Esperando a través de la “imperfecta paciencia” | VIDA CRISTIANA

Hebreos 6.15

Hebreos 6:12-15

«a fin de que no os hagáis perezosos, sino IMITADORES DE AQUELLOS QUE POR LA FE Y LA PACIENCIA HEREDAN LAS PROMESAS. Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y HABIENDO ESPERADO CON PACIENCIA, ALCANZÓ LA PROMESA

Si sacáramos a este pasaje fuera del contexto y solamente leyéramos estos versículos, pudiéramos decir que realmente Abraham fue paciente y su fe increíblemente grande. Pero cuando leemos en la misma Biblia sobre la vida de Abraham, vemos que no fue literalmente paciente esperando, pero si podemos ver que alcanzó la promesa (Génesis 12 – 25). Abraham en medio de desaciertos e inconvenientes aprendió a ser paciente.

Mirando en otros pasajes sobre la paciencia podemos aprender que esta no es una característica innata del ser humano, sino, una característica aprendida a través de las pruebas.

He escuchado a muchos creyentes decir: «no pida a Dios que le de paciencia, porque lo que le va a dar son pruebas»; y hasta cierto punto es verdad. Santiago en su Carta nos dice que la paciencia es una característica del creyente maduro que se desarrolla a través de las pruebas.

Santiago 1:2-3 (PDT)

Hermanos míos, alégrense cuando tengan que enfrentar diversas dificultades. Ustedes ya saben que así se pone a prueba su fe, y ESO LOS HARÁ MÁS PACIENTES.”

Como la persona que va al supermercado y duda en que línea acercarse a pagar por sus compras, y cuando decide ir a una registradora, ve a la otra avanzar y se pregunta si salirse e ir a la otra línea para pagar pronto. De repente lo hace, se cambia, para darse cuenta que si se hubiera quedado en la primera línea ya hubiese pagado. ¡Qué frustrante!

De la misma manera vivió Abraham, varios momentos de su vida esperaba en Dios, pero las circunstancias hicieron que busque una “salida pronta” a sus necesidades, lo que le llevó a enfrentar un nuevo problema que le ocasionó problemas en su vida y la de su familia. Por la misericordia de Dios, los planes y las promesas del Señor continuaron para la vida de Abraham y llegó a recibirlas. No fue completamente paciente desde el inicio, aprendió (aunque con dificultades) a ser paciente, y por ello recibió lo que Dios le había prometido.

Este ejemplo me enseña la manera de como Dios me ayuda a crecer en mi paciencia, la misma que no es perfecta al inicio, sino que Dios la va desarrollando con las pruebas. Abraham no fue perfectamente paciente, pero en su “imperfecta paciencia” y con la misericordia de Dios aprendió a ser paciente y alcanzó la promesa.

¿Qué es lo que esperas de Dios? ¿Qué es lo que el Señor te ha prometido y que parece no llegar? Espera en Dios, talvez esté desarrollando tu paciencia. ¡¡¡NO TE CAMBIES DE «LÍNEA»!!! Si aprendes a esperar pacientemente con fe, alcanzaras las bendiciones que ha preparado para ti.

“Dime con quién andas…”| En el TRABAJO

Salmos 101.6

Salmos 101:2-7.

«Entenderé el camino de la perfección Cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa.  No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí.  Corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado.  MIS OJOS PONDRÉ EN LOS FIELES DE LA TIERRA, PARA QUE ESTÉN CONMIGO; EL QUE ANDE EN EL CAMINO DE LA PERFECCIÓN, éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos.»

Hace años atrás había una persona que requería un favor muy especial, un equipo de trabajo muy valioso se había dañado y el único lugar para que sea reparado estaba a varios cientos de kilómetros de donde vivía. En un momento decidió hacer una llamada telefónica para solicitar a un amigo suyo el favor que recibiera el equipo dañado que sería enviado por el servicio de entrega y que buscara en la ciudad un lugar donde lo repararan.

