2017

Trabajando sin desmayar

2-cronicas-15-7-anexo

Trabajando sin desmayar.

 

2 Crónicas 15:7, 8

Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra. Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo…”

 

En la obra del Señor los desalientos y el cansancio en las batallas pueden venir muy frecuentemente. Esto pudo ser lo que se le había presentado al rey Asa y al pueblo en Jerusalén para que hayan recibido una motivación de parte de Dios por medio de Azarías (v. 1, 2 y 7).

El rey Asa había buscado a Dios de todo corazón tratando de traer avivamiento espiritual para su reino, el reino de Judá. Destruyó los ídolos que había y actuó con firmeza en contra del pecado de la homosexualidad, incluso había reprendido a su madre por la idolatría de ella (1 Reyes 15:9-15), y “mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos.” (2 Crónicas 14:4)

A causa de todo esto Dios trajo paz al pueblo, lo que les permitió enfocarse en la reedificación de las ciudades que habían sido abatidas por las guerras levantando nuevamente los muros y sus puertas (2 Crónicas 14:6, 7). Había restablecido un gran ejército para defender a Judá de sus enemigos, y cuando el rey de Etiopía vino en guerra con un ejército superior en número, buscaron a Dios y Él les dio la victoria (2 Crónicas 14:8-15).

Todo marchaba bien, pero al volver de esta batalla Dios envía a su mensajero Azarías para decirle a este aguerrido rey: “esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra.” (v. 7). Algo tuvo que desalentar a Asa para que Dios tenga que motivarlo nuevamente para que continúe su obra, lo que así lo hizo (v. 8).

En el arduo, pero precioso trabajo del Señor, los desalientos y el cansancio siempre estarán presentes. Después de una buena batalla espiritual, parecería que el trabajo que demanda ese gran esfuerzo nos cansa y bajamos por un rato las manos para descansar.

Para aquellos que trabajan en la obra como pastores o misioneros, el trabajo en la iglesia parece que nunca termina, y definitivamente nunca terminará. Hoy podemos estar predicando a una persona, mañana es discipulado, y después de un tiempo está madurando y creciendo, pero después llega otra persona más que necesita el mismo proceso.

En la iglesia los ministerios se levantan y funcionan con el propósito de edificar al Cuerpo de Cristo, en las familias de la iglesia ocurren conflictos que necesitan ser resueltos, un pecado fuerte dentro de la iglesia tiene que ser tratado bíblicamente, y en la casa propia del siervo de Dios los hijos pueden traer inconveniencias en el hogar. Y así podremos mencionar muchas más cosas. Con todo esto parecería que en la obra del Señor nunca hay tranquilidad, pues no lo habrá.

Es ahí donde Dios tiene que venir a motivarnos, es ahí donde la Palabra de Dios tiene que darnos nuevamente las fuerzas para continuar sin descansar en la obra que nos ha encargado. En el Reino de Dios el trabajo será constante, no nos dará descanso, pues cada día traerá una nueva batalla. Una gran victoria no debe ser motivo para bajar los brazos, pues hay más por hacer. Sigamos luchando, Dios estará siempre a nuestro lado. El Señor, al igual que con Asa, estará junto a nosotros para que retomemos valor y esfuerzo para continuar.

Si ayer usted obtuvo una gran victoria, haga lo que Pablo hizo “olvidando ciertamente lo que queda atrás” proseguía a la meta (Filipenses 3:12-14). Una victoria es grandiosa, pero la guerra continua, el pecado sigue afectando en algún lugar de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra iglesia. Hoy talvez el Señor le está diciendo “esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”; así que siga adelante, no desmaye, pues hay recompensa siempre con nuestro Dios.

«Señor, ayúdame, dame fuerza y obra en mí con poder para poderte servirte con valor y fidelidad hasta el final»

 

1 Corintios 15:58

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

 

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