Libre su alma de su propia tormenta

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Proverbios 11:17-21
“A su alma hace bien el hombre misericordioso;
Mas el cruel se atormenta a sí mismo.

El impío hace obra falsa;
Mas el que siembra justicia tendrá galardón firme.
Como la justicia conduce a la vida,
Así el que sigue el mal lo hace para su muerte.
Abominación son a Jehová los perversos de corazón;
Mas los perfectos de camino le son agradables.
Tarde o temprano, el malo será castigado;
Mas la descendencia de los justos será librada.”

Si alguna vez ha estado en medio de una tormenta, entiende lo impetuoso que puede ser el viento, lo oscuro que puede ponerse el día y lo peligroso que se pueden poner las amenazas de un desastre. En Estados Unidos se presentan cerca de 1.274 tornados al año en promedio, y aunque muchos de ellos no llegan a afectar a muchas zonas pobladas, los que lo hacen dejan una estela de destrucción en su paso.

¿Imagínese usted lo que una tormenta puede generar en su propia alma?

El odio y el rencor que se genera en una persona sin misericordia puede ser tan impetuoso que puede destruir cualquier buen sentimiento en alguien, llevándolo a oscurecer su alma a causa de deseos y pensamientos malignos, y lo que eso produce en esa persona y en aquellos sobre los que se descarga esa ira puede ser tremendo e irreparable.

La Biblia nos dice que el hombre misericordioso se hace bien a sí mismo, pero el cruel a sí mismo se hace daño.” (Pr. 11:17 LBLA) El deseo del Señor es que todos aprendamos a tener “misericordia” hacia los demás (Os. 6:6; Miq. 6:8; Mt. 9:13). En el pasaje del buen samaritano, aprendemos que el Señor Jesús le pide al “intérprete de la ley” a que haga uso de la misericordia (Lc. 10:37), porque ello refleja el carácter de Dios (Lc. 6:36).


Entonces, cuando hacemos uso de la misericordia, lo que estamos es librándonos de cometer un acto malo, y más bien, expresamos el amor de Dios hacia los demás, esto es lo que Dios anhelo de nosotros, y ello alejará de nosotros la amargura, el odio, el rencor, la venganza.

Y no solo que nos hace bien a nuestra alma, sino que al ser algo que le agrada a Dios, entonces Él obrará con Su misericordia y gracia en nuestro favor (Pr. 11:18b, 20b, 21b; Mt. 5:7).

Pero la tormenta del pecado y las consecuencias de ello llegan a la vida del que obra cruelmente. Podemos ver en una persona que no perdona como su semblante cambia, porque su corazón está infectado de odio y maldad, eso no lo dejará tranquilo, y hará que su mente no descanse porque quiere hacer el mal, y hasta eso, su alma se llena de más odio y venganza. La ira de esa persona puede llegar a ser incontrolable, lo que puede llevarle a más problema, por eso la tormenta llegará hacia sí mismo.

Aprendamos a ser misericordiosos y perdonadores, como nuestro Padre es, eso hará que Su amor se refleje a otros, y de esta manera Él será glorificado, mientras nuestra alma descansa en el mar de la paz, el amor y el perdón con los demás.


«El que no ama y perdona llena su corazón de odio y maldad, trayendo consigo la tormenta de un alma rencorosa, vengativa y despiadada que no encuentra paz»

Ministerio UMCD

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Publicado por Ministerio UMCD | Un Momento Con Dios

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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