2017

El cielo es nuestro “fortísimo consuelo”

Hebreos 6.18 Anexo

Hebreos 6:16-20

“Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”

 

Guerras, desastres naturales, problemas financieros, enfermedades, pruebas familiares y personales, persecución, inseguridad social, problemas políticos en las naciones, accidentes, muerte, etc.; son tantas las maneras como en el mundo nos podemos encontrar inmersos en la desesperación, el desconsuelo, la preocupación. Parecería que no hay descanso para el alma del hombre. Siempre estaremos necesitados de consuelo.

Como personas expuestas a tanto infortunio, la necesidad de descansar es gigante. El mundo siempre nos presentará algún problema que requerirá consuelo, ¿dónde encontrarlo?

Jesucristo nos prometió que estaremos siempre ministrados por la presencia del Espíritu Santo para hallar consuelo (Jn 16:6, 7). Pero también nos dejó la seguridad de un destino eterno junto a Él “en la casa” del Padre, por lo que nos dijo que no debe turbarse nuestro corazón. (Jn 14:1, 2).

Los problemas en la tierra son problemas temporales, nada de lo que sucede aquí en la tierra es eterno. Ni una separación por una muerte o un divorcio, ni una enfermedad incurable, ni una dictadura de décadas, ni una incapacidad física permanente; ninguna de estas cosas son eternas, son temporales. Después de la muerte viene una eternidad en la presencia misma de Dios, prometida por Él y asegurada en Él y en Su Palabra (He 6:13-17). Su promesa de la vida eterna en el cielo es basada en nuestra fe en Cristo (1 Jn 5:9-13).

Basando nuestra eternidad en la fe en Cristo podemos enfrentar lo que nos acontece como algo temporal, y es esa seguridad de algo bueno al final lo que nos trae un “fortísimo consuelo”, anclando nuestra alma de forma segura y firme (He 6:18, 19).

Un día todo llanto, dolor, temor, preocupación, angustia, separación, etc., será consolado por el mismo Señor en Su misma presencia (Ap 21:4); mientras tanto veamos lo que enfrentamos como algo temporal que el mismo Señor ha permitido para ayudarnos a crecer, y que “ni la muerte… ni lo presente, ni lo provenir… podrá separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Ro 8:38, 39)

Pensar en el futuro eterno junto a Dios brinda “fortísimo consuelo” al alma atribulada.

 

«Dios, el sólo pensar que estaré ante Tu misma presencia consuela mi turbada alma»

 

Apocalipsis 21:4

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.”

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