Aún hay espacio que conquistar

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Josué 13:1-8

Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer. Esta es la tierra que queda: todos los territorios de los filisteos, y todos los de los gesureos; desde Sihor, que está al oriente de Egipto, hasta el límite de Ecrón al norte, que se considera de los cananeos; de los cinco príncipes de los filisteos, el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo y el ecroneo; también los aveos; al sur toda la tierra de los cananeos, y Mehara, que es de los sidonios, hasta Afec, hasta los límites del amorreo; la tierra de los giblitas, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baal-gad al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat; todos los que habitan en las montañas desde el Líbano hasta Misrefotmaim, todos los sidonios; yo los exterminaré delante de los hijos de Israel; solamente repartirás tú por suerte el país a los israelitas por heredad, como te he mandado. Reparte, pues, ahora esta tierra en heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés. Porque los rubenitas y gaditas y la otra mitad de Manasés recibieron ya su heredad, la cual les dio Moisés al otro lado del Jordán al oriente, según se la dio Moisés siervo de Jehová.”

«¡Siempre hay espacio para crecer!» Dice un dicho popular, y es muy cierto. Cada uno de nosotros podemos hallar nuevas áreas en dónde podemos seguir creciendo, ya sea en nuestra vida personal, familiar, laboral o de servicio a Dios.

Sobre todo, en el área personal, debemos recordar que somos imperfectos a causa de nuestro pecado, todos tenemos áreas en donde podemos trabajar para seguir creciendo hasta alcanzar la plenitud en ellas. La paciencia, el gozo, el amor, la fidelidad, la santidad, etc. Pero en el servicio al Señor o en nuestra área laboral también. Es ahí donde está nuestra constante lucha, en el crecimiento y expansión de lo que somos o hacemos.


Josué ya estaba viejo, y como leemos en el capítulo 12 de este libro, tanto Moisés como Josué habían conquistado mucho territorio y derrotado a muchos reyes, pero todavía había lugares al suroeste de la tierra prometida y al extremo norte que no habían sido conquistados (Jos. 13:2-6a). Así que Dios le dice a nuestro líder que por su edad va a ser difícil ir a la batalla, y que ahora tenía que dedicarse a hacer una distribución del territorio y dejar que los jóvenes que viene la conquisten (v. 6b-7).

Todo este territorio que sería repartido sería lo que estaba al lado occidental del Río Jordán, porque lo que estaba al oriente, hacia Arabia, era territorio que fue ya distribuido y entregado a las dos tribus de Rubén y de Gad y a la media de Manasés por parte de Moisés (v. 8).

Pero la repartición nominal de las tierras no representaba que Dios no seguiría ayudando a Israel, al contrario, el mismo Señor le afirma a Josué que Él exterminaría a los habitantes de esas áreas sin conquistar sí Israel va a la batalla, Dios quería darles todo el territorio, pero no sería en vida de Josué, sino cuando los hijos de todos ellos sigan con la conquista. Aun había espacio que conquistar, y Dios los ayudaría (v. 6).

Si usted y yo queremos crecer hasta nuestro máximo potencial, necesitamos trabajar en identificar qué áreas están en nuestra vida sin ser conquistadas, o posiblemente Dios nos esté brindando oportunidades para expandirnos. Si somos sabios y diligentes, veremos que siempre hay que seguir trabajando, y si ponemos manos a la obra, llegaremos a expandir “nuestro territorio” con la ayuda de Dios.

Busque a Dios en oración, pregunte a amigos sabios que le muestren aún sus debilidades, mire usted las oportunidades que Dios le esté presentando para crecer, y verá que todavía puede crecer. Ponga manos a la obra y alcance el potencial de su vida con la ayuda del Señor.


«Todos tenemos espacios y áreas en donde crecer, y con la ayuda de Dios las descubriremos y las alcanzaremos. ¡Todavía hay territorio que conquistar!»

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¿Qué tan firme es tu fe?

