2017

El Obstáculo del Pecado (VIDA DE ORACIÓN XI)

Salmos 66.18 Anexo

Salmos 66:16-20

“Venid, oíd todos los que teméis a Dios,
Y contaré lo que ha hecho a mi alma.
A él clamé con mi boca,
Y fue exaltado con mi lengua.
Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,
El Señor no me habría escuchado.
Mas ciertamente me escuchó Dios;
Atendió a la voz de mi súplica.
Bendito sea Dios,
Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.”

 

Entre las muchas consecuencias que atrae consigo el pecado, se encuentra la falta de atención de Dios a nuestras oraciones (Is 59:2-8). Al contrario, la obediencia siempre nos mantendrá en continua comunicación con Dios recibiendo sus bendiciones.

 

El amor de Dios no cambia cuando hayamos pecado, ese es uno de Sus inmutables atributos; pero dentro de Su amor, Su santidad y justicia demandan un acto de nuestro bondadoso Dios, y ese acto es la falta de respuesta a nuestra oración. Como a un niño rebelde, que no quiere escuchar al padre cuando le pide hacer algo, así Dios tiene que mantenerse en “silencio” a nuestras peticiones hasta que cambiemos de comportamiento.

 

Dios demanda santidad de sus hijos, esa santidad debe ser el reflejo de Su carácter (1 P 1:14-17). La falta de respuesta de Dios a nuestras peticiones es una manera de impartir castigo, porque el deseo es santificarnos y llevarnos a una vida piadosa. Así como el padre que malcría al hijo consentido, así sería nuestra vida sin Su bondadosa y buena disciplina (He 12:5-11).

Salmos 66.18 Color

Pero no solo una vida de pecado nos priva de ser escuchados. Santiago nos dice también que nuestras peticiones pueden ser no son escuchadas por las pecaminosas intenciones que en ellas puede haber (Stg 4:2, 3). Nuestro pecaminoso corazón es un engañador astuto que nos puede convencer de que nuestros deseos son necesarios y justos, por tanto, dignos de ser presentados ante Dios, y es ahí donde ese deseo pecaminoso es expuesto en súplicas y rogativas incesantes, esperando que el Padre responda a nuestro favor. Pero Dios, que escudriña nuestra mente y prueba nuestro corazón, no puede ser engañado por nuestra maliciosa intención (Jer 17:9, 10). Con justa razón el salmista dijo: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado” (Sal 66:18).

 

Dios, en Su infinita misericordia nos invita a arrepentirnos, a volver de nuestros caminos de maldad con humildad y contristados; entonces Él promete perdonar nuestros pecados y escuchar nuestras oraciones (2 Cr 7:14).

 

«Señor, ayúdame a mirar mi pecado tal cuál Tú lo ves, para alejarme, y así poder elevar ante Ti solamente oraciones con manos santas»

 

Isaías 59:1, 2

“He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.”

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