¿Cuál es tu posesión más valiosa?

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Proverbios 4:1-9

“Oíd, hijos, la enseñanza de un padre,
Y estad atentos, para que conozcáis cordura.
Porque os doy buena enseñanza;
No desamparéis mi ley.
Porque yo también fui hijo de mi padre,
Delicado y único delante de mi madre.
Y él me enseñaba, y me decía:
Retenga tu corazón mis razones,
Guarda mis mandamientos, y vivirás.
Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia;
No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
No la dejes, y ella te guardará;
Amala, y te conservará.
Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría;
Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.
Engrandécela, y ella te engrandecerá;
Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado.
Adorno de gracia dará a tu cabeza;
Corona de hermosura te entregará.”

Para muchos la meta más anhelada es poder comprar un auto muy lujoso o un modelo deportivo clásico. Para otros es tener una gran casa o propiedad, otros tal vez no vayan muy lejos, pero anhelan una casa suficientemente especiosa para poder vivir cómodo. Otros sí ven al dinero como el bien más deseado, mientras que un niño anhela la consola de juego más actualizada con muchos video juegos, etc. Cada uno pone su énfasis en diferentes cosas, y la obtención de ello se vuelve su obsesión en muchos casos.

Para el autor de Proverbios, su exhortación va hacia el anhelo que cada uno debemos tener de poseer o adquirir algo de mucho valor, y no es nada material, sino la “sabiduría” y la “inteligencia” (v. 7).

En muchos países orientales una persona no es valorada tanto por sus posiciones materiales como sí lo es por su sabiduría. Muchos son respetados por la cantidad de conocimiento que han adquirido, y por la manera como utilizan ese conocimiento para la toma de decisiones.


El «jakam» procura «jokmah», es decir, el sabio procura sabiduría. La palabra «jokmah» (“sabiduría”) en el hebreo significa el conocimiento y la capacidad (habilidad) de tomar las decisiones correctas en el momento oportuno. El sabio no solamente conoce de cosas, sino que sabe cómo aprovechar prudente y moralmente bien ese conocimiento para la toma de decisiones, y muchos deseamos en gran manera poder tomar decisiones apropiadas cuando lo necesitamos.

En cambio «bînah» (“inteligencia”) es la capacidad de adquirir conocimiento, es la habilidad de buscar información para adquirirla y así incrementar el conocimiento en cada ámbito de la vida.

Una persona sabia podrá ser sabio aún con poco conocimiento cuando utiliza lo que conoce y lo aprovecha, pero cuando esa misma persona anhela ampliar su conocimiento (“inteligencia”), entonces llega a incrementar los recursos de su entendimiento, y con ello incrementar su “sabiduría”. El incremento de la “inteligencia” (conocimiento, entendimiento) le da más recursos al sabio para incrementar su “sabiduría” o el uso apropiado de esa “inteligencia”.

La Biblia es una gran fuente de buena “enseñanza” (v. 1, 2), y el uso apropiado de esta “enseñanza” nos ayudará a vivir con “cordura” (sabiamente). Por eso nos exhorta a buscar esta enseñanza apasionadamente y a retenerla como gran tesoro (v. 4-6), porque ella nos “engrandecerá” y “honrará” cuando la hallamos “abrazado” (v. 8-9). Lea la Biblia cada día y verá como su vida será transformada, y todos apreciarán su conocimiento y sabiduría.

«La Biblia es una fuente inagotable de conocimiento, y el uso apropiado de ese conocimiento nos hará personas sabias»

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Las preocupaciones

Serie: Cápsulas de esperanza


Hablemos acerca de “la preocupación”
Esta preocupación tiene que ver con situaciones a las cuales consideramos de gran desafío un gran reto o difíciles para nosotros; nos afanamos tanto o nos preocupamos o pensamos en cómo realizarlas antes de que sucedan.

Veamos que dice la Biblia acerca de las preocupaciones que tenemos en esta vida, en Filipenses 4: 6, 7

Solo vamos a tener la paz de Dios cuando tengamos con Dios, cuando nosotros ya no seamos enemigos de Dios sino seamos hijos de Dios solo ahí tendremos la paz con Dios. Cuando tenemos esa paz con Dios vamos a poder poner nuestras preocupaciones a los pies de cristo, y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento nos va a dejar en completa tranquilidad, en completa paz y descanso porque dejamos en él nuestras preocupaciones.

