2017

Regla de Oro | VIDA CRISTIANA

lucas-6-31-anexo

Regla de Oro.

 

Mateo 7:7-12

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”

 

“No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti” era el pensamiento que desde pequeño escuchaba en mi mente y que no sabía de dónde lo había escuchado. La idea de que cualquier cosa que uno hiciera le sería devuelto de la misma manera era algo que de alguna manera delinea la conducta de algunos.

Jesucristo, utilizando este pensamiento que enseña la reciprocidad de los actos que debemos tener hacia nuestro prójimo nos manifiesta una de las normas que debe existir en el cristiano: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.” (Lucas 6:31).

Pero la enseñanza no apunta únicamente a que debemos actuar con la expectativa de recibir algo similar, sino que debemos hacerlo como si lo estuviéramos haciéndolo a nosotros mismo, es decir: “Tal como tú quisieras ser tratado, condúcete con los demás”, es otra manera de decir la segunda parte del mandamiento que Jesucristo resaltó como el más importante: “Jesús le dijo… amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39).

En ambos pasajes del Evangelio según Mateo, Jesucristo concluye sus enseñanzas indicando que todo lo enseñado por la ley y por los profetas radica en este mandamiento de amar al prójimo (Mateo 7:12; Mateo 22:40).

En Lucas nos dice que debemos amar a nuestros enemigos y que debemos hacer el bien a los que nos aborrecen (Lucas 6:27); debemos bendecir y orar por quienes nos calumnian y nos maldicen (Lucas 6:28); no responder agresivamente ante las ofensas de otros (Lucas 6:29a); y debemos dar generosamente a los otros sin esperar que ellos lo devuelvan (Lucas 6:29b-35). Hablando sobre la oración Jesucristo enseñó que si un padre da lo mejor al hijo, deberíamos hacer lo mismo con nuestro prójimo dando lo mejor de nosotros: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:9-12).

En Mateo el pasaje inicia hablando de que toda persona pide, busca y llama (Mateo 7:7). En algún momento todos nosotros nos hemos encontrado en la necesidad de pedir una ayuda a otra persona y es en ese instante cuando esperamos una respuesta favorable, ¿no es verdad? De la misma manera alguien ha venido a nuestra vida pidiendo, buscando y llamando por una necesidad, ¿cómo hemos respondido ante ese pedido? Si amáramos al prójimo como nos amamos a nosotros mismos la respuesta sería obvia y generosa, porque de la manera que quisiera ser tratado, yo trataría a mi prójimo.

La próxima vez que alguien se acerque a su vida, exprese su generosidad si le es posible, como si lo estuviera haciendo a usted mismo, entonces estaría amando a su prójimo.

 

Mateo 22:39-40

“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

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