Hay palabras que hieren y otras que sanan

Muchas veces no nos damos cuenta del poder que tienen las palabras en los receptores. Nuestras palabras tienen gran poder, bueno o malo, en función de la manera cómo las expresamos, el motivo que las genera, y el corazón de quienes las reciben.

Cuídese de los engaños

Cuando venga alguna persona tratando de animarla a dejar algo que está haciendo para edificar su vida, tal vez una voz que le “aliente a bajar el ritmo”, o a tomar “un descanso”; esa puede ser una voz engañadora que quiere que se detenga. Busque a Dios, pida discernimiento, rechace toda pretensión de “ayuda” a su vida, y clame para que el Señor le ayude a fortalecerse para seguir adelante. La obra está ya casi reedificada, no es momento para parar. (Neh. 6:9, 12)