2018

Ancla para el alma

Hebreos 6.19 Anexo

Hebreos 6:13-19

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo.”

 

El ancla es un objeto de hierro, generalmente en forma de arpón o de anzuelo con las puntas rematadas en ganchos, que va sujeto a una cadena o cabo y se echa desde una embarcación al fondo del mar, de un río o de un lago para asegurar la nave y evitar que esta derive.

 

La salvación del hombre se encuentra asegurada en las promesas de Dios. La Biblia nos dice que Dios “queriendo… mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento” (He 6:17); en otras palabras, para que el hombre pueda sentirse tranquilo que la promesa de la vida eterna mediante la fe en Jesucristo es segura, decidió establecerlo bajo juramento.

 

Existen dos factores ciertísimos que certifican y aseguran la salvación del hombre de la condenación por medio de la fe en Jesús: La Palabra dicha por Dios, y el juramento hecha por el mismo Dios sobre lo que ha dicho (He 6:18).

 

La Palabra de Dios es la verdad absoluta (Jn 17:17). Dios no puede mentir (He 6:18), pues su naturaleza es ser verdad (Jn 14:6). Todo lo que Dios dice es cierto, y lo que expresa en su Palabra es tan incuestionable como el sol sale de día y la oscuridad llega en la noche. No podremos, por más que intentemos, negar o rechazar que la Palabra de Dios es Verdad. En ella, Dios nos expresa que la salvación del hombre es una obra unilateral del Señor. El pago del pecado, el perdón del hombre, y la remisión y justificación del pecador se lo hace únicamente por medio de la obra salvadora de Jesús, este fue el propósito de su nacimiento y el significado de Su Nombre (Mt 1:21).

 

En la única parte donde el hombre interviene para su salvación se halla en el rechazo del ofrecimiento de Dios o en su aceptación. La fe en Jesús es el medio para adquirir el regalo del perdón, la justificación y la vida eterna (Jn 3:16, 36; 5:24; Hch 26:18; Ro 3:22; 5:1; Gá 2:16; Ef 2:8, 9); el hombre, o acepta esta verdad o la rechaza, y eso es lo que lo libra de la condenación o lo mantiene en ella (Jn 3:18), misma en la que se encuentra por su pecado (Ro 3:23; 6:23a).

 

En vista que la Palabra de Dios lo expresa claramente, no debería haber dudas de la certeza de la salvación o la condenación con relación a la fe; Su Palabra lo dice, y así es.

Hebreos 6.19 Color

Pero, para asegurar al hombre de la veracidad de lo dicho, Dios compromete Su Palabra en juramento, no para que el Señor llegue a entrar en compromiso serio, pues ya se comprometió cuando lo dijo, sino para que el hombre pueda asegurar su alma con ese compromiso hecho por Dios, por ello “interpuso juramento”. Es esta esperanza de vida eterna ofrecida por Dios la que, al ser doblemente consolidada, sirve como “segura y firme ancla del alma” (He 6:19).

 

La salvación del hombre halla su certeza en lo que Dios dice, y en Su compromiso de hacerlo. Para que usted pueda asegurarse de ello debe mirar la obra redentora de Cristo por su pecado, y por medio de la fe, creer en Él como su Salvador.

 

«Dios, gracias por asegurarnos sobre nuestra esperanza de salvación, que trae paz a nuestra alma»

 

1 Juan 2:25

“Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.”

 

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