Al inicio la tarea parecía fácil y sin complicaciones, hasta que llegó una tercera persona que “motivó” al dador del favor para que hablara con la empresa que iba a reparar el equipo para que le diera un descuento, puesto que el valor de la reparación era muy alto. Claro que el valor que se obtendría por el descuento no sería dado al propietario del equipo, sino repartidos entre los “dos samaritanos”. La empresa aceptó dar dicho descuento, que realmente era muy bueno.

La historia se revertió en contra del amigo “bondadoso”, ya que la empresa que repararía la maquinaria indicó que por varios factores no podrían hacer el trabajo y que devolverían el dinero que ya se había cancelado en adelanto por el trabajo. Triste noticia, dijo el “bondadoso” amigo, ya que tanto él como su cómplice habían malgastado el dinero recibido por el descuento, lo que hizo que él tuviera que pagar por lo recibido indebidamente en su totalidad ya que su cómplice, y provocador del fraude, no devolvería el dinero.

En nuestro trabajo podemos estar rodeados de personas honestas y trabajadoras, al igual que de personas que siempre estarán buscando su propio beneficio a costa de la honestidad y lo justo.

La Biblia nos dice que bienaventurado es el hombre que no anda en consejo de malos ni en camino de pecadores (Salmos 1:1). La persona que debe estar a nuestro lado en el trabajo debe ser alguien que SI nos motive siempre hacer lo correcto, que NO nos aliente hacer algo indebido, y que SI nos desafíe a dar lo mejor.

El diario vivir laboral nos lleva a relacionarnos con personas a nuestro alrededor, y por ende a establecer amistades que serán nuestro vínculo social en el trabajo. Seamos sabios al escoger apropiadamente nuestras amistades. Ya lo dice el refrán: «Dime con quién andas, y te diré quien eres».

Salmos 1:1

BIENAVENTURADO EL VARÓN QUE NO ANDUVO en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.”

El Peligro de la Negligencia | MATRIMONIO Y HOGAR

Papá en cuál camino estamos

1 Samuel 3:11-13.

“Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, POR LA INIQUIDAD QUE ÉL SABE; PORQUE SUS HIJOS HAN BLASFEMADO A DIOS, Y ÉL NO LOS HA ESTORBADO.”

En momentos de crisis familiar, lo que más duele es saber que las cosas que pasan en el hogar son a causa de una falta de responsabilidad. Sea por descuido o sea por negligencia, la falta de decisiones tomadas a tiempo pueden dejar la puerta abierta a un problema en nuestro hogar.

El DESCUIDO es la falta de ATENCIÓN o CUIDADO en el ejercicio de una actividad o responsabilidad. La NEGLIGENCIA es la falta de ESFUERZO al desempeñar una obligación; esta última tiene que ver más con el hecho de saber que hay que hacer algo, pero que deliberadamente no lo hace.

En el caso del sacerdote Elí, fue la negligencia en su responsabilidad como padre la que ocasionó que él y sus hijos fueran castigados por Dios (1 Samuel 4:17-18). El versículo de 1 Samuel 3:13 dice que Elí sabía lo que tenía que hacer, pero que lamentablemente no hizo nada por cambiarlo. No fue descuido, fue negligencia, porque el mismo versículo dice que Elí sabía lo que sus hijos hacían, pero no hizo nada por “estorbarlos”.

Cada uno de los miembros de la familia sabemos que lo que pasa a un miembro siempre afecta a todos. Sea bueno o malo, el producto de las decisiones que uno tome va a traer implicaciones en toda la familia.

La responsabilidad del varón en la casa es el de velar por el buen comportamiento de toda nuestra familia, y eso está claramente expresada en la Biblia. Son los varones primariamente los que debemos trabajar con esfuerzo y valor para evitar que cualquier hecho negativo afecte a nuestro matrimonio y hogar, obviamente recordando al final que todos somos responsables ante Dios de cada uno de nuestros actos (Ezequiel 18:4).

