2017

Curiosidad, Religiosidad, o Sinceridad de Interés

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Curiosidad, Religiosidad, o Sinceridad de Interés

 

Lucas 23:8-11

Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia. Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato.”

 

¿Alguna vez ha estado con el simple deseo de conocer o averiguar algo, pero no ha puesto mucho interés después? Eso es lo que podría decirse de una persona simplemente curiosa.

¿Alguna vez ha realizado actividades repetitivas con el simple deseo de cumplir con un requisito o un deber? Eso es lo que se podría decirse de una persona simplemente religiosa.

¿Alguna vez ha realizado una actividad o averiguado sobre un asunto porque lo considera importante y relevante y porque detrás de lo que hace está un corazón vibrante? Es lo que se podría decirse de una persona con un interés sincero.

Herodes Antipas o Herodes el Tetrarca fue una persona curiosa, religiosa, pero que realmente no tenía un sincero interés. Era gobernador de la Tetrarquía de Galilea y Perea y había quitado a la esposa de su hermano Arquelao y la tenía de amante. Juan el Bautista, contemporáneo de la época, lo acusó justamente de adulterio (Mr 6:18).

Por el comportamiento temeroso en contra de Juan el Bautista se podría decir que de alguna manera guardaba algún respecto al mensajero de Dios porque lo consideraban profeta y temía al pueblo (Mt 14:5). Aunque pensaba matarlo por influencia de su amante Herodías para callar a su acusador (Mr 6:19) le tenía cierto aprecio (Mt 14:9). Sabía que Juan era un “varón justo y santo” por lo que lo cuidaba de la muerte, y cuando lo oía hablar lo “escuchaba de buena gana” aunque “se quedaba muy perplejo” porque lo acusaba su conciencia (Mr 6:20).

Era un hombre religioso porque cuando era tiempo de la Pascua iba de Galilea a Jerusalén para observar la fiesta religiosa (Lc 23:7), fue allí donde llegó a conocer al Señor Jesucristo en persona cuando fue remitido hacia él por parte de Pilato (Lc 23:6-9). Herodes había deseado conocerlo desde mucho antes, cuando supo todo lo que hacía Jesús, pensaba que era Juan el Bautista quien había resucitado (Lc 9:7-9). Cuando se encuentra con Jesús cara a cara, pero al no poder ver ninguna señal de parte del Señor y al no encontrar respuesta a sus interrogantes lo “menospreció y escarneció” junto a sus soldados y los sacerdotes que lo llevaban, lo viste con “ropa espléndida”, y lo vuelve a enviar a Pilato (Lc 23:9-12).

Una persona que aparenta curiosidad y religiosidad no necesariamente llega a ser un creyente en Jesucristo. Una persona que solamente se deja llevar de comentarios o de su conciencia, pero no quiere cambiar su corazón ante Dios nunca llegará a mirar a Jesús como su Salvador. Muchos pueden aparentan ser creyentes, pero en la verdad no lo son. Podrán escuchar curiosamente la Palabra, pero Ella no halla cabida en sus vidas. Que alguien sepa de Dios no quiere decir que realmente ha llegado a transformar su corazón de piedra.

¿Está su corazón realmente transformado o es usted una persona con curiosidad y religiosidad nada más? Cristo está golpeando su puerta este momento, está frente a usted esperando que lo deje entrar, ¿le abrirá su vida al Señor o lo ‘enviará de vuelta’? Despreciar a Jesús es despreciar el amor de Dios y el perdón de pecados. Si usted no lo ha recibido a Jesucristo como su Salvador personal ahora es el mejor momento para hacerlo. Con un corazón sincero y arrepentido pida perdón por despreciarlo y rechazarlo y recíbalo con fe como su Señor. ¡El Señor quiere y puede salvar solo a quienes tienen sincero interés!

 

«Señor Jesucristo, Tu moriste despreciado y rechazado, Tu lo hiciste pensando en mí, te abro la puerta de mi vida para que cambies mi corazón»

 

Juan 5:24

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

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