Escucha y valora la instrucción de los padres

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Proverbios 1:8-9

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre,
Y no desprecies la dirección de tu madre;

Porque adorno de gracia serán a tu cabeza,
Y collares a tu cuello.”

Una debilidad que se presenta en la vida de los hijos, sobre todo en la época de la adolescencia y la juventud, es el no tener la voluntad de escuchar apropiadamente a los padres. Esta etapa del desarrollo del individuo le lleva al joven a desear explorar la vida por sí mismo con el ánimo de «saborear de primera mano» nuevas experiencias.

En la medida que va creciendo, cada individuo siente el deseo tomar sus propios riesgos y se considera capaz de tomar decisiones responsables y apropiadas por sí mismo; pero el hecho que crea que es capaz de hacer un juicio correcto ante una decisión, no quiere decir necesariamente que sí lo es. Lo cierto es que son los años, el aprendizaje por medio de experiencias propias y de otros, lo que le lleva un individuo a mirar la vida desde una perspectiva más amplia, y puede hacer un juicio ante alguna decisión de una manera más coherente, aunque no perfecta, pues siempre hay el marguen de equivocación.


Un hijo debe considerar que la “instrucción” de los padres siempre será provechosa, y que es sabio escuchar con atención y valorar mucho la “dirección” que sus padres le impartan (v. 8), y existen varias razones por lo que eso prudente:

  1. Honrar a los padres glorifica a Dios: Un joven prudente sabrá siempre que la voluntad de Dios para los hijos es honrar a los padres (Éx. 20:12), el no hacerlo acarrea conflictos con el Señor, por lo tanto, es bueno honrarlos cuando los escuchamos con atención y respeto.
  2. El principio del sometimiento: Dios desea que aprendamos a vivir en obediencia a la autoridad, y nuestros padres, sobre todo, hasta que lleguemos a ser adultos, tienen autoridad sobre nosotros. El actuar en contra de la autoridad es obrar en rebeldía, lo que trae serias consecuencias ante Dios (Ef. 6:1, 2; Col. 3:20; Comp. Pro. 17:11)
  3. El amor de los padres: Debemos considerar que los padres, en general, están velando por el bienestar de sus hijos. Nunca los padres querrán algo inapropiado para los hijos, y es por esta razón que la instrucción de ellos, en primer lugar, viene del corazón de alguien quien los ama profundamente y quiere lo mejor para sus hijos (Comp. Mt. 7:9-11).
  4. La experiencia de los padres: Como habíamos dicho, los padres, por los años de experiencia en la vida, conocen mejor lo que es provechoso o no, especialmente aquellos que han experimentado cosas similares a las que el hijo enfrenta o quiere experimentar. El padre tiene la ventaja de la experiencia que puede ser beneficiosa para el joven (1 R. 12:6).
  5. El beneficio de un comportamiento sabio del hijo: El autor de Proverbios nos recuerda que aquel que desea aprender de los padres será honrado y bendecido, mientras que manifiesta con eso una cualidad de buen comportamiento (v. 9; Comp. Ef. 6:2, 3).

La actitud reverente y prudente del hijo es realmente apreciado, es una marca maravillosa que resalta en el carácter de los hijos y que es digno de alabanza de todos. Así que, la próxima vez que quiera el joven hacer algo, escuche a los padres, ponga atención a la instrucción, considere sabiamente lo que ellos tengan que decir con amor, y recordemos que el escucharlos es agradable ante Dios.


«Un hijo prudente escucha con atención la instrucción de los padres, y esto honra a Dios»

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El inicio supremo para alcanzar sabiduría

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Proverbios 1:5-7
“Oirá el sabio, y aumentará el saber,
Y el entendido adquirirá consejo,
Para entender proverbio y declaración,
Palabras de sabios, y sus dichos profundos.
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;
Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”

“Todo el que quiera ser sabio debe empezar por obedecer a Dios. Pero la gente ignorante no quiere ser corregida ni llegar a ser sabia” (TLA). Leyendo esta otra traducción del versículo 7 de este pasaje llegamos a entender mejor lo que el autor de Proverbios quiere decirnos al darnos su máxima más importante: Hay un principio supremo para llegar a ser sabios, y es teniendo “temor de Jehová”.

Para comprender lo que Salomón nos quiso decir con esta expresión debemos comprender lo que el “temor de Jehová” significa, y con ello podremos concluir de mejor manera lo que nos está afirmando.

