2017

Lo perdieron todo, menos…

Habacuc 3.18 y 19 Anexo

Habacuc 3:16-19

“Oí, y se conmovieron mis entrañas; A la voz temblaron mis labios; Pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia, Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar. Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.”

 

Si alguna vez lo ha perdido todo, podrá entender la frustración que ello puede traer. De repente uno se queda sin nada, todo lo construido desaparece, todo lo adquirido se va, los que nos rodeaban ya no están, y en donde poníamos nuestra alegría nos ha quedado solamente angustia y desolación.

 

No todos podrían decir que han pasado por un catastrófico evento como estos, pero muchos si podemos decir que hemos perdido alguien o algo muy importante en nuestra vida, y que ha dejado un vacío muy grande.

 

A Job le aconteció que unos hombres le robaron, un fuego consumió sus ovejas, y un tornado azotó la casa de uno de sus hijos y todos ellos murieron (Job 1:14-19), no siendo todo, luego tuvo una enfermedad de piel que causó infección en todo su cuerpo (Job 2:7, 8). Habacuc miró el despojo que el pueblo de Judá sufriría por el pecado; el orgullo de la ciudad de Jerusalén sería destruida junto con el templo y los muros, gran parte de su pueblo sería llevado a cautiverio, y las cosechas y el ganado desaparecerían (Hab 3:16, 17). Pablo enfrentó una persecución tan grande que le llevó a pensar que perdería su propia vida junto con aquellos que lo acompañaban (2 Co 1:8, 9). Todos estos hombres casi lo perdieron todo, menos su confianza en Dios.

 

En esta vida podremos enfrentar momentos impactantes que literalmente cambian nuestra vida de un momento a otro. Cuando esos momentos llegan, nuestra desesperación puede llevarnos a hundirnos en depresión, tristeza y el dolor. Podremos perderlo todo, pero lo que nos ayudará a enfrentar tal devastación, será nuestra confianza en Dios.

Habacuc 3.18 y 19 Color

Job, Habacuc y Pablo sabían que aún podría confiar Dios, y que esa certeza plena los ayudaría a seguir adelante, por eso exclamaban con seguridad: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21). Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza…” (Hab 3:18, 19). “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte” (2 Co 1:9, 10).

 

Confiar en Dios es tener la certeza de que la soberanía, el amor, la sabiduría, el poder, la fuerza, el consuelo, y el cuidado de Dios nos acompañarán después de cualquier devastación. No importa lo que pase, y aunque lo pierda todo, nunca deje que las circunstancias le hagan perder su confianza en el Señor.

 

«Señor, aunque me quede sin nada, yo confiaré en Ti»

 

Lamentaciones 3:24

Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.”

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