No insistamos, no hay comunión – Parte II

Decisión urgente (7:1b): La decisión que debemos tomar debe ser firme. No podemos ignorar la enseñanza de la Palabra de Dios. Si queremos agradar al Señor tenemos que tomar su llamado urgentemente. Las relaciones con incrédulos nunca van a edificarnos, al contrario, siempre nos llevará al detrimento de nuestra santidad y de nuestra comunión con Él. Apartarse es la única opción sabia y santa que tenemos, y esa decisión debe ser tomada seria y urgentemente. Si queremos disfrutar de las promesas de Dios en Su relación con nosotros, debemos seguir Su voluntad sin titubear.

No insistamos, no hay comunión – Parte I

Mientras estemos en este mundo todos estaremos rodeados de personas que aún no han puesto su fe en Jesucristo. Esta realidad nos pone en una verdad que evidentemente está marcada por una diferencia abismal. Si bien todos somos personas creadas por Dios, y todos somos pecadores, la diferencia se marca en la condición espiritual en la que nos encontramos ambos grupos, y que es completamente distinta.

¿Qué hacer cuando mi esposo/a es no creyente?

El deber del creyente es amar a su pareja, honrarla, orar por ella, y modelar una vida santa (1 P. 3:1-7). Podemos, a pesar de las diferencias espirituales, tener un hogar bueno con la ayuda de Dios, y ahí el creyente debe buscar ser agente transformador. Pero si el no creyente decide por su parte separarse, entonces la posibilidad de esa separación es posible, “pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. (1 Co. 7:15)

Correcciones en las relaciones

Una de las ligaduras más poderosas y destructivas para el creyente son las relaciones con personas no creyentes. Este ha sido un problema muy serio desde los inicios, y aún en el Nuevo Testamento se habla de ello (2 Co. 6:14 – 7:1).