Santidad

Serie: Cápsulas de esperanza


Quiero invitarte a reflexionar: ¿Cómo está andando este corazón de joven que Dios nos ha dado? ¿Está andando en santidad? O ¿simplemente se está dejando llevar por lo que el mundo nos ofrece? Y no estamos hablando de un corazón perfecto, de un corazón que no tiene fallas.

Si nos acercamos a Dios y le pedimos que nos limpie nuestros pecados vamos a anhelar vivir una vida con un corazón en santidad, un corazón santo ante los ojos de Dios, un corazón que solo puede llegar a tener esta santidad mediante la guía del Espíritu Santo.

Romanos 12:2

El versículo se refiere a que no nos dejemos amoldar por este mundo, por lo que el mundo nos ofrece, por lo que Satanás nos ofrece. Si queremos llevar una vida en santidad debemos alejarnos del pecado y no permitir que estas cosas entren a nuestra mente, sino que nuestra mente vaya siendo transformada, vaya siendo cambiada, vaya dando pasitos, para llegar a entender lo que Dios quiere para nuestra vida y para llegar cada vez a parecernos más a Jesucristo.

2 Corintios 7:1

Debemos limpiarnos de todas esas manchas, despojémonos de todas esas cargas y dejémoselas a los pies de Cristo. Sólo Él puede salvarnos, sólo él puede limpiarnos.

Mantengamos nuestra vida en santidad, en dirección a Dios, quien nos limpia de todo lo que nos impide acercarnos a Él. Desechemos todo pecado, todo lo que aparenta ser pecado, e incluso todo lo que lo que puede parecer bueno pero que en realidad me quita mi tiempo, me quita mi vida, me quita mis recursos para poder agradar a Dios. Todo eso que me aleja de Dios lo voy a quitar y solo voy a enfocarme en seguir a Dios en santidad.


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Cuatro motivaciones para vencer la pereza

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Proverbios 6:6-11

“Ve a la hormiga, oh perezoso,
Mira sus caminos, y sé sabio;

La cual no teniendo capitán,
Ni gobernador, ni señor,
Prepara en el verano su comida,
Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.

Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
Un poco de sueño, un poco de dormitar,
Y cruzar por un poco las manos para reposo;
Así vendrá tu necesidad como caminante,
Y tu pobreza como hombre armado.”

El pecado de la pereza es considerado uno de los siete pecados por algunos, pero que en el contexto bíblico sí es condenado y considerado como un comportamiento humano inapropiado (Ro. 12:11; 2 Ts. 3:6-11; He. 6:12).

La pereza no solamente es la falta de ganas de trabajar o de hacer cosas, sino que también se le considera la debilidad o la lentitud en las acciones o movimientos; y este comportamiento, como nos muestra la Biblia, solamente trae pérdida financiera o la falta de consecución de metas en las personas.


¿Pero cómo vencer la pereza siendo un mal que afecta a muchas personas? El pasaje de hoy nos muestra cuatro principios que pueden ser muy buenos motivadores de cambio.

  1. Si quiere ser una persona sabia entonces no sea perezoso. (v. 6)

Si usted quiere ser sabio, debe entender que la pereza es un defecto que no puede controlar su vida, porque la pereza le va a llevar a la pérdida, y aunque en el momento de pensar si actuamos o no, la tendencia del perezoso es el de no hacer nada, el recordar que esa inactividad no es obrar con sabiduría nos motiva mentalmente a dejar este defecto porque comprendemos que no es bueno. El sabio entiende que la mejor opción no es la pereza, al contrario, es la peor decisión que se puede tomar.

  1. Si realmente quiere tomar control sobre su vida no deje que la pereza lo gobierne (v. 7-8)

A nadie le gusta que le controlen, pero, aunque creemos que al “tomar la decisión de no hacer nada” es controlar nuestra vida, porque soy yo quien lo decide, sin darnos cuenta estamos dejando que un mal comportamiento nos mantenga esclavizados en una vida para nada provechosa. Usted debe controlar su vida teniendo iniciativa propia venciendo la pereza.

