Alcanzar para lo que fui «Alcanzado» | VIDA CRISTIANA

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Filipenses 3:12, 14.
«NO QUE LO HAYA ALCANZADO ya, ni que ya sea perfecto; sino que PROSIGO, por ver si logro ASIR (alcanzar) aquello para lo cual fui también ASIDO (alcanzado) POR CRISTO JESÚSPROSIGO A LA META, al premio del supremo llamamiento de Dios en CRISTO JESÚS

Cuando Dios nos alcanzó con su amor por medio de Cristo, tenía en Sus planes hacernos semejantes a Jesucristo. La meta de cada creyente debe ser el llegar a ser igual a Jesús, Quien ha sido el instrumento por el cual Dios nos “ha alcanzado” (“ASIDO”).

Nuestro pecado nos ha separado de Dios desde el mismo instante de nuestro nacimiento (Romanos 3:23; Efesios 2:1). Pero por medio del sacrificio de Su Hijo Jesucristo, Dios nos ha extendido la invitación a acercarnos para que seamos como Su Hijo, “y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo(2 Corintios 5:18).

Si deseas correr esta “carrera cristiana”, debes iniciarla reconciliándote con Dios por medio de la obra reconciliadora de Cristo. Pablo exclamó diciendo: “…os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.(2 Corintios 5:20). Solo ahí podras iniciar la carrera para ser como Cristo.

Como creyentes no llegaremos a la “meta” de ser como Cristo aquí en la tierra, puesto que nuestra naturaleza pecaminosa lo impide. Pero entre más prosigo en la carrera, más cerca estoy de la meta. Sólo podremos ser perfectos cuando estemos en el cielo en Su presencia.

Un atleta, entre más corre, más cerca está de la meta. Su sola determinación es llegar a cruzar la línea final, aunque ello demande esfuerzo constante.

Si Dios ya nos ha “ASIDO” por Cristo, entonces corramos esta carrera con el supremo deseo de ser igual a Aquel que nos ha acercado al Padre.

Filipenses 3:13-14.

“… yo mismo NO PRETENDO HABERLO YA ALCANZADO; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,  PROSIGO A LA META…”

Con Diligencia | En el TRABAJO

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Romanos 12:11.

EN LO QUE REQUIERE DILIGENCIA, NO PEREZOSOS…

En nuestro trabajo una de las cualidades que se requiere más es la diligencia. La palabra diligencia se la puede definir como la “rapidez o cuidado al hacer una cosa”.

La palabra griega para diligencia (“spoude” G4710) significa hacer algo con entusiasmo, con fervor y prontamente. Es realizar nuestro trabajo con eficacia y vehemencia, hacer algo con pasión e ímpetu. No todos tenemos esta vital característica. Algunos somos perezosos, y por ello, negligentes.

La pereza es una de las cualidades negativas que debemos evitar. Este pecado nos puede afectar trayendo malas consecuencias a nosotros mismos y para quienes trabajamos (Proverbios 13:4; 19:24). Demócrito de Abdera dijo que “el que todo lo aplaza no dejará nada concluido ni perfecto”.

Los resultados que pudiéramos obtener en nuestro trabajo irán en función directamente proporcional con nuestro esfuerzo y pasión en nuestra labor.

Un día el Señor Jesucristo hizo mención a estas características en la parábola de los talentos. Refiriéndose al amo de la tierra dijo que éste alabó la diligencia de sus “siervos buenos” (Mateo 25:21, 23), mientras que reprendió fuertemente la negligencia del “siervo malo” (Mateo 25:26-28).

Que nuestro trabajo sea impulsado por nuestra pasión, determinado por el buen deseo de cumplir la tarea, y aligerado por nuestra diligencia.

 

El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas EL ALMA DE LOS DILIGENTES SERÁ PROSPERADA.Proverbios 13:4.

Formado en el vientre de mi Madre | MATRIMONIO Y HOGAR

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Salmos 139:13

“Porque tú formaste mis entrañas; TÚ ME HICISTE en el VIENTRE DE MI MADRE.”

En la obra de Dios para la creación y multiplicación de cada ser humano, la necesidad de una madre es de suprema importancia.

Si Dios hubiere deseado crear a más seres humanos sin la necesidad de un vientre materno habría sido posible, pues fue así como formo al primer hombre y a la primera mujer, Adán y Eva (Génesis 2:7, 21-23). Pero en los planes de Dios ese concepto no estaba contemplado. Al contrario, después de la creación de Eva, Dios daría vida a los nuevos seres humanos a través del vientre de las mujeres.