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Pensando en nuestra fe, ¿en qué y en quién esta basada?, muchos basan su fe en experiencias religiosas, situaciones que les hicieron sentir algo que no habían vivido antes y que les hace pensar que están firmes en la fe de Cristo, pero, nuestras experiencias, aunque puedan ser reales, deben ser contrastadas a la luz de la Palabra de Dios, y por eso debemos considerar el objeto de nuestra fe. Marcos nos ayuda en esto cuando nos habla de las credenciales de Cristo, porque con ello podemos identificar si nuestra fe está bien cimentada o no. 

Marcos 1.10-11 

“Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” 


Este pasaje es uno de tantos que nos ayuda a entender que Jesús es un Hombre que ciertamente vivió entre nosotros, cumplió toda justicia y tenía la autoridad y el poder para hacer la obra que el Padre le había encomendado. 

Marcos nos dice que luego de que Jesús subió del agua, el Señor vio que se abrían los cielos, lo cual nos muestra algo muy interesante; y es que, aunque Dios estableció el cielo y el espacio como el límite de lo que podemos percibir, hay una realidad que no podemos negar, la de Su presencia más allá de lo que observamos.  

Esteban, uno de los mártires de la iglesia, también vio los cielos abiertos (Hch 7.55-60); y en Apocalipsis se nos habla de un momento durante la tribulación en el que los cielos se desvanecerán y los hombres querrán esconderse del rostro de Aquel que está sentado en el trono (Ap. 6.12-17). 

Así que estamos en medio de la presencia de Dios, y aunque vivamos pensando que hay momentos en los que nadie nos ve, la verdad es que todos estamos desnudos ante sus ojos y nuestras obras están descubiertas delante de Él. 

¿Como crees que sería nuestra vida si en todo tiempo imagináramos los cielos abiertos, y al que está sentado en el trono observándonos? 

Luego de esto, Jesús y Juan vieron al Espíritu Santo como paloma descendiendo sobre Él; con lo que Juan pudo testificar que Jesús es el Hijo de Dios, porque Aquel que lo envió a bautizar, también le dijo que: sobre el que viera descender el Espíritu y permaneciera sobre Él, ese sería quien bautizaría con el Espíritu Santo. (Jn 1.31-34

Así, estamos en lo correcto cuando nos rendimos a la autoridad de Jesús, creemos en Él, y aceptamos su sacrificio de amor como pago por nuestros pecados. 

Pero, como si esto no fuera suficiente, Marcos nos dice que en ese momento también se escuchó una voz del cielo que decía: “Tu eres mi hijo amado”. (v. 11

Esa voz era Dios hablando y testificando que Jesús es su Hijo, aquel que había prometido para reconciliarnos con Él, y Quien gozaba de las credenciales para hacer su obra.  

¿Cómo responderíamos si escucháramos ahora mismo una voz del cielo que hablara de Jesús? ¿Creeríamos en Él gracias a eso? 

Muchos dirían que sí, que creerían si presenciaran algo como eso, porque quieren ver señales, pero, la verdad es que nuestra fe no se puede basar en cosas como esas, sino tiene que basarse en la persona de Jesús. 

De hecho, hubo un momento en su ministerio, cuando Dios le permitió a tres de los discípulos de Jesús verlo en su gloria, junto a Moises y Elías, y en ese momento se escuchó su voz desde el cielo, llamando la atención de los discípulos, y diciéndoles: “Este es mi Hijo amado; a él oíd” (Lc. 9.35). Fijémonos que Dios no dijo vean estas señales y crean, sino que dijo: “oigan a mi Hijo”. 

Así, todos somos llamados a creer en Jesús, porque Él es quien dijo que era, porque Dios mismo dio testimonio acerca de Él, hombres también lo hicieron y por su poder la vida de muchos ha sido rescatada de la muerte y del pecado. 

Así que hermanos, afirmemos nuestra fe en Jesús, estudiemos la Palabra de Dios, y estemos dispuestos a considerar la forma en la que Ella narra Su historia desde el Edén y hasta la eternidad. 

