Hay palabras que hieren y otras que sanan

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Proverbios 12:17-19
“El que habla verdad declara justicia;
Mas el testigo mentiroso, engaño.
Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada;
Mas la lengua de los sabios es medicina.
El labio veraz permanecerá para siempre;
Mas la lengua mentirosa sólo por un momento.”

En el año de 1875 el presidente del Ecuador, Gabriel García Moreno, fallece asesinado por un grupo de jóvenes que decidieron matarlo a la salida de la iglesia, antes de ir al Palacio de Gobierno. Cuando el hecho sucedió, el escritor Juan Montalvo expresó una célebre frase que quedaría marcada en la historia como la posible causa indirecta de tan trágico hecho: «Mi pluma lo mató». Haciendo referencia a que un escrito de Montalvo, “la dictadura perpetua”, fue el folleto que pudo haber incitado la ira y las acciones que pudieron influenciar en la decisión de los asesinos. Montalvo consideró que su crítica escrita en contra del gobierno de García Moreno pudo haber provocado el acto.

Muchas veces no nos damos cuenta del poder que tienen las palabras en los receptores. Nuestras palabras tienen gran poder, bueno o malo, en función de la manera cómo las expresamos, el motivo que las genera, y el corazón de quienes las reciben.

En el caso de Juan Montalvo, no fueron sus palabras directamente una orden de asesinato en contra de García Moreno, pero sí pudo ser el fuego que encendió la leña del corazón de los autores que los motivó a cometer ese horrendo acto.


Las palabras pueden y tienen el poder de edificar, y otras veces de destruir. En ocasiones tienen el poder de consolar, y otras de atormentar. Hay momentos en los cuales con nuestras palabras causamos heridas, y en otras podemos sanar corazones (v. 18). Con lo que sale de nuestra boca podemos bendecir o maldecir al alguien; y aún inclusive podemos dar alabanza a Dios, y luego decir cosas malas a las personas que han sido creadas a la imagen de Él (Stg. 3:9-10).

Por estas razones, debemos ser sabios en lo que permitimos que salga de nuestra boca. Santiago, en su carta, nos dice que la lengua, aunque es un miembro muy pequeño de nuestro cuerpo, tiene gran poder, y que debemos tener cuidado porque ella está afectada por el mal (Stg. 3:5-8). Nuestra naturaleza pecaminosa afecta mucho lo que decimos y cómo lo hacemos. Jesucristo nos dice que por nuestra boca sale lo que está en nuestro corazón, y si nuestra alma está afectada por pecados, lo que sale de ella contamina las relaciones y afecta a las personas (Mt. 15:11).

Sabio es aquel que sabe utilizar sus palabras para instruir, edificar, consolar, animar, guiar, corregir, transformar, sanar; pero el perverso o el hombre necio solamente utiliza sus palabras para hacer daño a los demás y a las relaciones de otros.

Tengamos cuidado de lo que decimos, como lo hacemos, y cuando lo hacemos. No siempre una palabra puede beneficiar al alguien en ese instante, a veces es mejor callar antes que causar dolor o ira. Debemos pensar lo que vamos a decir y no dejarnos llevar por nuestros impulsos, y, sobre todo, cuidemos que lo que decimos no vaya acompañado de nuestros malas intenciones o perversos deseos.


«Una palabra sabia edifica, una lengua perversa destruye»

Ministerio UMCD

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Publicado por Ministerio UMCD | Un Momento Con Dios

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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