el pecado, y por ello le pide además que renueve “un espíritu recto dentro” de él.

El pecado puede afectar la vida del creyente de una manera poderosa tomando el control, volverse a liberar de esa esclavitud requiere del poder de Dios.

Una vida de pecado nos quita el gozo de la salvación, no la salvación en sí, sino la comunión con Dios; disminuye la obra del Espíritu Santo en el creyente; y es por ello que se siente lejos de Él. Una confesión del pecado, un sincero arrepentimiento, y la petición de que el corazón sea renovado nos lleva a restaurar la comunión y el gozo vuelve al corazón del creyente.

David sabía que este cambio lo motivaría a proclamar las bondades y misericordias de Dios a los demás (Sal 51:13). Si en su vida no hay gozo, siente que el Espíritu Santo no obra en usted como antes, y no habla de Cristo a los demás como debería, talvez necesita que Dios revitalice nuevamente su vida espiritual. Pida ahora mismo perdón y Dios estará dispuesto a perdonarlo y revitalizarlo.

Aunque usted talvez no se encuentre en una vida pecaminosa, siempre debe recordar que sólo Dios le puede ayudar a vivir puro y alejado de todo mal. Pedir a Dios que nos ayude a mantener un “corazón limpio” es necesario.

 

«Padre, que no exista pecado en mi vida que me aleje de Ti»

 

Salmos 51:1

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.”

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