2017

“Como dijo” (NUESTRA PASCUA VI)

Mateo 28.6 Anexo

Mateo 28:1-2, 4-6

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. […] Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.”

 

Jesucristo había muerto en la cruz, antes de que anochezca José de Arimatea fue a Pilato para que le entregara el cuerpo del Señor y así pudiera sepultarlo; envolviéndolo en una sábana puso el cuerpo en la tumba, hizo “rodar una gran piedra” y “se fue” (Mt 27:57-60). María Magdalena y la otra María miraron donde colocaban al Señor (v. 61).

Los sacerdotes y fariseos quisieron evitar algún alboroto mayor del pueblo, por lo que pidieron al gobernador romano que asegurara el sepulcro hasta el tercer día para evitar que los discípulos vengan de noche y hurten el cuerpo y después digan que Cristo había resucitado. Pilato, aceptando el pedido, les da una guardia de por lo menos 4 soldados para que cuiden el sepulcro y pusieran un sello sobre la piedra (Mt 27:62-66).

Cuando las mujeres llegaban al sepulcro el primer día de la semana hubo un gran terremoto que sacudió la tierra; el ángel remueve la piedra y los espectadores contemplan que el cuerpo de Cristo ya no estaba allí, había resucitado, “como dijo” nuestro Señor, explica el ángel (Mt 28:6).

Tanto el ángel, María Magdalena, la otra María, los discípulos, y muchos sabían que Jesucristo había dicho que resucitaría, esto no debía sorprenderlos, era el cumplimiento de Su Palabra (Mt 16.21; Mr 10.33–34; Lc 18.31–33). Aunque los sacerdotes no lo creyeron, si habían entendido lo que el mismo Señor les había dicho (Mt 12:40; 16:4). No fue coincidencia, era un hecho real proclamado mucho antes de que sucediera.

Jesucristo ciertamente resucitó tal cual Él dijo, pero el Señor también ha proclamado varias promesas para el futuro de quienes creen en Él, y que, aunque no se hayan cumplido aún, ciertamente sucederán. Prometió que tendrá preparada una morada para los creyentes (Jn 14:2, 3); prometió que vendrá por segunda vez a llevar a los creyentes para librarlos de la gran tribulación (Mt 24:44-46); prometió que estaremos en Su reino (Mt 25:34); y además prometió que, por nuestra fe, los que creamos en Él, seremos resucitados tal cual Él lo hizo y que no moriremos eternamente (Jn 11:25, 26).

Si la promesa de Cristo de resucitar a los creyentes no fuera cierta, entonces, como lo dice Pablo, fuéramos “dignos de conmiseración” (1 Co 15:12-19); pero gloria a Dios que nuestro Salvador vive, y que resucitó tal cual Él dijo, y si ello cumplió, de seguro Sus promesas de nuestra resurrección y vida eterna son ciertísimas también.

Si usted quiere estar seguro que un día resucitará para pasar la eternidad en el cielo junto al Señor, lo que debe hacer es creer en Él en su corazón, confesar su condición de pecado, pedir perdón, y declarar con fe que Jesús murió por sus pecados para salvarlo y que también resucitó (Ro 10:9-10).

 

«Señor Jesucristo, Tú moriste por mis pecados, pero también resucitaste para mi esperanza, sólo Tú eres mi Salvador»

 

1 Corintios 6:14

“Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.”

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