2017

El poder viene sólo de Dios (Armadura de Dios II)

 

2-corintios-12-10-anexoEl poder viene sólo de Dios (Armadura de Dios II)

 

Efesios 6:10, 11

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

 

En varios países de Asia algunos de los moradores han entrenado por años a los elefantes para desarrollar diferentes tareas necesarias para el hombre, tareas que sin la ayuda de la fuerza inmensa del elefante no se pudieran desarrollar. Como creyentes necesitamos de otra fuerza, la de Dios para enfrentarnos ante satanás, las pruebas y las tentaciones; y sin ese poder del Señor no sería posible.

Nuestra naturaleza pecaminosa nos hace débiles, como seres humanos todos nosotros somos literalmente muy sensibles a las tentaciones y llegamos a ser atraídos y seducidos por nuestra concupiscencia (Romanos 7:14-21; Santiago 1:14, 15). Aún en las pruebas el hombre puede llegar a ser tentado a tomar un escape para salir de su difícil momento (Santiago 1:12). Como seres humanos somos malignamente influenciados a hacer lo malo en momentos de debilidad, sea que esta influencia venga del diablo, del mundo o de nosotros mismos.

Para esto Dios viene en nuestra ayuda, Su poder se hace evidente en la debilidad del hombre, y no es que Dios no quiera ayudar a todos, pero es sólo para aquellos que entienden que son débiles en donde el poder de Dios se convierte en una tremenda fortaleza.

Varios años atrás intentaba seguir a Dios con todo mi ser, con toda mi fuerza, pero cada vez que lo intentaba humanamente volvía a caer en la misma trampa de la que quería salir huyendo. Dios nos dice que aún “los muchachos”, aquellos que con gran energía por su edad podrían vencerlo todo “se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen”. Nuestra debilidad es obvia, “pero los que esperan a Jehová”, aquellos que depende por completo en el Señor, “tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:30, 31).

Cuando Pedro caminaba sobre el agua se dejó turbar por la tormenta, y en momento de gran debilidad clamó: “¡Señor, sálvame!” (Mateo 14:30). Este intrépido discípulo tuvo su momento de debilidad, pero cuando sabía que se hundía supo en dónde encontrar ayuda.

“Fortaleceos en el Señor” es tomar aliento anímico ante la verdad que estamos con el Dios Todopoderoso y que siempre está de nuestro lado para ayudarnos. Y fortalecerse “en el poder de su fuerza” es depender del poder que nos da por medio del Espíritu Santo para enfrentar nuestras debilidades.

Sería inútil e insensato pensar que no necesitamos del poder que solamente viene de Dios para caminar junto a Él y poder vencer las “asechanzas del diablo”, las tentaciones y las pruebas. Tampoco se trata de una decisión de un momento, sino de una dependencia diaria, constante y consciente, porque cuando nos sabemos débiles entonces con el poder de Dios somos fuertes (2 Corintios 12:9, 10).

 

«Señor, gracias a Tu inmenso poder soy fuerte a pesar de mi debilidad»

 

2 Corintios 12:9, 10

“… Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

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