2017

En obedecer hay libertad

Santiago 1.25 Anexo

Santiago 1:23-25

“Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”

 

Cuando escuchamos que hay algo que NO es permitido llegamos a considerar que estamos excluidos de algún acceso y esto nos parecerá que nos han privado, es entonces donde pensamos que no tenemos libertad, sino que nos han coartado de la misma. No todas las restricciones son realmente limitantes, sino preventivas.

Dios, al darnos voluntad, nos ha dado la capacidad de decidir, y a esto se llama libre albedrío. Pero llegamos a pensar que cuando Dios nos dice NO a algo, entonces nos está limitando y ya no somos libres, sino que hemos sido restringidos. ¡Cuán falso es eso!

Si Dios nos ha dado capacidad para decidir, desde ahí somos libres, pues tenemos libertad para escoger entre seguir Sus estatutos o no; si no tuviera voluntad entonces si estaría coartado de esa libertad, sería un robot, un títere.

Por otro lado, al decidir libremente en obedecer, lo que estamos haciendo es librar nuestra vida del pecado y sus consecuencias. La Biblia nos dice que “cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su PROPIA CONCUPISCENCIA es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; Y EL PECADO, SIENDO CONSUMADO, DA A LA LUZ LA MUERTE” (Stg 1:13-15 mayúsculas añadidas). Lo que quiere decir es que cuando usted elige libremente pecar decide libremente morir espiritualmente y recibir las consecuencias de ello. Al contrario, al obedecer la Biblia hallamos libertad del pecado (Jn 8:31-36).

Santiago 1.25 Color

Por último, la ley escrita por el Espíritu Santo nos enseña de la libertad de la condenación eterna que podemos hallar cuando ponemos nuestra fe en Cristo (Ro 8:2). La Biblia es la bondadosa verdad de Dios que siempre nos alejará del mal. Por eso, al escuchar y decidir obedecer la voluntad de Dios, lo que hacemos es libremente seguir la ley “de la libertad” (Stg 1:25).

Es mejor escuchar con prontitud y mansedumbre para que con voluntad propia decidamos obedecer la Biblia, ahí seremos libres del pecado y sus consecuencias, por tanto, bienaventurados. (Stg 1:19-25)

 

«Padre, gracias por la libertad que hallo en Tu Palabra»

 

Salmos 119:44, 45

“Guardaré tu ley siempre, Para siempre y eternamente.
Y andaré en libertad, Porque busqué tus mandamientos.”

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