La palabra “temor” expresa la idea de reconocimiento y reverencia. Es tener un concepto o actitud de respeto y honra ante alguien superior, quien, por su superioridad, puede actuar sobre uno con autoridad. Cuando se trata de Dios, es reconocer que Él es el ser Supremo, soberano y dueño de todo, que a más de ello es Juez y tiene derecho para actuar sobre todos nosotros con justicia de acuerdo con nuestros actos.

Con este concepto en claro, podemos comprender por deducción porqué el “temor de Jehová” es el principio o el inicio a una vida sabia por parte nuestra. Como reconocemos Su soberanía, nuestro comportamiento se ve directamente afectado por nuestra comprensión de Su autoridad. Si recordamos que Dios está mirando todo, y que con mi vida debo honrarle, obedecerle y amarle, entonces todo lo que haga se alineará solamente a lo que a Él le agrada, llevándome a vivir una vida sabia como resultado de mi “temor”.


¿Pero por qué eso es sabio?

La obediencia a Dios es una actitud que siempre me llevará a vivir alejado del pecado, a actuar siempre en función de lo bueno y provechoso para mi vida y la de los demás. Bajo este concepto, sabré que todo lo que haga no traerá malas consecuencias por una falla mía, mas bien traerá prosperidad. Todo ese comportamiento entrará dentro de lo prudente y apropiado, y eso es vivir una vida que sobresale del mundo y que se resalta dentro lo mejor.

Entonces, sabia es la persona que actúa bajo entendimiento de todos estos principios, y que, haciendo uso adecuado de ese conocimiento, decide por la mejor opción para beneficio propio y honra de Dios. Es decir, si uno tiene presente a Dios en todo acto, aunque no comprenda mucho de todo, el decidir actuar temiendo a Dios ya le hizo alguien sabio.

Pero, por otro lado, el necio o insensato, por actuar influenciado por su necedad, no quiere ser instruido ni corregido, despreciando la “enseñanza”, lo que hace que su vida no sea buena, expresando con ello que desprecia la “sabiduría”. Lo “sabios” de este mundo, lo que se creen ser sabios , pero no lo son (Ro. 1:22), caen en la necedad cuando desconocen a Dios y dejan que sus propios razonamientos los lleve a vivir una vida de desobediencia y falta de “temor” de Dios (Ro. 1:18-32).

Entonces, vemos cómo el temor a Dios nos conduce a la sabiduría, pero la necedad o insensatez nos aleja completamente de ella. ¿Cuál de las dos opciones escogerá usted?


«Sabio es todo aquel que, conociendo a Dios, vive una vida de temor reverente; los que no temen manifiestan con ello su insensatez»

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¿Por qué debemos leer Proverbios?

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Proverbios 1:1-5

“Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel.
Para entender sabiduría y doctrina,
Para conocer razones prudentes,

Para recibir el consejo de prudencia,
Justicia, juicio y equidad;
Para dar sagacidad a los simples,
Y a los jóvenes inteligencia y cordura.
Oirá el sabio, y aumentará el saber,
Y el entendido adquirirá consejo.”

No hay tesoro más grande ni bien tan preciado como la sabiduría. En muchas culturas una persona sabia es realmente considerada como alguien superior y digno de mucho respeto, y en algunos casos, esa sabiduría es buscada con dinero para hallar un consejo prudente. Sobre todo, en los países orientales, una persona sabia es bien apreciada.

Pero muchas veces, muchos de nosotros vivimos en una sociedad donde la sabiduría es despreciada, haciendo de nosotros personas insensatas (v. 7b).

Para comprender el propósito del Libro de Proverbios debemos entender lo que esa misma palabra significa, y en el hebreo, proverbio significa una expresión o idea superior en capacidad mental, una máxima superior en substancia, es decir, un pensamiento que supera a cualquier otro y que brinda mucho contenido sabio o provechoso; y eso es en sí el contenido de este maravilloso libro de la Biblia, un libro que nos da pensamientos superiores a cualquier otro y que pueden bendecir nuestras vidas si aprendemos de él.


Lo primero que Salomón nos dice en este Libro es que el propósito por el que escribió fue para ayudarnos a tener “sabiduría y doctrina” (v. 2a), darnos pensamientos que vienen de la experiencia y que nos ayudaran a ser astutos en los asuntos de la vida, y que esta instrucción (“doctrina”) nos ayudará a evitar consecuencias, nos advierte de castigos al no obedecer o seguir la instrucción.