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«Nuestra fe solo debe basarse en la persona de Jesús»

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¿Te humillarías por amor?

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¿Cuál es tu primera reacción cuando alguien te humilla? ¿Te enojas y respondes con violencia, o pones tu otra mejilla? La verdad es que a ninguno nos gusta ser humillados, y por eso no nos ofrecemos como voluntarios para hacer cosas que puedan hacernos sentir avergonzados, pero Jesús, consideró la humillación como algo muy valioso, que le dio la oportunidad de agradar al Padre y cumplir con su propósito de salvación para el mundo, por eso estuvo dispuesto a humillarse y a cumplir con toda justicia; y se sometió al bautismo de Juan el Bautista. 

Marcos 1.9 

“Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.” 


Se dice que en toda narración es bueno ubicar al lector en un momento específico, porque tenemos la necesidad de enmarcar las historias que escuchamos en un tiempo y lugar, así, Marcos nos ubica en el tiempo y adelanta que su evangelio narrará los acontecimientos de la vida y ministerio de Jesús, como los siguientes: 

  1. Jesús vino de Nazaret de Galilea 

Nazaret era una ciudad pequeña de la región de Galilea, y era el lugar de residencia de Jesús desde su niñez hasta el principio de su ministerio (Lc. 2.41-52). Con su partida de allí, Jesús estaba dejando su vida hogareña, para comenzar sus viajes y ministerio, el cual empezaría con… 

  1. Su bautismo 

¿Pero por qué Jesús tendría que ser bautizado? ¿Acaso Él era pecador y tenía que bautizarse y arrepentirse públicamente? ¡No! Jesús no se bautizó como un símbolo de arrepentimiento porque Él nunca cometió pecado (He. 4.15).  

Jesús se bautizó como una señal que daba comienzo a su etapa de ministerio público, y para cumplir con toda justicia, tal como se lo dijo a Juan, cuando este se opuso a bautizarlo, y en cambio reconoció su necesidad de ser bautizado por Jesús (Mat. 3.15), porque Él sería el que bautizaría posteriormente con el Espíritu Santo (Mt. 3.11; Mr. 1.8). 

Jesús debía cumplir con toda justicia (con toda cosa buena que Dios había definido); para vivir el propósito con el que le había enviado al mundo y así ser el Justo, por medio del cual todos los creyentes también pueden ser llamados justos delante del Padre. 

Bien lo diría Juan al reconocer que no tenía el derecho moral para bautizar a Jesús; y que nobleza vemos en nuestro Señor, que, aun siendo el Hijo de Dios, se humilló a lo sumo haciéndose como uno de nosotros, identificándose con nuestra realidad y permitiendo ser bautizado por un mortal como Juan. 

Por eso confiamos en que nuestro Sumo Sacerdote puede compadecerse de nosotros, porque vivió cumpliendo toda justicia, y aunque vivió nuestros sufrimientos y dificultades, satisfizo completamente la demanda de rectitud que Dios le exigió. 

¡Que rectitud la de nuestro Señor y cuanto amor al Padre y por nosotros en ese ejemplo de justicia que vemos en su bautismo! 

Ese ejemplo debería hacernos pensar en ¿qué tan dispuestos estamos a humillarnos y someternos por amor a su Nombre? 

Porque sí les pasa igual que a mí, que lucho todo el tiempo con el orgullo, todos estamos en una batalla constante por someternos a las autoridades, a nuestra pareja, o con hacer lo correcto, aunque eso signifique alguna incomodidad; pero si humillarnos puede resultar en una muestra de amor a Dios que le de la gloria, todos debiéramos optar por ello tal como lo hizo Jesús. 

¿En qué áreas de nuestra vida nos cuesta someternos y humillarnos? 

¿Qué tal si consideramos nuestro orgullo como algo a lo que no debemos aferrarnos y en cambio nos despojamos a nosotros mismos, tomando forma de siervos y cumpliendo toda justicia por amor a nuestro Padre y Señor? 