  1. Si quiere tener un buen futuro no deje que la pereza edifique su pobreza. (v. 8, 11)

Así como la hormiga “prepara en el verano su comida”, nosotros al trabajar estamos edificando un futuro venturoso en donde los ahorros de una vida de trabajo nos pueden traer placer para nuestro retiro, o brindarnos posibilidades de subsistir apropiadamente si llega a escasear el dinero por algún inconveniente en nuestra vida. Si trabaja sabiamente y comienza a ahorrar estará asegurando que su futuro no tenga limitaciones o escasez.

  1. Si solo cree que el dormir es tener pereza, la falta de acción estando despierto también lo es. (v. 9-10)

Muchas veces creemos que la pereza es solo tener mucho sueño, pero la verdad es que es la falta de acción y motivación lo que nos hace perezosos. Una persona que no quiere hacer nada, aún el no quererse levantar para abrir una puerta, está manifestando que deja que la pereza lo controle, lo cual es un síntoma que considerar (Pr. 26:14-15). Recordemos que hay varias formas de reconocer la pereza en nosotros: La negligencia, el dormir, la flojedad de manos, la ociosidad (hacer cosas malas en vez de cosas de provecho), etc., también son manifestaciones de la pereza (Pr. 18:9; Ecl. 10:18; 2 Ts. 3:11).

La pereza es la madre de la pobreza y escasez, y si es eso lo que desea, entonces ya sabe que hacer; pero si quiere realmente un futuro próspero y tener una vida de provecho no permita que la pereza se enseñoree en usted.

«La pereza edifica nuestra desventura y pobreza, y el sabio sabe que esa no es la manera prudente de vivir»

Ministerio UMCD

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¿Cómo evitar problemas por ayudar a otros?

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Proverbios 6:1-5

“Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo,
Si has empeñado tu palabra a un extraño,

Te has enlazado con las palabras de tu boca,
Y has quedado preso en los dichos de tus labios.

Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
Ya que has caído en la mano de tu prójimo;
Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.
No des sueño a tus ojos,
Ni a tus párpados adormecimiento;
Escápate como gacela de la mano del cazador,
Y como ave de la mano del que arma lazos.”

El ayudar a los necesitados es uno de los mandatos del Señor (Hch. 20:35; Comp. Ro. 12:13; Gá. 2:10), sobre todo cuando se trata de ayudar a nuestros seres amados o a “la familia de la fe” (Gá. 6:10). Y muchas veces habrá la necesidad de dar nuestra palabra o de servir de garante ante alguien más para poder brindar esa ayuda, lo cual es muy loable.

Pero el problema podría venir cuando damos la palabra o servimos de garantes por alguien y exista la posibilidad de que la persona a quien ayudamos pueda no cumplir con su parte del acuerdo, dejándonos a nosotros en riesgo de tener que cumplir con el acuerdo personalmente asumiendo nosotros las pérdidas o las consecuencias, es ahí donde el brindar la ayuda no es de sabios.

Lo incierto del futuro siempre nos deja en la posibilidad de encontrar algo que no buscábamos, y con eso alcanzar pérdida.


El sabio Autor nos recuerda que dar nuestra palabra de compromiso en nombre de otros podría traernos perjuicio, por lo que nos anima a asegurarnos en la seriedad y la posibilidad de que la persona a quien deseamos ayudar tenga la disposición y la posibilidad de cumplir con el compromiso del cual uno va a ser garante.

Muchas veces se observa que la persona que busca de la ayuda de otros lamentablemente por muchos factores no cumple lo acordado, dejando el daño sobre los hombros de quien ayuda.

