Evangelismo

¡Motivémoslos también a crecer! | VIDA CRISTIANA

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¡Motivémoslos también a crecer!

 

Colosenses 1:28, 29 (NTV)

“Por lo tanto, hablamos a otros de Cristo, advertimos a todos y enseñamos a todos con toda la sabiduría que Dios nos ha dado. Queremos presentarlos a Dios perfectos en su relación con Cristo. Es por eso que trabajo y lucho con tanto empeño, apoyado en el gran poder de Cristo que actúa dentro de mí.”

 

La Gran Comisión, como se le conoce al mandato dado por Jesús a los discípulos para que vayan y evangelicen, no solo tiene el propósito de llevar las buenas nuevas, sino de hacer discípulos del Señor en todas las naciones “bautizándolos” y “enseñándoles que guarden todas las cosas” que el Mesías les había “mandado” (Mateo 28:19, 20). Esta tarea es entregada a cada uno de los creyentes y es parte vital para el cumplimiento cabal de la Gran Comisión.

Imagine que cada uno de los padres que llegan a tener a un hijo lo traen al mundo muy felices, pero no hacen nada por alimentarlo y criarlo.

Evangelizar es una tarea hermosa, llena de gran gozo, no solamente a quien llega a ser salvo, sino a quien presenta el evangelio. La emoción que nos otorga es sublime e inexplicable. Pero igualmente inexplicable es la emoción que se siente cuando vemos que las personas a quienes hemos visto nacer de nuevo llegar a crecer espiritualmente hasta la imagen de Cristo.

Pablo dice que daba gracias a Dios en sus oraciones por los creyentes, y que se gozaba por los padecimientos que sufría a causa de ellos y de la evangelización (Colosenses 1:3, 24). En otra de sus cartas también dice que estaba “puesto en estrecho” entre el estar con Cristo o estar sirviendo en la iglesia, para mencionar la gran necesidad que tenía de servir a los hermanos, lo cual consideraba “necesario” y provechoso (Filipenses 1:21-25).

La Gran Comisión no es llevada con eficiencia sin una exhortación al crecimiento del nuevo creyente. Para ser salvo solamente se necesita poner la fe en Cristo, pero para la madurez se necesita motivar a llegar a ser como Cristo. William Hendriksen dice que «el apóstol jamás predicó a un Cristo que era salvador pero no ejemplo, ni tampoco a un Cristo que era ejemplo pero no salvador.» Ambas verdades tienen que ir de la mano: Se requiere de fe para ser salvo y empeño para ser como Quién salva, esto es Cristo.

Como creyentes no solamente tenemos la presencia prometida del Señor para ayudarnos a cumplir con esta preciosa tarea (Mateo 28:20), sino que estamos capacitados con el mismo poder de Dios para hacerlo (Colosenses 1:29). Amonestemos y enseñemos a los nuevos creyentes a crecer a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Colosenses 1:28 RV1960).

Cuando salga a evangelizar vaya con gozo a compartir las buenas nuevas, pero con el propósito de hacer de esa persona no solamente un creyente, sino también un discípulo del Señor.

 

«Señor, que tenga un corazón para evangelizar y tenacidad para discipular»

 

Mateo 28:19, 20

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

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