2016

No lo devalúe | VIDA CRISTIANA

zacarias-7-12-anexo

No lo devalúe.

 

Zacarías 7:11-12

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

 

La devaluación es la disminución o la pérdida del valor de un bien. Generalmente esta pérdida de valor le otorga al objeto devaluado poca apreciación por quien la posee o la busca.

El diamante es uno de los bienes más preciados dentro de la mineralogía. Esta piedra singular puede llegar a ser extremadamente valorada por quienes la buscan. Es uno de los materiales con la más alta dureza y conductividad térmica conocida por el hombre y tiene características ópticas destacables. La mayoría de éstas piedras se forman por condiciones de presión y temperaturas extremas que actúan sobre el carbono transformándolo.

Pero existe otro objeto que puede ser transformado, pero éste, al contrario del carbono, no adquiere mayor valor, sino que pierde su valor, y es el corazón.

Cuando una persona intencionalmente decide alejar su oído y dar la espalda a Dios y a Su voluntad, lo que provoca es permitir que al “presión” que ejerce el pecado y la “influencia” de la rebeldía transforme su “corazón” sensible a Dios a uno insensible. Tal puede ser este efecto de “devaluación” que literalmente bloquea voluntariamente la obra del Espíritu Santo a través de Su Palabra (Zacarías 7:12a).

Dios ha dado al hombre, en Su inmensa bondad, la voluntad. Este don de Dios le permite al hombre tomar decisiones. El propósito de este regalo maravilloso es para que pueda tener ejercicio sobre lo que desee hacer. Dios espera que cada uno de nosotros decidamos escucharlo y obedecerlo, decidamos por el bien; pero es el hombre, en ejercicio de su voluntad, quien decide no hacerlo. Éste es el proceso de pérdida de valor del corazón, pudiendo el corazón ser uno dispuesto, sensible y sumiso al Señor, el cual es de gran valor para el hombre mismo, lo expone para convertirlo en uno duro, inflexible e insensible a Dios y a Su voluntad.

Dios, siendo justo, llega airarse, al ver la dureza del corazón del hombre. Tal puede llegar a ser la actitud de Dios que los dejaría en su pecado y les privaría de las bendiciones que el hombre pudiera tener. Ya no escucharía sus oraciones y traería el justo pago a su dureza (Zacarías 7:12b-14). Es la voluntad del hombre la que lo puede llevar a este intencional endurecimiento y por consiguiente empobrecimiento espiritual.

La grandeza de la bondad de Dios es que siempre está dispuesto a escuchar al hombre, que arrepentido, se vuelva a Él y anhele que su corazón sea transformado nuevamente en uno de acuerdo a Su voluntad (Hechos 13:22). Este cambio hará que podamos nuevamente ser sensibles a Su Espíritu y a Su Palabra (Proverbios 1:23). ¿Está dispuesto a revalorizar su corazón ante Dios? Es a través de Cristo que Dios cambia nuestro corazón (2 Corintios 3:3).

 

«Señor, lo que tengas que hacer hazlo por favor para que no endurezca mi corazón contra Ti»

 

Zacarías 1:3

“… Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

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