«El bautismo de Jesús es una muestra de su amor por el Padre y por nosotros»

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No descanse hasta conquistarlo todo

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Josué 11:16-23

“Tomó, pues, Josué toda aquella tierra, las montañas, todo el Neguev, toda la tierra de Gosén, los llanos, el Arabá, las montañas de Israel y sus valles. Desde el monte Halac, que sube hacia Seir, hasta Baal-gad en la llanura del Líbano, a la falda del monte Hermón; tomó asimismo a todos sus reyes, y los hirió y mató. Por mucho tiempo tuvo guerra Josué con estos reyes. No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, salvo los heveos que moraban en Gabaón; todo lo tomaron en guerra. Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés. También en aquel tiempo vino Josué y destruyó a los anaceos de los montes de Hebrón, de Debir, de Anab, de todos los montes de Judá y de todos los montes de Israel; Josué los destruyó a ellos y a sus ciudades. Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod. Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra.”

En términos de guerra, la paz realmente no se da en muchos casos, si no hasta que una de las partes es derrotada. Especialmente cuando se trataba de una conquista en los siglos anteriores al nuestro, no se podía extender los territorios sin que no exista una batalla que derrote al lado que iba a ser conquistado.

Considerando ese método, sin duda que eran tiempos difíciles, violentos, y hasta sangrientos, donde solamente la guerra traía la posibilidad de expansión de un bando o reino, y el control de todo bajo la conquista. En la vida del creyente, de la misma manera, éste no puede conseguir el dominio y control de todas las áreas de su vida si no las conquista.

Muchos enfrentamos nuestras batallas espirituales de cierta forma: debilidades frente algún pecado, comportamientos o conductas que no son piadosas o favorables para una vida santa, tal vez problemas en las relaciones matrimoniales, etc.; son áreas que tienen que ser conquistadas por el creyente para poder estar en paz con Dios y con los demás, y que nos darán control en la manera como nos comportamos.


Cuando Josué y el pueblo de Israel tenía que ingresar a tomar control de la tierra prometida, ellos sabían que tenían que destruir a todos sus enemigos, tomar posesión de todo ese territorio y habitar en él para poder extender al máximo el control de lo que estaban recibiendo como posesión por parte de Dios. Dios mismo endurecía el corazón de sus enemigos para que los israelitas los destruyan, y así no solo traer juicio sobre esas naciones (v. 20), sino que, además, eso evitaría que Su pueblo sea tentado a pecar ante las prácticas paganas y pecaminosas de los moradores de esas tierras.

El propósito de esto era múltiple: por un lado, era traer juicio y destruir a aquellos que rechazaban a Dios; por otro, era permitir que Israel alcance el máximo de extensión; y con todo eso, evitar que alguien tente con costumbres malas los israelitas. Solamente ahí alcanzaría la paz.

Josué sabía esto muy bien, por eso él y todo el pueblo no descansaron hasta poder tomar control de gran parte del territorio y poderse establecerse en él, solo en el día que ellos combatieron a todos los más grandes enemigos, solo ahí descansaron de “la guerra” (v. 23). Josué no descansaría hasta cumplir con su meta.

El comportamiento de este gran líder nos deja una lección de vida muy importante, no podemos descansar hasta que no hayamos conquistado todas las áreas de nuestra vida para el Señor. Cada uno de los creyentes aún tenemos áreas de nosotros que conquistar, pecados que erradicar, carácter que desarrollar y establecer. El propósito de ello es llegar a ser lo más cerca al carácter de Cristo, y hasta que no lleguemos a nuestra madurez espiritual, no podemos descansar.

Muchos creyentes no hemos puesto mucho empeño en nuestra propia conquista espiritual. Muchos nos hemos quedado solamente con llegar a ser salvos, otros, con solo crecer en ciertas áreas, pero eso no es el deseo de Dios, Él nos ha dado herramientas espirituales, y Él está a nuestro lado para que cada uno podamos alcanzar nuestra plena conquista de una vida piadosa para el Señor.