 

Génesis 4:1 DHH

“El HOMBRE SE UNIÓ CON SU ESPOSA EVA. Ella quedó embarazada y dio a luz a su hijo Caín, y dijo: «Ya tengo un hijo varón. EL SEÑOR ME LO HA DADO.»”

La intención de formar a la familia en esta forma tiene el deseo de darles a los miembros de la familia un sentido de unidad y pertenencia. Cuando Dios formó a la mujer, la formó de la costilla de Adán. Pudo crearla del polvo, pero la formó de la costilla del hombre, para sea “hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Génesis 2:21-23). Cuando Dios creó al tercer ser humano lo hizo a través del vientre de Eva usando también características de Adán, y ha sido así desde entonces hasta hoy.

Los hijos somos una “extensión” de la vida de los padres, y la familia dentro del Plan de Dios tienen el sentido de pertenencia, unidad y relación íntima. De los padres Dios consideró a la mujer para dar forma al nuevo ser en lo íntimo de ella, haciendo de la relación madre – hijos “más cercana”.

Dios nos ha bendecido con la vida por medio de nuestras madres, quienes son el “medio de Dios” para nuestra existencia. Honrar a nuestras madres en su día, es honrar al ser escogido por Dios para que tengamos vida.

¡Dios bendiga a cada una de las Madres en su Día!

Usando cada día nueva vestidura | VIDA CRISTIANA

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Colosenses 3:10, 12-14.

 «y REVESTIDO DEL NUEVO, el cual conforme a la imagen del que lo creó SE VA RENOVANDO hasta el conocimiento pleno… VESTÍOS, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas VESTÍOS DE AMOR, que es el vínculo perfecto.»

Todos podemos decir que disfrutamos mucho cuando podemos adquirir una nueva prenda de vestir y lo podemos usar. Algunos no pueden esperar hasta el nuevo día para usar esa prenda que le fue regalada o que la adquirió. Es una experiencia muy emocionante a la verdad. Esa prenda es nueva y hasta el olor es agradable. ¡Cuánto nos gusta!

La Biblia nos exhorta a “renovar” constantemente también nuestro “vestuario espiritual”, que es nuestro carácter. Dios, por medio de Su obra en nosotros, es Quién va proporcionándonos de este nuevo “yo” para que lo usemos y lo renovemos cada día. ¿Podemos ver este nuevo “yo” en nuestras vidas cada día?

Así como la alegría de vestirnos con nueva ropa nos motiva a “renovar” nuestro ropero, debemos anhelar buscar a Dios cada día para que nos ayude a “renovar” nuestro carácter que debe ser a la imagen de Cristo. Hay un nuevo día cada mañana, y cada día puede traernos la oportunidad de estrenar un nuevo “yo” con la ayuda de Dios.

Si no tienes a Cristo aún en tu vida, no hay posibilidades de este nuevo cambio, sólo Él puede crearlo.

Con Cristo inicia el cambio y sólo junto a Él este cambio es continuo. ¡Pídele a Dios que te ayude a «renovar tu vestuario»!

2 Corintios 5:17
“De modo que si alguno está en Cristo, NUEVA CRIATURA ES; las cosas viejas pasaron; he aquí TODAS SON HECHAS NUEVAS.”

¿Dar lo «más preciado» a Dios? | VIDA CRISTIANA

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Génesis 22:1-3

«Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.»

¿Has estado en un momento en tu vida en donde alguien te pide que entregues lo más preciado que posees o todo lo que tienes?

Curiosa situación que realmente puede sucedernos y en la cual no quisiéramos ni siquiera pensar. Si le pregunto en este momento «¿Qué es lo que más ama o disfruta de su vida?» ¿Cuál sería su respuesta? Puede ser un objeto, una posición en el trabajo, una relación o… como en el caso de Abraham, un miembro de su familia. La siguiente pregunta sería «¿Está usted dispuesto a darlo por amor a Dios?».

Cuando pensamos por un momento, la respuesta inmediata en muchos puede ser «»seguro que lo haría, ¿por no?»». Pero a la verdad ¿lo haríamos?

Dios le dijo a Abraham «Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto» (v.2), eso quiere decir literalmente «ponlo en un altar como sacrificio» por mí.

Me gusta mucho ver la respuesta que Abraham tuvo: «Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.» (v.3)

No se que habrá pensado durante esa noche, pero dice la Biblia que al otro día se levanto y fue. No se cuánta paz tuvo, pero estaba decidido hacer lo que Dios le pidió. No se cómo lidió con Saraí para decirle «»llevo a nuestro hijo a sacrificarlo, así que no me esperes a cenar»». Hay muchas cosas que no sé, pero la Biblia dice que confió en Dios y por ello obedeció.

