La hermosura de la “locura”

La familia de Jesús, y los escribas que vinieron a ver a Jesucristo no llegaban a ver la manifestación poderosa de Dios en el ministerio del Señor porque estaban muertos espiritualmente, y, por tanto, ciegos a la realidad del Verbo de Dios.

Motivados por la comprensión

El poder comprender todo lo que representa el ser llamados, el ser establecidos, y el ser impartidos con Su autoridad solamente nos lleva a una acción: “Responder favorablemente con motivación”.

Demanda un esfuerzo

¿Qué tanto hacemos para seguir a Dios? ¿Bajo qué estándar medimos nuestra adoración al Señor, bajo el nuestro, o bajo la voluntad de Él?

El mal del endurecimiento de corazón

Muchos tenemos la tendencia a enojarnos más ante la dureza del hombre, y poco a entristecernos por su condición. Ambos sentimientos deberían estar presentes. Si expresamos más molestia que tristeza, entonces nuestro corazón está endurecido por nuestra falta de perdón y compasión.

El destructivo legalismo

Francisco Lacueva nos dice que «el legalismo es es un sistema ético que hace de la ley la norma de la conducta moral del cristiano, y cuya observancia lleva a la salvación»; por tanto, el legalismo aleja del sentido mismo de la salvación por fe, demandando obra.

Requerimos comenzar de nuevo

Las enseñanzas bíblicas no caben fácilmente en la mente de personas que quieren añadirlas en sus vidas cuando están llenos de religiosidad o falsa enseñanza, necesitamos abrir nuestro corazón y permitir que Dios edifique nuestra vida con verdades eternas, pero para ello requerimos estar dispuestos a ser enseñados desde el inicio. (Marcos 2:18-22)

Sólo le siguen los ‘pecadores’

Muchos buscamos a Dios para que nos ayude a solucionar problemas físicos o materiales, cuando muchas veces nuestra mayor necesidad es la espiritual, y Dios muy bien lo sabe. (Marcos 2:1-12)

Hay más que un problema físico

Muchos buscamos a Dios para que nos ayude a solucionar problemas físicos o materiales, cuando muchas veces nuestra mayor necesidad es la espiritual, y Dios muy bien lo sabe. (Marcos 2:1-12)