2017

Firmes con el Poder de la Salvación (Armadura de Dios VIII)

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Firmes con el Poder de la Salvación (Armadura de Dios VIII)

 

Efesios 6:13, 17

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. […] Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

 

El “yelmo” o casco es una parte vital en la defensa del soldado; éste resguarda la cabeza y el rostro. En muchos casos el yelmo romano que portaba el soldado de pelotón no poseía el ornamento en la parte superior, pues era distintivo de los oficiales. Actualmente todo soldado que sale a la batalla posee un casco, mismo que protege una de las partes más delicadas del cuerpo cuidando el cerebro, controlador del resto del cuerpo.

En los creyentes la necesidad de un “yelmo” espiritual es igualmente vital. En la mente es donde se juegan muchas las batallas espirituales, ahí donde los pensamientos llegan a invadir la mente del soldado de Cristo, y dónde, si no se protege adecuadamente de malos pensamientos o de falsas enseñanzas, el creyente puede dejarse llevar de ideas contrarias a la Biblia que lo llevarán a limitarse.

La salvación es una de las enseñanzas básicas para todo creyente, y es el inicio para una vida espiritual, para su nuevo nacimiento, para la vida eterna (Juan 3:3-5, 16; 2 Corintios 5:17). Una persona perdida y condenada a causa del pecado halla salvación por medio del mensaje de la Cruz. Cuando esa persona llega a entender que Jesucristo vino a la tierra para pagar por su pecado, y al morir brindarle la oportunidad de hallar perdón, entonces puede acercarse con fe para pedir salvación. Jesucristo mismo dijo que no hay otro “camino” para llegar al cielo, solamente al depositar la fe, la absoluta confianza, en Él como Salvador (Juan 14:6; Juan 3:16-19, 36; Juan 5:24; 1 Juan 5:10-13).

El problema es que hay muchos que enseñan erradamente que la salvación se pierde; dicen que una persona salva puede llegar a perder lo que Dios le ha otorgado por fe. Otros dicen que es el hombre quien obtiene salvación por su propio mérito. Lamentablemente estos falsos maestros utilizan ciertos pasajes mal interpretados de contexto para enseñar incorrectamente y no consideran las otras enseñanzas que van con la salvación y que son pilares fundamentales de esta doctrina bíblica.

Entre algunas de las verdades tenemos que la salvación no es una condición que la obtiene el hombre, pues no es “por obra”, es una “gracia” inmerecida otorgada al hombre por “fe” en Jesús (Gálatas 2:16; Efesios 2:8, 9). La salvación es una declaración judicial hecha por Dios, una transferencia de justicia con Jesucristo, la justicia es atribuida al hombre y la culpa llevada por Cristo (Romanos 3:21-28). En el momento de la salvación el hombre es registrado en el “libro de la vida” (Apocalipsis 21:27); recibe al Espíritu Santo quien es el sello de garantía de la promesa de Dios (Efesios 1:13, 14). La persona que ha creído y ha recibido a Cristo es hecho “hijo de Dios” (Juan 1:11-13); y el mismo Jesucristo dijo que nadie puede arrebatar a un creyente de la mano de Dios (Juan 10:27-30).

El creyente que no ha protegido su mente con estas verdades espirituales vitales puede llegar a dudar de su salvación y comenzar a titubear. En la mente de una persona no segura pueden asentarse pensamientos engañosos, mentiras del padre de la mentira que le llevará a dudar de su salvación, y por lo tanto de su relación con Dios, lo que lo puede atormentar quitándole el gozo. Si bien una persona salva sí llega a pecar, lo que puede perder es el compañerismo con Dios, pero no llega a perder su relación de hijo y su condición de salvo. El pecado nos puede atormentar, pero no es nada que una confesión no vuelva a otorgar consiguiendo perdón (1 Juan 1:9). El pecado le quita la comunión, no la relación (1 Juan 2:1).

Estos falsos pensamientos le pueden afectar seriamente su vida espiritual haciéndole presa de temor, tristeza, aflicción, dudas, inseguridad. Satanás lo sabe bien, y aprovechará cualquier oportunidad para atacarlo. Es por ello que Pablo quería asegurar que el creyente esté tranquilo en su mente y firmes espiritualmente tomando “el yelmo de la salvación”.

 

«Señor Jesús, gracias por Tu obra salvadora que me otorga por fe redención segura y eterna»

 

1 Juan 5:11, 12

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida…”

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