¿Si Dios nos pidiera algo así para hacer, responderíamos como Abraham?

Hebreos 11:17-19.
«Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.»

Por supuesto que sabemos en que terminó la historia, Dios detuvo a Abraham y proveyó de un cordero para el sacrificio, pero Abraham no lo sabía, solo confiaba y esperaba que sí (Génesis 22:8).

Fe y Obediencia van de la mano. Caminar con Dios requiere esa clase de vida. La confianza de Abraham estaba en saber por certeza que lo que Dios pedía traería una bendición posterior. Ello da confianza. ¿Estamos dispuestos a caminar en las huellas de Abraham? La certeza que Dios nos pide algo para que recibamos algo mejor es lo que crea esa clase de confianza.

Dios ofreció en sacrificio la vida de Su propio Hijo Jesucristo para que muera por nuestros pecados y así darnos una «bendición posterior» mejor, vida eterna por medio de la fe en ese sacrificio (Juan 3:16). Ello hace de Dios alguien digno de nuestra absoluta confianza.

¿Podrías confiar en Dios?

Juan 3:16.
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»

Obedeciendo con corazón sincero | En el TRABAJO

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Colosenses 3:22-24

«“Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”»

Un día en el trabajo recibí una llamada telefónica y me pidieron que hiciera algo en ese instante que requería movilizarme dentro de la ciudad de un extremo al otro para hacer una diligencia. Mi primer pensamiento fue: «¿Y no lo pueden hacer ellos? ¿Por qué tengo que hacerlo este instante? “Ellos podrían hacerlo más rápido pues estaban más cerca que yo; además estoy ocupado”» es lo que se me vino a la mente.

Mi respuesta en mi mente no fue de aceptación con agrado, sino un reproche de inconformidad por lo que me pedían hacer en ese momento, que para mi punto de vista, era inoportuno.

Pero recordando que Dios está en todo lado y que estaba viendo mi reacción me sentí avergonzado al reaccionar de una manera que no le parecía bien a Dios. Supe en ese instante que no estaba obedeciendo con agrado, y que lo que pensaba era no querer obedecer a mis superiores.

Después llegó a mi mente un convencimiento más fuerte: «¿Si hubiera sido Dios mismo Quien me le pidiera, cómo respondería?» Seguro que le hubiera dicho ¡Sí Señor!, o eso creo.

Obedecer a nuestros superiores debería ser algo que se hace con una actitud de servicio que debe implicar un “corazón sincero”. Debe hacerse con respeto y aprecio hacia esa persona en todo momento (“no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres” Col. 3:22). Debe ser algo que lo hacemos “como para el Señor” (Col. 3:23).

Nuestra correcta actitud de servicio y obediencia debe ser una manifestación de amor a Dios y al prójimo buscando beneficiar a todos con mi mejor esfuerzo.

Mateo 22:37, 39-40
“Amarás al Señor tu Dios… y… amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

Dios, la verdadera «fuente» de toda provisión en el Hogar | MATROMONIO Y HOGAR

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Génesis 2:20-22

“Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.”

Podemos imaginarnos a Adán dándole nombres a todos los animales de la creación; tanto grandes como pequeños, aves y reptiles; todos los animales desfilaron ante los ojos de Adán para que les dé un nombre. Ardua tarea. Pero al final Adán se debe haber preguntado: «Está todo muy bien, pero ¿Y mi pareja? ¡yo no la veo!»

La Palabra hebrea “hallar” («masta» H4672 Gn. 2:20) en su idea primaria significa encontrar algo que se ha perdido o extraviado. Pero también puede significar “descubrir” algo. Cuando Adán vio a todos los seres que Dios había creado “descubrió” que no había una pareja “opuesta” (idónea) para él.

Creo poder ver la cara de desconsuelo de Adán sin su pareja, sin su idónea; todos los animales tenían su “opuesto” y él no.

Inmediatamente vemos a Dios obrando, hizo caer en sueño al hombre para crear a la mujer de la costilla de Adán y se la trajo a él (Gn. 2:22). ¡Qué maravilla! tiene que haber dicho Adán al ver por primera vez a la mujer. Debió haber sido una muy bella y gran sorpresa.

¿Qué es lo que Dios estaba enseñando a Adán?

Dios le quería enseñar que el mismo Dios que lo creó, a Adán, sería el mismo Dios que se encargaría de proveer todo lo necesario para una vida completa del hombre. Dios le estaba dando una lección práctica a Adán que Dios sería Quién se encargaría de proveer todo lo que Adán necesite en esta vida, comenzando desde lo más importante, su compañera para toda la vida.