Como te mencionaba, si hemos aceptado a Jesús en nuestro corazón hemos confesado con nuestra boca que somos pecadores; si nos arrepentimos y aceptamos a Jesús para que venga a limpiar nuestros pecados es ahí cuando recién podemos dejar nuestra ansiedad en él porque ahora le conocemos, porque ahora es nuestro padre y nosotros sus hijos, porque él sabe lo mejor para nosotros y nos va a cuidar siempre, porque ahora tenemos a un padre amoroso.


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¿Cómo conseguir una mejor relación con Dios?

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Proverbios 3:27-35

“No te niegues a hacer el bien a quien es debido,
Cuando tuvieres poder para hacerlo.
No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve,
Y mañana te daré,
Cuando tienes contigo qué darle.
No intentes mal contra tu prójimo
Que habita confiado junto a ti.
No tengas pleito con nadie sin razón,
Si no te han hecho agravio.
No envidies al hombre injusto,
Ni escojas ninguno de sus caminos.
Porque Jehová abomina al perverso;
Mas su comunión íntima es con los justos.

La maldición de Jehová está en la casa del impío,
Pero bendecirá la morada de los justos.
Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores,
Y a los humildes dará gracia.
Los sabios heredarán honra,
Mas los necios llevarán ignominia.”

La relación del hombre con Dios se rompió el día que el hombre pecó (Gn. 3:1-24). Desde el momento que Adán pecó en Edén quedamos alejados de una relación íntima con Dios (Ro. 3:23), pero por medio de Jesucristo podemos alcanzar la reconciliación con Dios por medio de Su obra en la cruz, reconciliación que se logra a través de la fe en Su obra de redención (2 Co. 5:18-21; Comp. Ro. 5:11; 11:15; Col. 1:15-23).

Pero ya una vez reconciliados, y entrando en una relación de ‘Padre e hijo’ con Dios (Jn 1:12), Él sí quiere desarrollar una relación más profunda con sus hijos, pero no todos llegan a experimentar esa relación de “comunión íntima” (v. 32; Sal. 25:14).

En forma general, esa “comunión íntima” se la consigue con la obediencia a Dios. La relación de amor que manifestamos cuando le obedecemos es lo que nos lleva a una comunión más cercana con nuestro Padre amoroso y Su Hijo Jesucristo (Jn. 14:15-23).


En el pasaje de Proverbios 3:27-35 se nos da algunas pautas específicas que cada creyente debe hacer para favorecer esa relación personal e íntima (v. 32b), relación que se fundamenta en la manera como nosotros manifestamos del carácter de Dios en nuestras vidas hacia los demás, y que nos bendecirá en tanto que somos de bendición para otros.

Nos dice que “hacer el bien a quien es debido” en tanto que tengamos la posibilidad (v. 27), es decir, que la persona a quien vamos a ayudar debe recibir el auxilio cuando veamos que realmente lo necesita en la medida que nosotros tengamos en nuestras manos la posibilidad de hacerlo, y que lo hagamos prontamente (v. 28). Que no cometamos agravio ni actuemos mal premeditadamente con las personas con quienes no relacionamos, sobre todo, aquel “que habita confiado” junto a nosotros (v. 29-30). No debemos envidar la «prosperidad» de aquellos que obran injustamente ni menos seguir “sus caminos”, porque ello no agrada a Dios (v. 31-32a).

Junto a esa “comunión íntima” llegaran las bendiciones de Dios, la “gracia” del Señor se manifestará en la vida de “los humildes”, y recibirán “honra” al mostrar sabiduría en su comportamiento. En tanto que “maldición” vendrá sobre el “impío”, y sufrirán escarnio e “ignominia” (v. 33-35).

Una vida de amor y obediencia a Dios siempre nos acercará a esa relación profunda con nuestro Señor, y con ello la manifestación de la bondad de Él (Jn 14:21, 23).


«Dios ama y bendice a todo aquél que actúa en favor de su prójimo tal como Él lo hace con nosotros»

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¿Estás triste?

Serie: Cápsulas de esperanza


¿Qué o quién es tu refugio cuando estás en momentos de profunda tristeza?
Es normal que cada uno de nosotros hayamos enfrentado situaciones difíciles en las que el llanto fue nuestro escape. Quiero leerte un versículo en el cual el escritor muestra que él estuvo en una situación tal que lloraba todas las noches.

