2017

Enganchados en el camino de la obediencia

Salmos 119.3 Anexo

Salmos 119:1-8

“Bienaventurados los perfectos de camino,  Los que andan en la ley de Jehová.
Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan;
Pues no hacen iniquidad Los que andan en sus caminos.
Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos.
¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos!
Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese a todos tus mandamientos.
Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios.
Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente.”

 

Si hay algo que disfruto mucho recordar de mi infancia, y que sinceramente añoro, fue la posibilidad de jugar con las pistas de carreras eléctricas o de batería. Recuerdo una en especial que tenía una rampa que le permitía a los autos subir por la pared en un ángulo de noventa grados y de nuevo volver a la pista en forma horizontal.

 

Para que los pequeños autos de carrera pudieran correr sin dificultad sin salirse de la pista requerían de una pequeña barra en la parte inferior que le permitía recorrer sobre la hendidura que se hallaba en la pista, esto les mantenía fijos sobre las curvas; pero para que estos autos en particular no tengan problemas al subir por la parte que ascendía y bajaba por la pared requerían de unos pequeños imanes que se hallaban también en la parte inferior y que los mantenía atraídos hacia los rieles de la pista. Era uno de nuestros juguetes favoritos.

 

Si podemos comparar esto con la obediencia a la Palabra de Dios, podemos decir que nosotros necesitamos tener ese imán que nos atraiga hacia la Palabra, y Dios provee de esa pequeña ayuda de la barra para que no nos salgamos de la pista de la obediencia.

 

En estos primeros versículos del Salmo 119 leemos que la persona que busca de corazón guardar Sus testimonios es bienaventurada (v. 2). El autor nos dice que anhela que sus pasos vayan todo el tiempo en pos de los caminos de Dios. De alguna manera podemos decir que este es el imán, el deseo profundo de obedecer.

 

Pero también leemos que el autor le pide a Dios que no le deje salirse de Su camino (v. 8). Le pide a Dios que le enseñe Sus estatutos (v. 12), le solicita que le ayude a vivir guardando Su Palabra y que pueda a cada momento mirar en las maravillas de Su ley (v. 17, 18). La ayuda de Dios podríamos compararlo con la hendidura en la pista y el gancho que se hallaba bajos los carros, solo así evitaremos salirnos en las curvas y mantener fijo nuestro caminar.

Salmos 119.3 Color

Los resultados de esta gran combinación son que nuestros caminos serán perfectos (v. 1), no cometeremos iniquidad mientras andemos sobre Sus caminos (v. 3), no seremos avergonzados a causa de todos los males que podría traer la desobediencia (v. 6), nuestra alabanza de corazón será sincera y recta (v. 7), y por todo ello seremos bienaventurados (v. 1, 2).

 

Un corazón dispuesto es lo que requiere Dios para ayudar al hombre a ser obediente. ¿Usted ya tiene ese corazón?

 

«Padre, crea en mí un espíritu recto y un corazón deseoso para no pecar contra Ti»

 

Salmos 119:33

Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos,  Y lo guardaré hasta el fin.”

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