Muchas personas recomiendan leer un capítulo de Proverbios al día durante toda nuestra vida porque en ese ejercicio aprenderemos a ser sabios, y como el mismo pasaje nos dice, nos da “razones prudentes” (v. 2b) para vivir obrando justamente, pensado correctamente, y actuar con equidad o igualdad recta para todos (v. 3).

La instrucción que se puede recibir de la lectura de la Palabra de Dios nos ayuda a ser sagaces, hasta a los más simples de entendimiento, mientras que a los jóvenes les provee de “inteligencia y cordura” para obrar (v. 4). Nos anima a buscar la sabiduría para que podamos tener una vida que nos lleve a una condición superior, donde nuestra capacidad de discernimiento, basada en la Palabra, pueda proveernos de una vida prospera bajo la guía del buen juicio.

Aún aquellos que son sabios pueden incrementar su sabiduría al aprender de este Libro (v. 5), y con esta profunda explicación podemos comprender por qué Salomón escribió esta Joya de Sabiduría, tenía el propósito de compartirnos de su entendimiento para que podamos vivir sabiamente.

Bien haríamos en indagar diariamente en este Libro de la Palabra de Dios que nos ayudará a vivir con principios prudentes y santos ante las diferentes facetas de nuestro diario vivir. Y agradezcamos a Dios para la inspiración de este gran libro que nos ayuda a vivir de una manera que le agrade a Él y que nos llevará a tener una vida buena y prospera.


«Leer diariamente la Palabra de Dios nos ayudará a ser sabios, prudentes y prósperos en nuestras decisiones»

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Influencia positiva

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Josué 24:29-33

“Después de estas cosas murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. Y le sepultaron en su heredad en Timnat-sera, que está en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas. Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel. Y enterraron en Siquem los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien piezas de dinero; y fue posesión de los hijos de José. También murió Eleazar hijo de Aarón, y lo enterraron en el collado de Finees su hijo, que le fue dado en el monte de Efraín.”

Existen personas que han influenciado positiva o negativamente a otros en gran manera. Políticos, sociólogos, libertadores, héroes, deportistas, pensadores y otros; personas que han influenciado la manera de vivir de una sociedad o generación.

Muchos de esos cambios generados por su influencia han permanecido por mucho tiempo, mientras que otros han sido cortos o pasajero. Por ejemplo, un político o héroe en la época de la colonia cambió el rumbo de un territorio para convertirlo en nación independiente, mientras que los zapatos que usa cierto deportista son usados por aquellos que los siguen hasta que salga un nuevo modelo. Por todo lado se observa la influencia.

Actualmente se escucha mucho de aquellos a quienes se les llama «influencers», personas que están marcando un estilo de vida en aquellos que los siguen por las redes sociales.


Josué fue uno de aquellos personajes. Su vida fue marcada por la obediencia a Dios, y ese estilo de vida marcó el comportamiento de la generación que entró en la tierra prometida: “Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué” (v. 31).

Desde el inicio Josué mostró un carácter piadoso. Aprendiendo de Moisés, él supo lo que era servir a Dios, e hizo de esto un estilo de vida que no solo le ayudó a él y a su liderazgo, sino que fue un referente para la generación de su época.

Pero Eleazar, descendiente de Aarón, también tuvo gran influencia en esta generación. Al morir su padre, Eleazar estuvo a cargo del sacerdocio de los levitas y sirvió como consejero de Josué (Nm. 27:15-23). Es evidente que la vida espiritual de toda esa generación estuvo bajo la influencia de hombres que agradaron y sirvieron a Dios.

Nosotros también podemos generar una influencia positiva en nuestra sociedad. El Señor nos ha llamado a ser sal y luz del mundo (Mt. 5:13-16), eso quiere decir que nuestra vida debe favorecer al cambio positivo y piadoso del comportamiento de nuestra generación y las que vienen. En un mundo en la que su moral va rápidamente en declive, nosotros debemos, más que antes, ser entes activos en la preservación y transformación de los nuestros y de los que vienen.

Con la ayuda de Dios, y tal como lo han hecho todos aquellos que han servido al Señor, debemos comprometernos primero a vivir esa vida de obediencia para después enseñarla. Si nosotros no sabemos lo que ello significa, menos vamos a poder enseñar lo que es.

Tomemos la iniciativa, sirvamos al Señor de corazón, y modelemos una vida santa y fructífera para que otros puedan seguir lo mismo.


