2017

¡Hazme bien!

Salmos 119.17 Anexo

Salmos 119:17-20

Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra.
Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.
Forastero soy yo en la tierra; No encubras de mí tus mandamientos.
Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo.”

 

«Cierta niñita fue a visitar a su tía, que vivía en otra provincia. Un día ésta la encontró llorando.
—¿Qué te pasa, querida? —le preguntó.
—Tengo hambre, nada más —respondió la niña.
—No necesitas pasar hambre en la casa de tu tía —contestó ella.
A los pocos segundos volvió con una taza de leche y pan.
—No tengo hambre de estas cosas —dijo la niña—, sino de oír decir a mamita: “Ven, preciosa, un beso para mamita.”
¡Pobre pequeña nostálgica! Sus oídos estaban acostumbrados a los dulces tonos de la voz de la madre, y ninguna otra cosa la satisfacía.» (Lerín, A – 500 Ilustraciones)

El salmista pedía un bien, uno que sobrepasaba los deseos de muchos, que parecería simple, pero que en sí era más completo que todos. No pedía riquezas, no pedía salud, no pedía familia, no pedía trabajo; solamente tenía dos deseos, mismos que se complementan: La Vida y La Obediencia. “Haz bien a tu siervo; que viva, y que guarde tu palabra.” (Sal 119:17)

Aparentemente el salmista se encontraba fuera de su tierra, por lo que declara que era “forastero” en donde estaba (Sal 119:19). Por el contexto del pasaje se encontraba fuera de casa y rodeado de enemigos que lo acosaban todo el tiempo, anhelaba protección (v. 21-24). Para los que creemos en Jesucristo como nuestro Salvador sabemos que nuestra patria y nuestra eterna morada no es la tierra, sino el cielo (Ro 8:16-18; Fil 3:20). Nos encontramos siempre rodeados de peligros que quieren acabar con nosotros. Pedir protección y BUENA VIDA también es nuestra necesidad.

Pero si el pedir vida era todo entonces no estamos enfocados en nuestra representación como ciudadanos del cielo; vivir, pero con una vida obediente debe ser nuestra meta. Un comentarista, hablando del versículo 18, dijo que “quizás esta sea la SUPREMA ORACIÓN que podía pronunciar un estudioso de las Escrituras por cuanto confiesa la INCAPACIDAD del ESTUDIANTE y la SUFICIENCIA del AUTOR DIVINO, y creo que lo dice muy bien.

Para obedecer a Dios necesitamos tener un compromiso a obedecer (v. 17), una capacidad espiritual dada por Dios para entender Su voluntad (v. 18), y un deseo profundo de escuchar a Dios en “todo tiempo” (v. 20). Una vida de obediencia siempre estará colmada de otras bendiciones.

La niña extrañaba escuchar las palabras suaves de su mamá, el salmista tenía su alma quebrantada por anhelar escuchar las Palabras de su Señor en todo tiempo, ¿Cómo me encuentro yo?

Una vida bajo la protección de Dios y un espíritu obediente es un bien que todos necesitamos implorar.

 

«Dios, dame una buena vida, una que profundamente desee escuchar Tu Palabra para obedecer»

 

Jeremías 15:16

“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.”

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