Muchos podríamos caer en el problema porque, motivados por el orgullo y no querer pasar por la pena al querer rechazar el favor que nos solicitan por una posible desconfianza, no somos capaces de negarnos ante el pedido; u otras veces, para mostrar nuestra capacidad de hacerlo de forma jactanciosa, damos la aprobación a lo solicitado y nos enredamos con nuestras propias palabras (v. 2). Por eso nos pide que vayamos y nos retractemos de lo dicho antes de que sea tarde, porque posiblemente estaremos cayendo por nuestro orgullo en un perjuicio.

Debemos humillarnos, o ser de espíritu humilde, y tenemos que asegurarnos que la persona que nos pide el favor tiene la posibilidad y la sincera disponibilidad de cumplir con su parte del trato, si no, mejor es retractarse y pasar la pena pronto, antes que caer en una circunstancia riesgosa (v. 3). El pasaje no solo nos alienta a evitar el problema, sino a ser prontos en actuar, porque podría ser demasiado tarde si no tomamos las medidas pertinentes rápidamente (v. 4-5).

El actuar con prudencia y decir que no al favor que nos solicitan no es actuar de mala fe, es evitar que nosotros suframos perjuicio en algo que podía evitarse.

«Hay perjuicio cuando ofrecemos nuestra palabra en favor de otro que talvez no cumpla su parte, es mejor pasar por la pena de decir no, antes que perder algo más serio»

Ministerio UMCD

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El pecado

Serie: Cápsulas de esperanza


Hoy quisiera hablar de un tema bastante importante que afecta tu relación con Dios, y en la forma en la que te comunicas con él. Vamos a hablar acerca del pecado, y creo que desde siempre hemos escuchado que el pecado son todas las cosas malas que hacemos que ofenden a Dios, se nos menciona: el robar, matar, etc.

Pero quiero decirte que el pecado no son simplemente cosas malas que hacemos, sino que, también son cosas buenas que nosotros las convertimos en pecado.

Quiero leerte la definición del pecado de Susana Wesley; ella decía que:

En pocas palabras cualquier cosa que aumente el poder o la autoridad de la carne sobre tu espíritu eso para ti se convierte en pecado independientemente de cuán bueno sea en sí mismo.

Vemos que hay muchas cosas buenas que nosotros las convertimos en pecado, puede ser una persona, una situación, una película, una serie, una canción, etc. Hay muchísimas cosas que nosotros las podemos convertir en pecado cuando ponemos eso como prioridad antes que a Dios.

También es importante notar que hay pecados públicos que los hacemos en frente de todos porque tal vez es muy común hacerlo, pero también hay pecados ocultos que los hacemos a escondidas porque pensamos que nadie nos está viendo; cualquiera de esos dos tipos pecados nos aleja de una relación sana con Dios y nos impiden que podamos verlo a él como un Padre bondadoso. Esos pecados nos impiden acercarnos a Dios libremente y derramar nuestro corazón delante de Él porque el pecado siempre nos va a dar vergüenza.

¿Cuál es la solución para esta clase de pecados? Como dice 1 Juan 1:9

Entonces la clave está en la confesión, en que tú le confieses a Dios esos pecados, sean públicos o sean ocultos.

Recordemos como dice Pablo en Romanos 6: 12-14:

Así que, analicemos qué clase de pecados nos están impidiendo tener una comunión libre con Dios y confesémoslos para que podamos acercarnos libremente como dice en Hebreos: “al trono de la gracia para recibir ese oportuno socorro” ( He. 4:16 paráfrasis)


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Cuídate de la impureza sensual

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Proverbios 5:1-13

“Hijo mío, está atento a mi sabiduría,
Y a mi inteligencia inclina tu oído,
Para que guardes consejo,
Y tus labios conserven la ciencia.
Porque los labios de la mujer extraña destilan miel,
Y su paladar es más blando que el aceite;
Mas su fin es amargo como el ajenjo,
Agudo como espada de dos filos.
Sus pies descienden a la muerte;
Sus pasos conducen al Seol.
Sus caminos son inestables; no los conocerás,
Si no considerares el camino de vida.
Ahora pues, hijos, oídme,
Y no os apartéis de las razones de mi boca.
Aleja de ella tu camino,
Y no te acerques a la puerta de su casa;
Para que no des a los extraños tu honor,
Y tus años al cruel;
No sea que extraños se sacien de tu fuerza,
Y tus trabajos estén en casa del extraño;
Y gimas al final,
Cuando se consuma tu carne y tu cuerpo,
Y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo,
Y mi corazón menospreció la reprensión;
No oí la voz de los que me instruían,
Y a los que me enseñaban no incliné mi oído!”