¿Qué área le falta conquistar? ¿Dónde se ha quedado en el crecimiento espiritual? ¿Cuándo va a retomar junto a Dios la conquista de todas esas áreas que aún le dan guerra en su caminar con Cristo? Dios quiere que tomemos posesión de todo, y Él nos ayudará, como lo hizo con Josué.


«La conquista espiritual en nuestra vida no será alcanzada hasta que no hayamos eliminado de ella nuestros pecados y conductas no piadosas»

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Nunca desestimemos el valor de la obediencia

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Josué 11:12-15

“Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los hirió a filo de espada, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado. Pero a todas las ciudades que estaban sobre colinas, no las quemó Israel; únicamente a Hazor quemó Josué. Y los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades; mas a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida. De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés.”

La obediencia es uno de los requisitos indispensables, no solo para agradar a Dios, sino para vivir una vida próspera. En la obediencia edificamos una vida realmente buena, llena de frutos y beneficios celestiales. Es una vida fundada sobre la roca (Lc. 6.46-49).

Ahora bien, el beneficio de esta vida de obediencia no solo está en las bendiciones que recibimos como favor de Dios en nuestra vida, sino que esta vida puede dejar una pauta o ejemplo para aquellos que nos observan; sobre todo, para nuestra familia, nuestros hijos, los discípulos que tengamos, o alguien que nos mira desde lejos. Nuestra obediencia puede dejar un impacto favorable en sus vidas. Es ahí donde nuestra obediencia bendice más a otros.

Desde el inicio del caminar de Moisés e Israel con Dios, al salir de Egipto, el Señor por medio de Su Palabra les habló de las bendiciones que vendrían con la obediencia, pero también les advirtió de las maldiciones que vendrían con la desobediencia (Lv. 26.3-13; Dt. 7.12-24; 28:1-68).


Lo que aprendemos del pasaje de Josué 11:12-15 no solo tiene que ver con la obediencia de Josué, sino del ejemplo que Moisés le dejó a su siervo durante esos años que Josué caminó bajo su liderazgo. Josué aprendió la obediencia del ejemplo que Moisés modeló al caminar con Dios (Dt. 34:10-12).

Josué aprendió que el seguir al Señor en obediencia siempre traía Sus bendiciones, y lo experimentó muy bien en la vida de Moisés, por tal motivo, cuando Moisés le pide a Josué y al pueblo que obedezcan a Dios (Dt. 31:1-8; 32:44-47), para este joven líder, eso ya era un estilo de vida que había visto en su maestro. Esto hizo posible que durante todo el período de la conquista de la tierra prometida todos ellos tuvieran tanto éxito.

La vida de obediencia no solo nos bendice, sino que alcanza a otros con nuestras bendiciones y deja una enseñanza que otros van a querer seguir. Impactemos favorablemente nuestra vida y la de los demás comprometiéndonos a caminar con Dios sin titubear. Recuerde lo que dijo un día W. MacDonald: «La obediencia total trae victoria total»


«Nuestro caminar con Dios en obediencia no solo bendice nuestra vida, sino que marca un estilo de vida que alienta y bendice a quienes nos miran obedecer»

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Éstos confían en “carros”… ¿y tú?

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Josué 11:1-11

“Cuando oyó esto Jabín rey de Hazor, envió mensaje a Jobab rey de Madón, al rey de Simrón, al rey de Acsaf, y a los reyes que estaban en la región del norte en las montañas, y en el Arabá al sur de Cineret, en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente; y al cananeo que estaba al oriente y al occidente, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al jebuseo en las montañas, y al heveo al pie de Hermón en tierra de Mizpa. Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, mucha gente, como la arena que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra. Todos estos reyes se unieron, y vinieron y acamparon unidos junto a las aguas de Merom, para pelear contra Israel. Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, porque mañana a esta hora yo entregaré a todos ellos muertos delante de Israel; desjarretarás sus caballos, y sus carros quemarás a fuego. Y Josué, y toda la gente de guerra con él, vino de repente contra ellos junto a las aguas de Merom. Y los entregó Jehová en manos de Israel, y los hirieron y los siguieron hasta Sidón la grande y hasta Misrefotmaim, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno. Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros quemó a fuego. Y volviendo Josué, tomó en el mismo tiempo a Hazor, y mató a espada a su rey; pues Hazor había sido antes cabeza de todos estos reinos. Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo por completo, sin quedar nada que respirase; y a Hazor pusieron fuego.”

