2016

Más destructiva que la necedad | Un rayo de SABIDURÍA

 

proverbios-27-4-anexoMás destructiva que la necedad.

 

Proverbios 27:3-4

“Pesada es la piedra, y la arena pesa;
Mas la ira del necio es más pesada que ambas.
Cruel es la ira, e impetuoso el furor;
Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?

 

En un libro de Charles Swindoll de ilustraciones y citas leía esto: «Shakespeare llamó a la envidia “la enfermedad verde.” Bacon admitió “que no tiene días feriados.” Horacio declaró que “los tiranos nunca han inventado un mayor tormento.” Barrie dijo que “es el más corrosivo de los vicios.” Sheridan se refería a ella en su obra ‘El Crítico’ cuando escribió: “no hay pasión tan fuertemente arraigada en el corazón humano como esta.” Philip Bailey, el elocuente poeta inglés de años idos, vívidamente la describe como “un abrigo [que] sale siseando y candente del infierno.”»

Y continúa: «Y hablando del infierno, nadie ha hecho mejor trabajo para describir la envidia que Dante. En su obra ‘El Purgatorio’… la envidia se sienta como mendigos ciegos contra una pared. Sus párpados están cerrados y cosidos. El simbolismo es apto; mostrando al lector que es uno de los pecados más ciegos; en parte porque es irrazonable, y en parte porque el envidioso está cosido en sí mismo e hinchado con pensamientos venenosos en un mundo oscuro, restringido de casi insoportable angustia autoimpuesta.»

La Biblia nos dice que la ira de una persona necia es grande y pesada, pero que, al compararla con la ira proveniente de la envidia, esta última es más grave (Proverbios 27:3-4). Pocas veces nos detenemos a analizar lo destructivo y perverso de la envidia o el celo. Puede destruir silenciosamente el alma de la persona que lo siente, mientras que puede causar gran daño a segundas y terceras personas cuando dejamos que ésta tome control de nuestros actos y damos rienda suelta a su ira impetuosa y despiadada.

La ira siempre será una reacción secundaria. La envidia conserva la ira presente en la persona, llena el corazón de odio y maldad, mantiene la mente ocupada con este sentimiento maligno y puede conducir a la persona a actuar premeditadamente (Hechos 7:9).

Para evitar que la envidia nos siga haciendo daño lo que debemos hacer es:

  1. Reconocer el pecado y tratarlo como tal, pidiendo perdón a Dios arrepintiéndonos, porque puede conducirnos a más pecados (Santiago 4:2).
  2. Debemos trabajar en el amor a nuestro prójimo ya que el amor no permite la envidia (1 Corintios 13:4).
  3. Ser humildes y no orgulloso, porque la humildad nos ayudará a mirar a los demás como superiores a nosotros y dignos beneficiarios de lo que ellos reciban (Filipenses 2:2-4).
  4. Batallar en contra de los pensamientos de envidia orando inmediatamente para que Dios nos ayude a someterlos a la obediencia (2 Corintios 10:4-5).
  5. Si en algún momento la ira por la envidia nos quiera controlar, alejarnos inmediatamente para no permitir que haga daño.
  6. Desarrollemos una vida espiritual fuerte, para que podamos ser controlados por el Espíritu Santo y no por la carne (Gálatas 5:16-26).

 

¡Una vida libre de envidia es una vida de gran comunión con los demás y con Dios!

 

«Dios, ayúdame amar en humildad a mi prójimo»

 

Gálatas 5:25-26

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”

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