Dios quiere recordarnos con esta lección que es Él Quién se encargará de cubrir nuestras más importantes necesidades, y hasta las sencillas también si realmente lo requerimos. Dios quería que Adán supiera esta verdad para que viva dependiendo completamente de Su Dios creador y proveedor.

La pareja es la más bella provisión que Dios ha dado a cada persona dentro del matrimonio. Honremos ese regalo con amor y cuidado, como también honremos al Dador de tan bello don, al Señor.

Santiago 1:17.
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre…”

Gran Esfuerzo vs Resultado Inesperado | Una mirada a las MISIONES

 

1 Pedro 3:20.

“Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Cuando miramos a las misiones, nuestro primer pensamiento que tenemos es la gran necesidad que existe en el mundo. Jesucristo mismo tuvo compasión “al ver las multitudes… porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mt. 9:36) dándonos así la visión que hay en esta cruda realidad.

Esta necesidad nos lleva a mirar a las misiones como la “gran oportunidad” de llevar maravillosos programas para alcanzar a una gran cantidad de personas en cualquier parte del mundo donde sabemos ciertamente se necesita de Dios y Su evangelio.

Pero, ¿qué pasa cuando el misionero va a servir a Dios, y seguro a donde va se establece y presenta un programa para alcanzar a los necesitados, y los necesitados no responden como se esperaría? ¿Se podría decir que el misionero se equivocó? ¿Podríamos decir que el misionero no está cumpliendo con lo que debe hacer? ¿Diríamos talvez que deberíamos hablar con el misionero para que haga algo diferente o busque otro lugar para hacer la obra?

Todas buenas preguntas, pero ¿Cuál de las preguntas será la adecuada?

Cuando veo el ejemplo de Noé en la Biblia, puedo ver a ese misionero que está en el lugar correcto, en el momento correcto, y haciendo correctamente lo que Dios le pidió que hiciera pero que no tiene “grandes resultados” esperados.

Los que servimos a Dios sabemos que no todo se trata de resultados, sino de hacer a cabalidad la voluntad de nuestro Dios.

Génesis 6:8-9.
“Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová… Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé.”

Noé era un hombre que caminó con Dios. Su relación con el Señor de la Obra era tal, que la Biblia lo exalta en gran forma como un hombre que buscó siempre agradar a Dios. Su obra fue construir un Arca y anunciar el juicio de Dios.

Pensemos en el tamaño del proyecto que Noé recibió de Dios; construir un barco del tamaño de un trasatlántico moderno (“ciento cuarenta metros de largo, veintitrés de ancho y catorce de alto” Gn. 6:15 NVI), más largo que un estadio de fútbol. Suficiente para llamar la atención de la gente y atraerlos a Dios, pero… no, eso no sucedió.

Veamos el tiempo, 120 años anunciando el juicio mientras construía la barca. ¿Qué hay del esfuerzo físico? 120 años en el mismo proyecto sin descanso. ¿Y sobre el costo de tal proyecto, qué diríamos? Madera, brea, y todos los acabados internos y externos; un gran proyecto.

Pero, ¿Y los resultados? Ocho fueron salvas (1 Pe. 3:20). Ahora, ¿Noé hizo algo malo? La Palabra de Dios nos dice que él “hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.” (Gn. 6:22, cc. Gn. 7:5).

¿Fue el resultado inapropiado? ¿Valió la pena el proyecto? ¿Fue sabio invertir tanto para “tan poco”?

La respuesta es sencilla: Las 8 vidas salvas valieron la pena a pesar del tiempo, el esfuerzo y el costo. Si hubiera sido una sola vida, la respuesta hubiera sido la misma, ¡Sí, valió la pena!

La vida eterna de esas personas vale mucho, tanto, que el mismo Cristo murió por ellas; Él pagó con Su vida y sangre por ellos. ¡Sí, valió la pena!

La próxima vez que pienses en misiones, te pido que no mires en los resultados de cuantos han sido alcanzados o el tamaño de la obra; sólo pida a Dios por la persona que está sirviendo, que el misionero esté en el lugar correcto, en el tiempo correcto, y haciendo correctamente lo que Dios le haya pedido que haga.

¡Eso es mirar misiones de una manera diferente!

Si te preguntas si misiones vale la pena, escucharás la respuesta del mismo Señor Jesucristo. ¡Sí, si vale la pena!

Ora por los siervos y misioneros que conozcas para que ellos estén fieles haciendo la voluntad de Dios.

«Gracias a Dios por esas valiosas vidas»