«Todo cristiano debe considerar la consagración a Dios, entre otras cosas, como instrumento de influencia positiva a un mundo perdido y sin Dios»

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¿A quién quiero seguir? – Parte II

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Josué 24:16-24

“Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos. Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios. Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos. Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos. Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos.”

Compromisos de momento, esa parece que es la tónica de muchas personas, inclusive de los hijos de Dios. Muchos caemos en el emocionalismo de comprometernos por un momento, pero después dejamos ese compromiso y no seguimos lo acordado. Sobre todo, cuando se trata de decisiones serias.

Por ejemplo, cuantos de nosotros hacemos resoluciones de año nuevo y no las cumplimos, cuantos padres dicen a sus hijos que harán algo y no lo hacen, cuantas parejas se prometen amor eterno y se divorcian después, etc. Definitivamente como personas tenemos una tendencia a no guardar nuestros compromisos seria y fielmente.

El pueblo estaba en Siquem escuchando todo lo que Josué tenía que decir referente al compromiso de vida que cada uno de ellos debía hacer para servir a Dios solamente (Jos. 24:1-15), y ahora era el turno de ellos de responder al llamado de su líder, y en forma unánime contestan: “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses” (v. 16).


Parecería indeclinable esa respuesta, ya que expresan que “nunca” dejarían a Dios, sino que se comprometían todos a servirle. Josué, intuyendo que esto no fue considerado adecuadamente, les vuelve a decir que no van a poder servir a Dios sencillamente, porque el Señor no va a tolerar fácilmente eso compromiso ligero “porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados”(v. 19), y ellos nuevamente les responden que “no, sino que a Jehová serviremos” (v. 20), y luego sabemos la historia. En Jueces leemos que después de la muerte de Josué el pueblo sí se apartó de seguir a Dios (Jue. 2:1-14).

El problema estaba en ellos todo el tiempo, Josué mismo les repite: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel” (v. 23). La idolatría en ellos estaba siempre presente, y aunque entendían lo que Dios les pedía, ellos no tomaban una decisión concreta de erradicar todo vestigio de idolatría de sus vidas.

Esta lección debe ayudarnos a mirar con detenimiento lo que nos pasa cuando no tomamos una decisión definitiva, primero, de sacar de nuestra vida todo vestigio de pecado e idolatría en nosotros, y, segundo, de hacer un compromiso serio y diario con Dios para agradarle todos los días de nuestra vida.

Para lograrlo debemos pasar leyendo la Biblia todos los días, porque Ella nos recuerda constantemente lo que sí le agrada a Dios y lo que le disgusta. Además, debemos morir cada día a nuestra carne y entregarnos a un sacrificio diario de seguirle. Y requerimos buscar creyentes maduros, sabios y prestos para que nos ayuden a seguir estos pasos mediante la rendición de cuenta, hasta que alcancemos nosotros la madurez. Sólo así podremos mantener nuestros compromisos con Dios.

Josué, para ayudar al pueblo, puso una piedra como recordatorio de ese compromiso, quería que no se olviden de lo que habían dicho (v. 25-27). Nosotros también debemos tener algo o alguien quien nos recuerde el compromiso que hemos hecho ante el Señor.


«Un compromiso con Dios nunca debe ser tomado ligeramente, puesto que a Él eso no le agrada»

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¿A quién quiero seguir? – Parte I

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Josué 24:1-5, 13-15

“Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales; y se presentaron delante de Dios. Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños. Y yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del río, y lo traje por toda la tierra de Canaán, y aumenté su descendencia, y le di Isaac. A Isaac di Jacob y Esaú. Y a Esaú di el monte de Seir, para que lo poseyese; pero Jacob y sus hijos descendieron a Egipto. Y yo envié a Moisés y a Aarón, y herí a Egipto, conforme a lo que hice en medio de él, y después os saqué. […] Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis. Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

Sin conocer a Dios, lejos de alguna posibilidad de relacionarse íntimamente con el Altísimo, alejado de Sus promesas y sin relevancia eterna, así se encontraba Abraham antes de que el Señor lo buscara en Ur de los caldeos y le trajera a Canaán y le prometiera una descendencia que sería de bendición a todas las naciones (Gn 11:31 – 12:9).

Pero no solo fue lo que Dios hizo en favor de todos nosotros por medio de la descendencia de Abraham, pues de ahí viene nuestro Señor y Salvador Jesucristo (Mt. 1:1); para Abraham ésta fue la oportunidad de ser salvo (Gn 15:6) y de llegar a conocer a un Dios para él antes desconocido, ya que él y sus padres adoraban a “dioses extraños” (v. 2).