Si bien, no podemos evitar por completo que el pecado afecte a los miembros de nuestra familia porque todos podemos pecar; si debemos recordar que son los varones los responsables ante Dios de la vida espiritual del hogar. Si nuestro trabajo no ha sido hecho con responsabilidad, Dios nos juzgará por nuestra negligencia al no “haber estorbado” a los miembros de nuestra familia.

Vivimos en un cuerpo pecaminoso en medio de un mundo pecaminoso (Romanos 5:12); pero también estamos ante un enemigo que va querer destruir nuestra familia a cada momento (1 Pedro 5:8). Las posibilidades de fallarle a Dios siempre van a estar presentes, es por eso que los padres no debemos ser negligentes en la manera de como velamos por la vida espiritual de nuestro hogar. Si no nos esforzamos, tarde o temprano, las consecuencias nos afectarán.

«No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino» (Confucio)

Hasta los mares se sosiegan | VIDA CRISTIANA

Salmos 89.8-9

Salmos 89:8-9.

“Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? PODEROSO ERES, Jehová, Y tu fidelidad te rodea. TÚ TIENES DOMINIO SOBRE LA BRAVEZA DEL MAR; Cuando se levantan sus ondas, TÚ LAS SOSIEGAS.”

La vista del mar a su orilla cuando éste está tranquilo es maravilloso; uno puede disfrutar del constante romper de las olas intercambiarse con el sonido de las aves, dando un fondo musical maravilloso, mientras se disfruta de una brisa fresca y tenue de un atardecer.

Otra historia es ver al mar embravecido a causa de una marea agitada, y mucho más por causa de una tormenta. El poder de las tormentas marinas es tan fuerte que puede destrozar casas y edificios, hundir barcos, y crear gran destrucción a todo lo que se interponga en su paso.

En la vida de los discípulos hubo un par de tormentas mientras navegaban en el Mar de Galilea. Era tan escalofriante el momento que los discípulos en una ocasión clamaron al Señor que descansaba pacíficamente en el interior del barco (Mateo 8:23-27). La segunda vez estaban atemorizados y cansados de estar remando; vieron a su Jesús caminar sobre las aguas y Pedro pide que le permita caminar sobre las aguas, pero la tormenta atrapó a Pedro en el temor (Mateo 14:22-33). En ambas historias los discípulos dejaron que las circunstancias afectaran su temor, olvidaron recordar que era Dios Quien podía controlar la más fuerte ola de tal “destructora tormenta”.

Ahora que leo estos relatos del Nuevo Testamento me pregunto si alguna vez ellos habrían leído o escuchado el Salmo 89; talvez esos versículos grabados en sus corazones habrían cambiado la manera de como los discípulos enfrentaron las tormentas.

En mi vida, muchas veces he enfrentado tormentas devastadoras. Muchos de esos momentos mi primera reacción fue de gran temor y ansiedad. Unas pocas veces reaccioné con tranquilidad y confianza en Dios. Soy como los discípulos, aunque haya escuchado muchas veces la Palabra de Dios sobre su fidelidad y poder, mi primera reacción no es el recordar que Dios es mi protección y amparo, mi reacción es ver el tamaño de la ola y calcular humanamente el tamaño de su destrucción.

Nuestra franca humanidad dispara el sistema de alerta de emergencia, mientras que nuestra fe puede apagar esa alerta y traer paz en medio de la tormenta.

Cuando en nuestras “tormentas” venga la pregunta de los discípulos a nuestra mente: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mateo 8:27) ojalá que podamos decir con confianza y adoración que verdaderamente estamos ante el “Hijo de Dios” (Mateo 14:33).

Mateo 8:26

“Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y SE HIZO GRAN BONANZA.”

No importa en el lado que estás | Una mirada a las MISIONES

Hebreos 6.10

Hebreos 6:10

“Porque DIOS NO ES INJUSTO PARA OLVIDAR VUESTRA OBRA Y EL TRABAJO DE AMOR que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.”