La sensualidad y los pecados sexuales se están disparando a grados nunca antes visto a causa del acceso a la tecnología digital que ha traído a las manos de los portadores de un teléfono celular la posibilidad de estar expuestos de una u otra forma a las tentaciones del pecado sexual.

A parte de eso, en la televisión y el cine, es evidente que el pudor se ha perdido, y que la gran mayoría de la producción realizada en los últimos años contiene explícito contenido sexual en todo sentido, no solo en los actos visto, sino que exponen a pecados como el adulterio o la infidelidad, y hasta el homosexualismo y más como opciones moralmente aceptadas para hallar la “felicidad” y la “complacencia”.

Los niveles de infidelidad superan actualmente en algunos países más del 50% de las parejas, afectando sus matrimonios. Pero si consideramos el nivel de exposición a las imágenes que se tiene acceso por todos los medios, los niveles de adulterio en el “corazón” podrían ser aún mayor (Mt. 5:27, 28).


El pasaje en Proverbios nos recuerda lo peligroso que son los labios de una mujer que puede arrastrar a un hombre al pecado (v. 3-5), su vida, por estar guida por la sensualidad, es inestable (v. 6). Cuando una persona se entrega a la lujuria, entonces pierde la fuerza para la toma de decisiones, lo que generalmente puede llevarle a pérdidas aún mayores (v. 7-11; Comp. Jue. 16:4-22). Pero este problema no está afectando solo a los hombres, también a las mujeres hoy en día, y en un elevado grado.

El pasaje alienta a guardarse de esta impureza, y sobre todo a aquellos casados, a buscar satisfacción en su pareja matrimonial (v. 15, 18). Nos advierte que ir en pos del adulterio y la fornicación es como ir derramando las “fuentes” de nuestra vida por las calles, desperdiciando todo a nuestro paso (v. 16-17). Nos advierte que si olvidamos el “consejo” (v. 2, 12-13), entraremos en “cuerdas” de los cuales no nos libraremos fácilmente (v. 22) y sufriremos las consecuencias de nuestra “locura” por la “falta de corrección” (v. 23). Tengamos presente que “los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová”, y Él nos juzgará si no le obedecemos (v. 21).

«Las palabras sensuales de una persona extraña pueden saber a miel, pero en su lujuria arrastra a las consecuencias amargas del pecado a aquel que las escucha»

Ministerio UMCD

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¿Estás prestando atención al camino de tu vida?

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Proverbios 4:20-27

“Hijo mío, está atento a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
No se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón;
Porque son vida a los que las hallan,
Y medicina a todo su cuerpo.

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida.
Aparta de ti la perversidad de la boca,
Y aleja de ti la iniquidad de los labios.
Tus ojos miren lo recto,
Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.
Examina la senda de tus pies,
Y todos tus caminos sean rectos.
No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal.”

Los niveles de accidentes de tránsito y muertes a causa de ello se han incrementado mucho en los últimos años a causa del uso inapropiado por parte del conductor de los teléfonos móviles. Los mensajes de textos o la búsqueda de información en los celulares están aumentando tristemente los números de los accidentes, y con ello la pérdida de las vidas de las personas.

Y aunque todo el tiempo nos alertan a que no deberíamos prestar atención al teléfono mientras conducimos, muchos lo seguimos haciendo, perdemos de vista el camino y distraemos nuestra atención del camino cuando lo hacemos, incrementando los riesgos de un accidente muchas veces fatal.