Dios estaba cumpliendo Su plan de redención al incluir a Abraham y a su descendencia como instrumentos para el nacimiento de Jesús, y esto de alguna manera es lo que Josué estaba tratando de explicar a los israelitas en este momento (Jos. 24).


Josué estaba ya avanzado de edad, y entre varias cosas, les hace un recuento corto, pero profundamente significativo, de todo lo que Dios había hecho con Abraham, Isaac, Jacob y sus hijos. Ahora ellos, los descendientes de Jacob, habían recibido lo prometido después de haber sido liberados poderosamente de Egipto y llevados por todo este tiempo bajo la protección y la mano de Dios (v. 1-13). Y es ante esta reflexión que les dice: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad… Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis.” (v. 14, 15).

Josué tenía claro a Quién adorar (“yo y mi casa serviremos a Jehová”), pero era necesario que el pueblo medite sobre todo lo acontecido para que en esta exhortación de avivamiento hagan un autoexamen propio de su compromiso con Dios y se consagren al Señor seriamente.

Este es un buen momento para que nosotros miremos en nuestra vida también y hagamos una introspección a nuestro compromiso con Dios. Si nos damos cuenta, nosotros también estábamos alejados de Dios adorando a otros dioses, alejados de la ciudadanía celestial, y caminado a la condenación. Fue Dios, Quien por medio de la predicación del evangelio nos rescató y nos ha dado perdón, vida eterna e identidad con Él. Ahora tenemos un futuro eterno maravilloso y podemos en esta vida decidir servirle a Él y cumplir con Sus propósitos.

Por qué no hacer una pauta en nuestra rutina, mirar a nuestra vida pasada, recordar el día que recibimos a Cristo cuando aún estábamos lejos de Dios, y analicemos si realmente estamos siguiendo a Dios o no, y hagamos una decisión sobre ese análisis, y ojalá podemos concluir como lo hizo Josué: yo y mi casa serviremos a Jehová.


«Si nuestro corazón es agradecido nos motivará todo el tiempo a servirle a Dios por todo lo que Él ha hecho en nuestro favor»

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¡Hay que esforzarnos!

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Josué 23:1-11

“Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros. He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol. Y Jehová vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las arrojará de vuestra presencia; y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho. Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy. Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo. Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios.”

Esforzarse es realizar acciones físicas o morales enérgicas en busca de un objetivo, y en el pasaje que estamos aprendiendo, el objetivo es alcanzar la obediencia a Dios.

En el Libro de Josué, Dios utiliza ocho veces la palabra «hazaq» (fortalecer, esforzar o endurecer), y de éstas, cinco veces se traduce como “te esfuerces”, “esfuérzate” o “esforzaos” (Jos. 1:6, 7, 9, 18; 23:6), y todas ellas relacionadas con la obediencia a Dios y al esfuerzo enérgico que tiene que hacer el hombre para seguirle a Él.

Es evidente que el éxito de todo lo que pasó en la historia de este apasionante Libro gira en torno a la obediencia.

La obediencia requiere de esfuerzo porque necesitamos estirar nuestra voluntad hacia la voluntad de Dios, o de recortar o limitar nuestra voluntad al pecado. Si bien nosotros solos no podemos, dependemos del Espíritu Santo para poder vencer a la carne, somos nosotros quienes necesitamos dar ese esfuerzo voluntario de querer permanecer dentro de la voluntad de Dios para no desobedecer. Es una lucha intensa entre mi naturaleza pecaminosa y la voluntad del Señor.


Josué apela a la obediencia del pueblo, y no solo le pide que se esfuerce, sino que se esfuerce “mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito” (v. 6), y para ello les da varias razones: Dios les dio el “reposo” (v. 1); ellos vieron la obra de Dios en su favor (v. 3); lo recibido fue la “herencia” prometida (v. 4); no hubo quien haya podido pelear en contra de ellos (v. 5, 9), y que no olviden de la fidelidad de Dios a Su Palabra (v. 14). Y lo que les pide es: Que sigan todo lo escrito por Dios (v. 6); que no hagan alianza con otras naciones ni con sus dioses (v. 7); que amen con todo su ser a Dios (v. 11); que no den a sus hijos a los hijos de los paganos (v. 12); y les advierte del costo de la desobediencia (v. 13, 15-16).

Y aunque con todo lo dicho, parecería que iba a ser fácil para ellos seguir a Dios, lo cierto es que no era así, por eso Josué, temiendo que el pueblo no siga a Jehová, les pide que se esfuercen mucho en obedecer.