Imagino que has estado en una situación así o estás ahora mismo en una situación así; ¿en qué o en quién te refugias?, tal vez piensas que nunca vas a salir de esta situación, pero déjame decirte que si puedes salir de esa situación. Más adelante el mismo escritor en el versículo 9 dice:

En medio de todo ese sufrimiento y ese llanto él oro a Jehová y Jehová oyó su oración; es lo que puede pasar con nosotros, si tú estás en un momento de mucho sufrimiento ora a jehová él te va a escuchar.

Esta fue la ayuda que recibió este escritor que más adelante en el Salmo 30:11 él dice:

Él reconoce que Dios es la fuente de su alegría en sus momentos difíciles y eso es lo que tú y yo también podemos hacer orar en nuestros momentos de profunda tristeza y pedir a Dios que cambie nuestra tristeza en alegría.


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¿Quieres conseguir algo más valioso que el oro?

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Proverbios 3:13-20

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,
Y que obtiene la inteligencia;
Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
Y sus frutos más que el oro fino.

Más preciosa es que las piedras preciosas;
Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.
Largura de días está en su mano derecha;
En su izquierda, riquezas y honra.
Sus caminos son caminos deleitosos,
Y todas sus veredas paz.
Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano,
Y bienaventurados son los que la retienen.
Jehová con sabiduría fundó la tierra;
Afirmó los cielos con inteligencia.
Con su ciencia los abismos fueron divididos,
Y destilan rocío los cielos.”

Hace unos años atrás una compañía de tarjeta de crédito sacó un eslogan que lo utilizaba en casi todas sus promociones comerciales por todos los medios publicitarios, y que decía algo así: «Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás está “[…]”» y nombraban su compañía. De esta manera, ellos trataban de promover el uso de sus servicios crediticios para que las personas alcancen algo valioso, pero ellos mismos sabían que no podrían ofrecer todo lo que una persona quisiera o necesitara, solo lo que se podía conseguir por medio del dinero.

Y esta es una verdad que lo sabemos todos, pero seguimos creyendo que con conseguir dinero tendremos todo lo que quisiéramos, pero no es así.

En la Biblia se utiliza la palabra “bienaventurado” para mencionar a aquellos que por su comportamiento o decisión han alcanzado algo sublime y realmente satisfactorio, una posición que verdaderamente está llena de beneficios o reconocimientos, no solo por parte del hombre, sino también de Dios. Se lo menciona relacionando a aquellos que viven en piedad y se han apartado del pecado y aprenden de la Palabra (Sal. 1:1-2; 32:2), aquellos que son bendecidos por Dios como Su pueblo (Dt. 33:29; Sal. 65:4), aquellos que están delante de alguien sabio (1 R. 10:8), aquellos que confían en Dios (Sal. 40:4; 84:5; Is. 30:18); aquellos que tienen un comportamiento bueno, santo y agradable hacia el prójimo (Sal. 41:1-2); aquellos que son corregidos e instruidos en la Palabra (Sal. 94:12); aquellos que temen a Dios (Sal. 112:1; 128:1); aquellos que viven en piedad y esperan en Dios justicia, consuelo, misericordia, refugio, etc. (Mt. 5:3-11); entre otros más.


En el pasaje de este estudio dice que es “bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia” (Pr. 3:13), y enseguida comienza a explicar el porqué: Otorga más ganancia que el oro y la plata (v. 14); es más valiosa que cualquier piedra preciosa (v. 15); otorga una buena y prolongada vida, y al mismo tiempo ofrece “riquezas y honra” (v. 16); nos guiará por decisiones buenas y siempre nos ayudará a conseguir una vida tranquila, llena de paz por los resultados que llegan con esa vida (v. 17); la sabiduría viene a ser un “árbol” que siempre brinda buenos “frutos” y son “bienaventurados” quienes la alcanzan y la aprovechan (v. 18).

Pero también nos dice por qué la sabiduría es tan valiosa, porque con ella “Jehová… fundó la tierra; afirmó los cielos… los abismos fueron divididos”, e hizo que desde los cielos destile el “rocío” (v. 19-20). Al mirar la creación podemos no solo mirar el poder de la obra de Dios, sino todo el conocimiento desplegado por Dios para hacer todo con tanto detalle y propósito. Todo tiene un sentido coherente y encaja perfectamente en el proceso de la estabilidad de todo el universo. Todo fue creado e perfecto equilibrio y sentido. ¡La sabiduría de Dios hizo todo eso!