Con la misma atención con la que deberíamos conducir en las vías con nuestros automóviles, debemos nosotros también velar por el camino por donde nuestras acciones se encaminan en nuestras vidas. Los riesgos del mal sobre nosotros son constantes, y un descuido puede terminar en un pecado o una acción incorrecta que puede hacer daño a nuestras vidas y la de muchos.


La llamada de atención a que estemos siempre atentos en nuestras vidas es frecuente en las Escrituras (v. 20-22; Comp. Is. 28:14; Lc. 8:18; 1 Co. 10:12). En este pasaje, la Biblia nos habla de varias cosas que debemos cuidar, acciones que tenemos que considerar seriamente para que no nos hagamos daño o no nos apartemos hacia el pecado.

En primer lugar, y “sobre toda cosa”, debemos “guardar [nuestro] corazón”, no solo de exponerlo a emociones que pueden traernos pesar cuando entramos en relaciones sentimentales que pueden causarnos dolor, sino que también debemos de cuidar que en nuestro corazón no se guarde el rencor o el odio que va a oscurecer nuestros sentimientos sobre otros. Nuestro corazón “determina el rumbo de [nuestra] vida” (v. 23 NTV), es decir, los sentimientos intensos y mal direccionados afectan muchas de nuestras acciones, y por tanto las probabilidades de hacernos daño o causar mal a otros son muy altas.

También debemos cuidar de lo que sale de nuestra “boca” (v. 24). Recordando que lo que sale por nuestros “labios” puede estar infectado por el pecado que se encuentra en nuestro corazón (Lc. 6:45), nuestras palabras podrían estar llenas del fuego del “infierno” si no controlamos lo que decimos y cargar “veneno mortal” (Stg. 3:6, 8; Comp. Stg. 3:1-12).

Nuestros “ojos” deben mirar solo lo “recto”, es decir, que nuestras intenciones detrás de cada acción deben ser puras. Pero también debemos cuidar de lo que dejamos entrar por nuestros ojos, nada impuro o malintencionado deben ver nuestros ojos para evitar que nuestra carne se alimente del mal y nos motive al pecado (v. 25).

Por último, debemos mirar la dirección de nuestros “pies”, en otras palabras, la dirección de nuestras acciones, el camino que hemos decidido seguir, debe ser constantemente analizado y cuidado para que no nos apartemos de la voluntad de Dios o para que no vayamos en pos del pecado. Si no queremos sufrir las consecuencias de nuestra desobediencia, debemos apartar nuestro “pie del mal” (v. 26-27).

El cuidarnos en todas estas acciones traerá una “vida” buena para nosotros y los nuestros, mientras que nos brindará de “salud” espiritual y física a nuestra alma y cuerpo (v. 22 NVI).

«Seguir a Dios y a sus enseñanzas nos traerá una vida libre de dolor, pérdida y mal»

Ministerio UMCD

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Tu autoestima

Serie: Cápsulas de esperanza


¿Alguna vez has escuchado o has visto a una persona que se cree mejor o mayor a los demás?
Es muy feo toparse con este tipo de personas, pero es porque tienen su autoestima muy alta, o también está lo contrario, los que creen que no valen nada que pueden ser pisoteados por los demás, y eso es porque su autoestima es muy baja.

Ahora, ¿qué es lo que la palabra de Dios nos dice en cuanto a la autoestima? y ¿cuál es el concepto que yo debo tener de mí mismo? veamos por favor Romanos 12: 3

La enseñanza que tenemos acá es que el concepto que debo tener de mí mismo, no debe ser un concepto alto ni bajo sino el concepto que Dios pone en el valor que yo tengo en Cristo como tal. Es por eso que dice que no tenga más alto concepto de sí mismo, sino que lo piense con cordura.