Cuando hablamos de Misiones siempre recordamos el trabajo inmenso que los misioneros realizan alrededor del mundo para llevar con amor y fidelidad la verdad del evangelio a aquellos que no lo han escuchado y que necesitan oír que existe un Salvador para sus pecados, el Señor Jesucristo.

Ese esfuerzo dado por los misioneros siempre es digno de reconocimiento y admiración. Personalmente, fue a través de un misionero, Jaime Smith (J.S.), que llegué a escuchar de la posibilidad que tenía de recibir el perdón de mis pecados y la liberación del castigo eterno si ponía mi fe en la muerte sustitutoria y la resurrección poderosa de Jesucristo (1 Corintios 15:1-4). Siempre daré gracias a Dios por haber llevado a J.S. a mi país para poder ser ahora un hijo redimido por fe.

Pero poco meditamos en el amor y el sacrificio, tanto material como espiritual, que muchas personas han tenido durante todas estas décadas de ministerio de J.S. Ese valioso apoyo económico, moral, y espiritual es eternamente importante en las misiones. Esos hermanos y hermanas en Cristo que fielmente, y durante todos estos años, han hecho posible que J.S. haya servido en mi país y aún más allá, son merecedores de nuestro reconocimiento.

El versículo de hoy hace referencia al “TRABAJO DE AMOR” de cada creyente cuando participa activamente en la Obra de Dios sirviendo a los santos en las misiones.

Primeramente, este “TRABAJO DE AMOR” es motivado por el amor que los creyentes tienen hacia el Señor (“… que habéis mostrado hacia su nombre…”). Es el sincero amor a Dios que los motiva a servir a “los santos”. Un creyente comprometido con Dios siempre estará comprometido con la Obra de Dios y con los que participan de ella.

Segundo, este “TRABAJO DE AMOR” está enfocado hacia los creyentes sirviéndoles con fidelidad (“… habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún…”). En Misiones, sin ese servicio “espiritual y material” que fielmente los hermanos de las iglesias locales dan a los misioneros, no fuera posible llevar el evangelio al mundo.

Tercero, este “TRABAJO DE AMOR” llega a tocar y a beneficiar a todos los nuevos creyentes, que por medio de la obra misionera llegan a convertirse en nuevos “santos” al creer e invocar el nombre de Cristo (“…a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” 1 Corintios 1:2). Es ahí donde el cuadro se completa. Tanto el misionero, como quienes apoyan la obra misionera, son participantes del “TRABAJO DE AMOR” en beneficio de los “nuevos santos” en todo el mundo.

Dios no es injusto para olvidar este “TRABAJO DE AMOR”. No importan en qué lado que se esté, sea de los que envían o de los que son enviados, Dios sabe muy bien del trabajo que cada uno cumple en Su Plan divino para alcanzar a los nuevos creyentes.

No importa de qué lado estás en la participación de la Obra Misionera, todos ustedes son dignos de nuestro reconocimiento; y como dirían en mi país: … «“QUE DIOS SE LO PAGUE”»

Tiempo, un recurso no renovable | En el TRABAJO

Efesios 5.15-16

Efesios 5:15, 16.

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, APROVECHANDO BIEN EL TIEMPO, porque los días son malos.”

En la puerta de entrada de la iglesia observé un letrero que anunciaba una actividad para los jóvenes; esta actividad tenía como tema: “1 Vida” (“1 Life” en inglés). Mientras leía este anuncio me detuve a pensar cuan profunda es esta corta frase. Refleja una gran verdad que nos lleva a meditar cuan corta es la vida, pero al mismo tiempo lo valiosa que es, puesto que solo existe una oportunidad para vivirla correctamente… No hay dos, no hay tres, no hay cuatro a más oportunidades… Sólo existe una vida, y si la fallamos, la perdemos.

El versículo 16 habla de “aprovechar bien el tiempo”, mientras que en Colosenses 4:5 habla de “redimir el tiempo”. Ambos versículos utilizan la misma palabra griega:exagorazo” G1805. Esta palabra tiene un contexto mercantil de comprar o redimir; y enfatiza la acción de comprar algo para liberarlo (como comprar un esclavo para darle libertad). Es exactamente lo que Cristo hizo cuando nos compró del dominio del pecado y la condenación pagando con Su sangre para redimirnos.