No hay riqueza que se compare con la “sabiduría”, pues ella brinda más que riquezas, trae una vida provechosa en todo sentido; razón nos dice que es “bienaventurado el hombre” que la “halla”.


«Hay un sin fin de cosas que las riquezas no pueden adquirir, pero que la sabiduría sí, aun las mismas riquezas. Bienaventurado es el que halla la sabiduría en Dios»

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¿Cómo conseguir provecho de la disciplina?

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Proverbios 3:11-12

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová,
Ni te fatigues de su corrección;

Porque Jehová al que ama castiga,
Como el padre al hijo a quien quiere.”

El autor de este artículo ha pasado por el proceso de la disciplina o “el castigo de Jehová” un par de veces, y aunque el proceso ha sido doloroso, el resultado de ello ha sido hermoso, por lo que considera firmemente que ese ejercicio disciplinario ha resultado en una gran bendición. ¿Pero, cómo puede ser considerado de esta manera?

La palabra “castigo” es definida también como instrucción, advertencia, consejo, corrección, doctrina, disciplina, entre otras. Entonces vemos que la instrucción o la disciplina que imparte “el castigo” tiene el propósito de impartir conocimiento o dar corrección (Pr. 24:32). Y como lo dice W. E. Vine en su diccionario, «se trata de una disciplina para toda la vida; de ahí la importancia de prestar atención» a esta palabra.

Es interesante como la palabra «mûsar» o “castigo” es usada por primera vez en el A.T. para relacionarse como parte de los atributos de Dios, donde se recuerda a Israel lo que el Señor había hecho desde el día que salieron de Egipto hasta el momento que estaban por iniciar el proceso de la conquista de Canaán, y su paso por el desierto (Dt. 11:2).

Podemos ver entonces que “el [mûsar] de Jehová” tiene el propósito de enseñar o impartir instrucción o disciplina. Una persona sabia comprende que la instrucción tiene el propósito de edificar vidas, no de destruirlas, y por eso aprecia esa instrucción.


Generalmente la corrección viene acompañada de dolor o pérdida de algún sentido, lo que puede generar desánimo o sufrimiento, cuando la pérdida es irreparable o el dolor como consecuencia del pecado es prolongado. Debemos recordar que esta instrucción a la larga beneficia a la persona porque le motiva a vivir en santidad y a apartarse del mal (He. 12:10-11).

Algo importante de esta exhortación es el recordatorio que “Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (v. 12). Para aquellos que pasan por la instrucción disciplinaria el sentimiento de sentirse rechazado o despreciado por parte de la persona que está impartiendo el castigo es frecuente. Se piensa que esa persona ya no lo quiere a uno o que le trata con odio o ira nada más, por eso utiliza la figura del padre que ama al hijo para recordarnos que “Jehová al que ama castiga”, para que no nos olvidemos que el Señor no nos ha dejado de amar, antes, esta acción es una manifestación de Su amor para ayudarnos a alejarnos del pecado y para que no nos hagamos más daño viviendo en ello (Comp. Ro. 12:9; He. 12:7-11).

«Todo aquello que Dios permite en nuestras vidas tiene un propósito. No debemos menospreciarlo o fatigarnos de ello, ni tampoco hemos de retroceder ni rendirnos bajo ello. Más bien debemos ser conscientes de que los propósitos de Dios se obtienen mediante la disciplina, y de este modo sacar el máximo provecho de ella» MacDonald, W. (2004)


«Apreciar bíblicamente el castigo o la disciplina de Dios en nuestras vidas y aceptar con agrado este proceso de santificación es un acto de sabiduría»

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¡No estás solo!

Serie: Cápsulas de esperanza


¿Alguna vez te has sentido solo? ¿has pasado por momentos en los que creías que contabas con alguien y luego te diste cuenta que no era así?, este sentimiento de soledad es algo que todos experimentamos, cuando se rompe una relación, o cuando tú confías en una persona y en esos momentos difíciles tal persona no actuó como tú pensaste, dejándote solo o sola.