Entonces, como jóvenes debemos buscar que nuestro valor, nuestra autoestima esté definido en Cristo. Ahora veamos lo que dice el Salmo 34:18

Claramente vemos acá como el salmista dice que el señor está cercano a los que tienen un corazón humilde, un corazón humillado, no a los que se creen más, no a los que desprecian a los demás, sino más bien, a los que se humillan ante el señor y reconocen que no somos nada, que no valemos nada sino simplemente el valor que Cristo pone en nosotros así que tu autoestima no debe estar basado en los likes o en los comentarios que tienes en tus redes sociales, sino más bien en lo que Cristo ha hecho por ti, en el regalo de la Salvación.


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¿Le gusta caminar en completa oscuridad?

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Proverbios 4:10-19

“Oye, hijo mío, y recibe mis razones,
Y se te multiplicarán años de vida.
Por el camino de la sabiduría te he encaminado,
Y por veredas derechas te he hecho andar.
Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos,
Y si corrieres, no tropezarás.
Retén el consejo, no lo dejes;
Guárdalo, porque eso es tu vida.
No entres por la vereda de los impíos,
Ni vayas por el camino de los malos.
Déjala, no pases por ella;
Apártate de ella, pasa.
Porque no duermen ellos si no han hecho mal,
Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno.
Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos;
Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
El camino de los impíos es como la oscuridad;
No saben en qué tropiezan.

Hace varios años atrás fui a visitar a una familia que vivía en el campo, y para ese tiempo en ese sector no había servicio de electricidad pública, por lo que todas las personas vivían solamente alumbrándose con velas y lámparas de gas o aceite durante las noches.

Estando ahí, una noche de mucho calor me levanté de madrugada para tratar de beber algo de agua, pero lamentablemente no encontraba una vela o algo para encender temporalmente y poder ver por donde caminaba, pero en mi necesidad me encaminé a la cocina a tratar de buscar algo que tomar. Estaba tan oscuro que no podía ver nada literalmente, trataba de recordar las paredes y con mis manos me ayudaba para encaminarme, pero al ser una casa desconocida me era difícil saber bien dónde estaban las cosas y como caminar en medio de tal oscuridad.

Al final llegué a encontrar una tasa, pero no encontré agua, no sabía dónde lo guardaban, porque tampoco había servicio de agua potable. Con mis manos trataba de identificar las cosas, pero no supe donde hallar el agua. Aprovechando que estaba lloviendo muy fuerte salí a la puerta de la casa y traté de llenar la tasa con el agua lluvia que caía, finalmente sacié mi sed con agua que recogí del techo, y después de ello batallé en mi regreso para volver a la cama y descansar. Fue una experiencia que nunca olvidaré, fue muy complicado hacerlo con tanta oscuridad.


Cuando caminamos sin la guía y la sabiduría que Dios nos brinda a través de Su Palabra, nosotros caminamos en completa oscuridad, sin saber realmente a donde nos dirigimos y con la posibilidad de tropezar, y más cuando vamos en pos de nuestros pecados (v. 19).

El pasaje de hoy nos anima a recibir las “razones” (v. 10) o las palabras dichas por el Autor para que podamos caminar “por el camino de la sabiduría” y las “veredas derechas”, evitando el tropiezo del error o del pecado (v. 11-12). Nosotros debemos disponer nuestro «oído» para recibir la instrucción de Dios (v. 13) y de esa manera no caminar a oscuras.

La Palabra de Dios es una “lámpara” que ilumina nuestro caminar (Sal. 119:105) y nos permite ver las sendas por las que debemos ir, nos advierte de la “vereda de los impíos” y del “camino de los malos” que van siempre solo en pos del mal (v. 14-17), y nos recuerda que ese camino de “oscuridad” solo trae tropiezo (v. 19).

Cada día busquemos en las joyas de sabiduría que la Palabra de Dios nos da para que podamos caminar confiados a plena “luz de la aurora”, y entre más aprendamos a seguir a Dios, más se aclarará nuestro camino (v. 18).

«La sabiduría de la Palabra de Dios da luz a nuestro caminar, alejarnos de Ella es andar en oscuridad y tropiezo»

Ministerio UMCD

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