Cuando Pablo utiliza la palabra “exagorazo” en el pasaje de hoy, creo que nos está diciendo que debemos redimir nuestro tiempo de la posibilidad de perderlo por cosas vanas y nunca más recuperarlo.

En nuestro trabajo solamente tenemos diariamente 8 horas, 40 horas semanales, y cerca de 20.000 horas al año para trabajar; y aunque parezcan muchas, la verdad es que muchos de nosotros dejamos trabajos inconclusos o permitimos que estos se acumulen más y más tarea por mal uso del tiempo. Entonces nos damos cuenta que no tenemos suficiente tiempo como creíamos.

El tiempo es un recurso no renovable, si no lo supimos aprovechar no lo vamos a recuperar. Yo no puedo guardar, acumular, o volver a crear tiempo. Tampoco puedo cambiarlo con alguien, y mucho menos comprarlo. Si no lo aproveché, definitivamente lo perdí.

Redimir el tiempo” no tiene la idea de adquirir más horas por medio de una transacción, pues no lo podemos recuperar. “Redimir el tiempo” tiene el concepto de liberar los minutos que tenemos de la posibilidad de perderlos en el “se fue y no volvió” de la vida. Lleva la idea de aprovechar eficientemente cada minuto que tenemos para evitar dejarlos ir para siempre.

Un proverbio popular dice sabiamente: «No dejes para mañana lo que puedes hacer ahora». La verdad es que el mañana es incierto, y no sabemos si tendremos tiempo suficiente para hacer algo después.

En el trabajo no dejes el tiempo pasar. Las oportunidades y minutos para hacer nuestras tareas son preciosos como para dejarlos ir. Redime el tiempo, trabaja con ahínco, no dejes que el “tren del tiempo” se lleve los minutos que tienes, y así tu trabajo será siempre apreciado. “Una Vida”, un tiempo no renovable, no lo desperdicies, aprovéchalo sabiamente… “porque los días son malos” (Efesios 5:16).

Proverbios 27:1

No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día.”

El valor de los Padres Piadosos | MATRIMONIO Y HOGAR

Job 1.2

Job 1:1-2, 4-5.

“Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y ERA ESTE HOMBRE PERFECTO Y RECTO, TEMEROSO DE DIOS Y APARTADO DEL MAL. Y le nacieron siete hijos y tres hijas… E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.”

En nuestra sociedad se aprecia mucho el valor de padres que sobresalen por cualidades como: Su cuidado emocional o material de la familia; el nivel socio económico que ellos pueden brindar; su trabajo o relevancia en lo laboral; etc. Muchas pueden ser las cualidades que harán resaltar el valor de los padres, mismas que son dignas de reconocer.

Lamentablemente poco se escucha reconocer del valor piadoso de los padres. Los hijos, en una mayoría, no consideramos el valor que tiene el área espiritual que nuestros padres deben tener; y los padres, ubican el área espiritual en un plano secundario. La Biblia por su parte hace lo contrario, siempre resaltará primeramente el valor espiritual de los padres, porque de ello dependerá la manera como los padres se relacionarán dentro del hogar.

Job es resaltado en su vida por ese carácter piadoso. Lo primero que se menciona del carácter de Job es su vida espiritual. Dice la Biblia que era un “hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (v. 2), vaya descripción que esta sería en un padre de hoy.

