2017

Llamado a la obediencia.

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Llamado a la obediencia.

 

Levítico 26:3, 4

Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.”

 

El pueblo de Israel estaba recibiendo las instrucciones de su Libertador. Dios los había sacado de la tierra de Egipto y ahora los estaba preparando para llevarlos a la Tierra Prometida. En ese tiempo el pueblo se encontraba acampando aún en el Monte Sinaí, pero el Señor quería dejar claro la manera como ellos tenían que conducirse durante su vida.

El Libro de Levítico adquiere este nombre cuando la traducción al griego del Antiguo Testamento, la Septuaginta (LXX), fue traducida al latín en la versión de la Vulgata Latina. “Leutikon” es la palabra griega que fue utilizada, misma que quiere decir asunto “de los levitas” (Levítico 25:32, 33). Pero cuando el Libro fue escrito en hebreo adquirió su nombre de la primera palabra con la que inicia el libro (qara˒ קָרָא, H7121) que quiere decir “Y Él llamó”. “Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo.” (Levítico 1:1).

En este libro vemos muchos de los ritos que fueron dados al pueblo, y sobre todo a los levitas, y que serían los que ayudarían al pueblo a conducirse con Dios, especialmente en la adoración y en la restitución de sus pecados.

Básicamente qara˒ significa clamar a viva voz con el fin de llamar la atención. Dios utilizó todo este libro para clamar a viva voz y llamó la atención al pueblo de Israel desde el tabernáculo de reunión para que escuchen detenidamente lo que Él tenía que decirles.

En el capítulo 26, Dios llama la atención a la obediencia de su pueblo. En sus primeros 13 versículos les habla sobre las bendiciones que provendrían de la obediencia (vv. 1-13), mientras que en los restantes 33 versículos del capítulo les habla sobre las consecuencias de la desobediencia (vv. 14-46).

Dios nos sigue llamando a la obediencia. El deseo del Señor es el de otorgar bienestar a sus hijos. Dios es misericordioso, pero también es justo, y siempre obrará con rectitud y santidad. Israel tuvo la oportunidad de caminar en obediencia y ser bendecido todo el tiempo, pero decidió no escuchar al Señor. ¿Cuál es nuestra respuesta al llamado a la obediencia de parte de Dios?

Nuestro Señor, en su amor y sabiduría nos ha otorgado la voluntad para que la ejercitemos. Es nuestra decisión caminar en obediencia, pues Él no nos obligará a caminar en ella. Pero si Su amor es grande, Su santidad y justicia son iguales, y Él no dejará como inocente a quien por voluntad propia no decide obedecer.

Los mandamientos de Dios son preventivos y buenos, nos alejan del mal y nos llevan a una vida buena. Pero si hemos pecado, tenemos a un Dios perdonador dispuesto a darnos una nueva oportunidad y “limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

 

«Padre, gracias por Tus mandamientos, pues ellos son mi bendición; ayúdame a tener un corazón sometido a Tu buena voluntad»

 

1 Juan 1:9

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

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