2017

¿En pos de qué va usted?

Hebreos 11.26 Anexo

Hebreos 11:23-26

“Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

 

Metas, sueños, anhelos, carreras, posiciones, deseos… Todos tenemos un logro que nos impulsa a seguir, y que motiva nuestro esfuerzo. Es algo que nos apasiona y que utiliza mucho de nuestro ser para alcanzarlo.

 

La gran mayoría de estos logros, hacia los cuales vamos en pos, generalmente contienen estatus superiores a los que tenemos, sean estos en lo laboral, académico, familiar o material. Para unos pocos, esos logros tienen que ver con cosas espirituales; y para una menor cantidad de personas, tiene que ver con dejar algo material en pos de algo espiritual. ¿Cuál es su meta? ¿Cuál es su “galardón”? ¿En pos de qué va usted?

 

Si hay alguien quien encaja en ese minúsculo grupo de personas que dejan lo material para ir en pos de lo espiritual, esa persona sería Moisés. Aunque su infancia inició de una manera inusual y peligrosa; dentro de la misericordia de Dios, estaba el deseo del Señor que este bebé saliera de un hogar pobre y sencillo, como el de sus padres hebreos, y llegara a refugiarse y ser cuidado, alimentado, y educado por la misma hija del Faraón (Éx 2:1-10). Pero eso no satisfacía a Moisés, “rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.(He 11:24-26)

 

Nuestro mayor ejemplo de ello siempre será el Señor Jesucristo, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil 2:6-8)

 

Tanto Moisés como Jesucristo tenían una meta espiritual, y aunque requería una perdida material o de estatus, esto no los detuvo para cumplir con el propósito supremo, su llamado y su galardón.

Hebreos 11.26 Color1

No piense usted que tal vez Dios no quiera que tenga que pagar este costo, pues si fuere necesario, eso debemos hacerlo. Usted y yo debemos mirar las cosas de este mundo como algo superficial y pasajero, y tenemos que apreciar las cosas del cielo como algo sublime y eterno. Cuánto esfuerzo ponga usted en las cosas espirituales y eternas determinará en dónde están sus tesoros y sus recompensas (Mt 6:19-21). ¿En dónde está ubicado su “galardón”? ¿Y cuánto esfuerzo está poniendo para conseguirlo?

 

Deténgase hoy a reflexionar en ello, considere cuanto esfuerzo real está poniendo en el galardón eterno, y haga los correctivos necesarios si considera que aún tienen cosas que cambiar para hacer lo que es realmente valioso, y ponga su mirada solo en ello.

 

«Señor, Tú eres digno de mi esfuerzo supremo»

 

Colosenses 3:1, 2

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”

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