Si yo hubiese sido hijo de Job, no creo que hubiere dicho primero: «Saben, nuestro padre tiene tal o cual trabajo; o él nos llevó a pasear a tal lugar o al cine». Yo creo que la más adecuada descripción que hubiera dado de él fuera: «Mi papá nos cuida mucho y nuestra familia es muy feliz; tanto que hasta compartimos todo el tiempo con felicidad y gran amor. Esto lo debemos a que mi papá ama a Dios con toda su vida y cada día por la mañana está orando por nosotros y vive intercediendo por nuestras vidas. Papá Job además nos lleva todos los domingos a la iglesia y así nosotros también aprendemos de Dios y Su Palabra. Por cierto, con papá leemos la Biblia todos los días y nos corrige con amor cuando hacemos mal. Que padre tan piadoso tenemos, y estamos muy agradecidos a Dios por él. Esa, creemos, es la razón por la que Dios nos bendice tanto.»

La verdad es que cada uno de nosotros valoramos a nuestros padres por múltiples razones, y todas ellas pueden ser muy valiosas si son buenas y dignas de reconocimiento; pero si hay algo que debemos reconocer de nuestros padres con gran aprecio, debería ser su vida espiritual.

Para que una familia tenga una vida equilibrada y bendecida necesita velar por estas tres áreas: 1. Espiritual, 2. Emocional, y 3. Material; y en ese orden de prioridad.

Mateo 6:33.

“Mas BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, y todas estas cosas os serán añadidas.”

Una fe que honra a Dios | VIDA CRISTIANA

Romanos 4.20

Romanos 4:18-21 (PDT)

“Dios le dijo a Abraham: «Tendrás muchos descendientes». Y, contra toda esperanza, creyó a Dios. Por eso fue padre de muchas naciones. Abraham tenía alrededor de cien años, no estaba en edad de tener hijos, y su esposa Sara era estéril. Abraham sabía todo esto, pero su fe no se debilitó. MANTUVO FIRME SU FE en la promesa de Dios sin dudar jamás. Cada día SU FE SE HACÍA MÁS FUERTE, y ASÍ ÉL DABA HONRA A DIOS. Abraham estaba seguro de que Dios sería capaz de cumplir su promesa.”

En este pasaje podemos ver unas de las características espirituales de la vida de Abraham: «su FE». Es muy cierto que la fe de Abraham y su obediencia no fueron completamente perfectas ante Dios todo el tiempo, pero podemos decir con certeza que su vida fue un proceso de constante crecimiento espiritual, y por ende su fe y obediencia fueron creciendo hasta el punto de ser reconocido en el libro a los Hebreos.

Hebreos 11:17-19

POR LA FE ABRAHAM, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.”

Obviamente Abraham no comenzó correctamente, tuvo varios desaciertos en su vida que lo llevó inclusive a tener un hijo con su sierva (Génesis 16), y su esposa Sara fue librada por Dios de “estar con otro hombre” (Génesis 12 y 20).

Nuestra vida espiritual es similar, no siempre comenzamos nuestra “jornada” con buenos pasos. Nuestra inmadurez de carácter y nuestra falta de fe y confianza en Dios nos llevan a actuar erróneamente. Fallamos, caemos, nos levantamos y seguimos. Dudamos, sufrimos, nos estresamos y confiamos. Es un proceso de altos y bajos. Pero mientras vayamos avanzamos y aprendemos a confiar en Dios, nuestra vida irá cambiando; lo que hacemos, decimos o pensamos estarán siendo afectadas positivamente a medida que vamos creciendo al carácter de Cristo. (1 Corintios 13:11)

Los cambios son posibles, pero requerirá de nuestra diaria decisión de seguir a Dios y buscar Su ayuda para nuestro proceso transformador.

La Fe de Abraham trajo consigo no solamente un cambio radical y positivo en su vida, sino que con ello también trajo gloria hacia Dios: “…Cada día SU FE SE HACÍA MÁS FUERTE, y ASÍ ÉL DABA HONRA A DIOS.” (Romanos 4:20 PDT). Nuestra vida irá trayendo gloria a Dios a medida que vaya creciendo en fe.

Recuerde: «Aun NO somos lo que llegaremos a ser en el futuro, pero ya NO deberíamos ser lo que fuimos en el pasado»

2 Tesalonicenses 3:3

“Pero fiel es el Señor, QUE OS AFIRMARÁ y guardará del mal.”