Es ahí cuando el sentimiento de soledad nos ataca, pero siempre tenemos a alguien con quien podemos contar. Busquemos una Biblia y leamos en Deuteronomio 31:8

Esta es la promesa del Señor, que él va a estar contigo siempre, aún cuando estés pasando por pruebas, ¡tranquilo!, el señor está contigo.

Leamos también Jeremías 31:3

Cuando experimentes esa soledad y crees que no hay nadie con quien puedas contar, Dios está ahí para ti, siempre puedes contar con él; recuerda, cuando él estuvo ascendiendo el cielo dijo: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Así que ahí tienes una promesa del Señor y una razón más para tener esperanza. Dios está contigo en los momentos de soledad.


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¿Cómo conseguir satisfacción económica?

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Proverbios 3:9-10

“Honra a Jehová con tus bienes,
Y con las primicias de todos tus frutos;
Y serán llenos tus graneros con abundancia,
Y tus lagares rebosarán de mosto.”

Todos buscamos la satisfacción económica para nuestra vida, un estado en donde las posesiones que tengamos se conviertan en un recurso más para vivir contentos, pero no todos alcanzamos esa satisfacción porque creemos que ella está en la abundancia de lo que queramos tener, y la codicia, la avaricia y la envidia nublarán nuestro corazón con desdicha, insatisfacción y angustia, y nos motivará a buscar más riquezas, haciéndonos creer que nunca podremos hallar esa satisfacción.

Pero la Biblia es muy clara en cuanto a la satisfacción económica bíblica, o a lo que se conoce como el “contentamiento” (1 Ti. 6:6). El “contentamiento” no viene con la abundancia de bienes que se poseen, sino con la perspectiva de apreciar y vivir agradecido por lo que sí se tiene, aunque sea poco (Fil. 4:11-12; 1 Ti. 6:6-8).

Para iniciar este proceso de aprendizaje al contentamiento económico debemos iniciar con “honrar a Jehová con todos tus bienes” (Pr. 3:9a), es decir, reconocer que lo que tenemos viene de Dios, que es Él quien ha provisto todo lo que tenemos, que a Él le pertenece todo lo que ha sido depositado en nuestras manos (1 Cr. 29:14), y vivir muy agradecido con ello (Pr. 30:7-9).


El “amor al dinero” es lo que trae desdicha a nuestro corazón y nos aleja del Señor cuando no apreciamos Sus bondades hacia cada uno de nosotros (1 Ti. 6:9-10). Debemos poner a Dios como nuestra esperanza para nuestro sustento y no en las riquezas que tengamos acumuladas (1 Ti. 6:17; Comp. Mt. 6:19-20); y será en ese momento cuando iniciemos el proceso a vivir satisfechos.

El momento que alcancemos la perspectiva bíblica a lo que poseemos, entonces podremos reconocer que debo honrarle “con las primicias de todos [mis] frutos” (Pr. 3:9b), es decir, darle a Él lo que le pertenece por medio de mi diezmo y ofrendas. Las “primicias” eran las primeras cosechas del año en cualquier siembra o el primer fruto del vientre de un animal (Éx. 22:29; 23:19; Dt. 18:4) y era presentado a Dios como ofrenda. Para dar bíblicamente debo aprender a honrarlo a Él en lo que me ha sido entregado, y darle fielmente. “Demuéstrale a Dios que para ti él es lo más importante. Dale de lo que tienes y de todo lo que ganes.” (Pr. 3:9 TLA)

El resultado será que Dios no dejará de suplir nuestras necesidades: así nunca te faltará ni comida ni bebida” (Pr. 3:10 TLA). Dios no nos dará todo lo que queremos, pues no todo eso puede ser necesario, ni todo eso será beneficioso, pero sí nos dará lo que realmente es esencial para vivir, y con ello tendremos siempre suficiente, y ahí hallaremos la satisfacción económica, sabiendo que tengo es lo que necesito para vivir, y con eso me basta para agradecerle y honrarle.

Proverbios 30:7-9

“Dos cosas te he demandado;
No me las niegues antes que muera:
Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí;
No me des pobreza ni riquezas;
Manténme del pan necesario;
No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová?
O que siendo pobre, hurte,
Y blasfeme el nombre de mi Dios.”


«La satisfacción económica sólo se alcanzará cuando reconozcamos con gratitud que Dios es el dador de todo, sea mucho o poco, y con ello le honremos»

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