Evangelismo

Merecedor, comparable, apropiado | VIDA CRISTIANA

mateo-3-8

Mateo 3:1-3, 7 y 8

“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. […] Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.”

 

Cuantos de nosotros no hemos entrado en alguna casa visitando a alguien, y nos topamos que en la mesa del comedor se halla una bandeja con frutas como decoración; muchas de estas decoraciones son tan reales que parecerían ser frutas en verdad. Las podríamos colocar al lado de una fruta natural y al compararlas parecerían ser reales, pero no lo son. De la misma manera nuestro arrepentimiento debe ser real, sincero, apropiado, merecedor de perdón; tal que podamos decir sin temor que es un arrepentimiento verdadero.

Juan el Bautista estaba cumpliendo el llamado de Dios y consumando la profecía del profeta Isaías (Isaías 40:3), estaba preparando el camino en el corazón del hombre para que puedan recibir al Salvador (Mateo 3:6, 11). Pero su mensaje traía un reto que llevaba la motivación a realizar un sincero análisis por parte del oyente, motivaba a mirar la sinceridad con que el hombre estaba manifestando su arrepentimiento.

El arrepentimiento tiene varios elementos que expresarán su autenticidad, que lo hará merecedor de ser llamado verdadero, que al compararlo se podrá decir que es cierto, y que es apropiado para recibir el perdón; es decir: “frutos dignos de arrepentimiento”.

  1. CONVICCIÓN: es reconocer que realmente hemos hecho algo malo. Es certeza de entendimiento que nuestro acto cometido es malo ante los ojos de Dios. Esta convicción la produce solamente el Espíritu Santo (Juan 16:8).
  2. CONTRICIÓN: es un sentimiento piadoso que nos lleva al arrepentimiento. Es un dolor profundo de culpabilidad producido por la convicción de que le fallamos a Dios. A diferencia del remordimiento que solo nos hace sentir culpables, este pesar nos acerca a Dios para buscar remediar el problema con Él. Como lo indica Pablo, el remordimiento lleva a muerte, mientras que el verdadero arrepentimiento nos lleva a restaurar la relación con Dios, a la salvación (2 Corintios 7:8-10).
  3. CONFESIÓN: Una vez que hemos entendido cual es nuestro pecado, nos hemos entristecidos plenamente de nuestra condición pecaminosa y nos acercamos a Dios para remediarlo, entonces podemos confesar nuestro pecado ante Él. Confesar es estar de acuerdo ante el Juez Supremo que somos culpables de nuestro mal reconociendo con certeza cognoscitiva que hemos actuado mal. Solo una verdadera confesión nos puede otorgar el perdón (1 Juan 1:9).
  4. CAMBIO: El verdadero arrepentimiento se manifestará digno cuando en nuestra vida vemos un sincero cambio de mente, de actitud, de la manera de vivir. Es decir, es un fruto “digno” de arrepentimiento (Mateo 3:8). El cambio se notará en la dirección en la que caminamos, es dar vuelta en “U” y dirigir nuestro caminar hacia Dios alejándonos más y más del pecado.

 

Recordemos que un verdadero arrepentimiento nos otorga no solo el perdón, sino que nos ofrece la más grande oportunidad, ser salvos de la ira venidera (Mateo 3:7; 2 Corintios 7:10). Para que usted pueda estar seguro que podrá ir al cielo a la presencia de Dios el día mismo después de su muerte, lo que tiene que hacer es estar convencido de su pecado, confesarlo ante Dios, pedir perdón, reconocer que Cristo pagó por su culpa, y pedir por fe que Dios lo salve; allí encontrará salvación y Dios mismo se encargará de ayudarlo a cambiar su vida. Un verdadero arrepentimiento siempre nos lleva a una vida plena junto a Dios y a nuestro Salvador.

 

«Padre, gracias por tu Hijo Jesús, Quién murió por mí para salvarme, ahora ayúdame a vivir una vida digna de arrepentimiento»

 

Hechos 3:19

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”

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