2017

¿Con qué?

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¿Con qué?

 

Miqueas 6:6-8

“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

 

El poder sentirnos dignos de Dios es uno de los más loables pensamientos que puede venir a nuestra mente. ¿Qué puedo hacer para agradarle? Para muchos la religión ofrece este medio. El cumplir con ritos religiosos, el ofrecer holocaustos o sacrificios temporales aparentemente ofrecen un camino a esta necesidad humana.

Lo cierto es que muchas religiones ofrecen tantos ritos posibles como necesidades se presentan, pero todos estos ritos, aunque aparezcan santos y buenos, solo pueden llenar nuestra alma por un momento, pero ese vacío vuelve. Son satisfacciones momentáneas, y más que nada humanas, pero eso no quiere decir que son agradables a Dios, solo satisfacen al hombre (Miqueas 6:6, 7).

Dios da respuesta a esta gigante inquietud humana. En Miqueas 6:8 nos dice que es nuestra obediencia, el amor al prójimo, y una vida humilde es lo que agrada a Dios. Deuteronomio 10:12-19 añade que el Señor espera un corazón sumiso, lejos de la rebeldía, y un amor a Él expresado en consagración de vida. En Mateo 22:37-39, Jesús lo resumió en un amor entregado a Dios y al prójimo.

El Señor no se agrada con ritos externos si es que el corazón del hombre no está entregado a Él. Podremos ir a la iglesia todas las veces que sean necesarias, talvez podamos dar la ofrenda y leer la Biblia en forma constante, pero si el corazón del hombre no está alineado correctamente con el de Dios nada de lo que hagamos tendrá sentido para el Señor.

Dios siempre ha deseado que el corazón del hombre esté humillado y anhelante de Él, un corazón que tenga el gran deseo de poder estar ante Su presencia constantemente buscando agradarle. Los ritos y ofrendas si son parte de la adoración a Dios, pero son sin valor si no tienen el corazón de quién los presenta.

Quienes le adoran” a Dios “en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24), entonces lo que Dios espera que traigamos a Su presencia es nuestro sincero corazón. ¿Cómo está su corazón hacia Dios? Nuestra obediencia, el deseo de agradarle y de glorificar Su Nombre, acompañado de una vida sacrificada en ‘culto racional’ serán nuestra mejor forma de adoración.

Pero todo comenzará entregándole su vida a Cristo. El Señor Jesús claramente dijo que nadie viene” a la presencia del “Padre, sino por mí (Juan 14:6). La fe en la obra de Cristo en la cruz, y no nuestras propias obras, son las que nos ofrecen perdón de pecados y la entrada directa al trono de Dios (Efesios 2:8, 9; Hebreos 10:12-22). ¿Ya ha puesto su fe en Cristo?

 

«Padre, hoy te entrego mi ser, te doy mi corazón, con mi fe puesta en Cristo deseo venir delante de Ti»

 

Romanos 12:1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

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