Nosotros también podemos ver que la obediencia requiere gran esfuerzo. Cada día batallamos con nuestros pecados y debilidades, enfrentamos tentaciones de la carne, el mundo y satanás, y las posibilidades de fallarle están siempre presentes; por esta razón nosotros debemos esforzarnos a morir a nuestra carne tomando nuestra cruz y siguiéndole a Él en obediencia, crucificando a nuestro “yo”, nuestra voluntad (Lc. 9:23-25), sólo así podremos serle fiel, cuando nos esforzamos mucho y permanecemos en Su palabra (Comp. Jn 8:31-36).


«Si queremos ser fieles al Señor, debemos esforzarnos mucho para vivir en obediencia, dependiendo de Su Espíritu y muriendo diariamente a nuestra pecaminosa voluntad»

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No emita juicio sin fundamento

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Josué 22:13-18, 21-27, 33

“Y enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés en tierra de Galaad, a Finees hijo del sacerdote Eleazar, y a diez príncipes con él: un príncipe por cada casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era jefe de la casa de sus padres entre los millares de Israel. Los cuales fueron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad, y les hablaron diciendo: Toda la congregación de Jehová dice así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de Israel para apartaros hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser rebeldes contra Jehová? ¿No ha sido bastante la maldad de Peor, de la que no estamos aún limpios hasta este día, por la cual vino la mortandad en la congregación de Jehová, para que vosotros os apartéis hoy de seguir a Jehová? Vosotros os rebeláis hoy contra Jehová, y mañana se airará él contra toda la congregación de Israel. […] Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron y dijeron a los cabezas de los millares de Israel: Jehová Dios de los dioses, Jehová Dios de los dioses, él sabe, y hace saber a Israel: si fue por rebelión o por prevaricación contra Jehová, no nos salves hoy. Si nos hemos edificado altar para volvernos de en pos de Jehová, o para sacrificar holocausto u ofrenda, o para ofrecer sobre él ofrendas de paz, el mismo Jehová nos lo demande. Lo hicimos más bien por temor de que mañana vuestros hijos digan a nuestros hijos: ¿Qué tenéis vosotros con Jehová Dios de Israel? Jehová ha puesto por lindero el Jordán entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén e hijos de Gad; no tenéis vosotros parte en Jehová; y así vuestros hijos harían que nuestros hijos dejasen de temer a Jehová. Por esto dijimos: Edifiquemos ahora un altar, no para holocausto ni para sacrificio, sino para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz; y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en Jehová. […] Y el asunto pareció bien a los hijos de Israel, y bendijeron a Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en guerra, para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad.”

Muchas veces me he encontrado emitiendo un juicio sin conocer todos los detalles de lo acontecido, y muchas de esas ocasiones he dado un juicio errado. ¡Qué falta tan grave!

Tal vez usted se ha encontrado en esos embarazosos momentos también, cuando por equivocación fallamos, y no nos detuvimos sino hasta que nos dimos cuenta del error, pudiendo incluso llegar a causar perjuicio por error.


El pueblo que se asentó al occidente del Jordán estaba molesto porque las dos tribus y media habían levantado un altar a las orillas del río (v. 10), y pensaban que estaban desechando a Silo, lugar que se había designado como centro de adoración durante el tiempo de la conquista, y siguió así hasta los jueces.

Además, ellos estaban preocupados porque creían que esto traería la indignación de Jehová, por lo que temían un castigo del Señor (v. 16-20). Hacen un llamado al arrepentimiento, y si no, estarían listos para “pelear contra ellos” (v. 12). Lo único que cambio la manera de como ellos estaban juzgando fue que enviaron al sacerdote Finees con diez príncipes de las tribus (v. 13-14), y escucharon la verdad del propósito detrás del altar (v. 21-29), esto evitó un conflicto que pudo haber traído gran daño (v. 30-33).

En esta lección aprendemos que no es bueno emitir juicio sin conocer completamente lo que está sucediendo. Antes de actuar, busque más información, dialogue con las personas, sobre todos con aquellos de quienes sospechamos algo inapropiado, y con discernimiento apropiado, haga un juicio correcto; mientras tanto, otorgue el beneficio de la inocencia, y trate con justicia hasta que no tenga claro lo que pasa.


«Juzgar sin conocimiento correcto de lo acontecido puede traer gran perjuicio, y acarrear juicio de parte del Señor en nuestra contra»

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