¿En qué o en quién confía la gente en tiempo de necesidad o de angustia? ¿En dónde ponemos nuestra esperanza cuando hay algo que enfrentamos y que es muy grande?

Aunque muchos podremos decir que confiamos en Dios, lo cierto es que nuestras acciones manifestarán la verdad de nuestra esperanza. Si miramos hacia personas o recursos, o si nos angustiamos ante el problema, eso nos manifiesta si ciertamente creemos lo que decimos creer de Dios.

Por otro lado, aquellos que no conocen a Dios, no saben que sus esperanzas están basadas en recursos limitados, si es que ellos tienen algo a que aferrarse, y más, cuando van en contra del Señor o querrán hacernos daños, ellos no saben que a nuestro lado está el Dios todopoderoso.

En la antigüedad, la esperanza para la guerra se ponía en el tamaño del ejército, pero, sobre todo, en la cantidad de caballos y carros de guerra que tenían, ahí se basaba la esperanza del poderío del ejército.


Para Josué, su esperanza estaba en Dios. El ejército israelita no poseía de esta ventaja bélica de los “carros” y los “caballos”, pues ellos no habían desarrollado esa tecnología aún, pero sabían que tenían algo más poderoso para combatir, tenían a “Jehová” como su “Dios”, y eso bastaba (Sal. 20:7).

El rey Jabín, de Hazor, al ver lo que Israel había hecho a la coalición de los cinco reyes de los amorreos (Jos. 10:1-27), decidió llamar a una alianza aún mayor para combatir contra Josué y su ejército, tan grande que parecía “como la arena que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra” (v. 4). Lo que no medía en capacidad Jabín es que eso no le bastaría para combatir a Josué.

Dios nuevamente se aceró a Josué y le dio aliento y dirección de lo que debía hacer (v. 6), y eso era todo lo que necesitaba nuestro valiente líder para llevar al pueblo a una nueva victoria junto al Señor (v. 7-11). Josué no se angustió ante el inmenso enemigo ni por su poderío, más bien, confió en el poder de Dios para ayudarles en la batalla.

Si usted está enfrentando algún problema que parece más grande de lo que usted pueda enfrentar, recuerde que no importa cuán grande o poderoso sea ese enemigo, a su lado está Dios para ayudarle a enfrentarlo, Dios es todo lo que necesita a su lado (Ro. 8:31).


«Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria» (Sal. 20:7)

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¿A quién adjudicamos la victoria?

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Josué 10:28-33, 40-43

“En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la hirió a filo de espada, y mató a su rey; por completo los destruyó, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo al rey de Maceda como había hecho al rey de Jericó. Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna; y Jehová la entregó también a ella y a su rey en manos de Israel; y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo a su rey de la manera como había hecho al rey de Jericó. Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, y acampó cerca de ella, y la combatió; y Jehová entregó a Laquis en mano de Israel, y la tomó al día siguiente, y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, así como había hecho en Libna. Entonces Horam rey de Gezer subió en ayuda de Laquis; mas a él y a su pueblo destruyó Josué, hasta no dejar a ninguno de ellos. […] Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, del Neguev, de los llanos y de las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada; todo lo que tenía vida lo mató, como Jehová Dios de Israel se lo había mandado. Y los hirió Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón. Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel. Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal.”

Los logros alcanzados siempre serán motivo de júbilo. Detrás de cada meta alcanzada está el esfuerzo, la dedicación, el empeño que cada uno pone para poder llegar ahí. Esos triunfos siempre traerán algarabía y buen sentimiento, y más cuando esas metas son grandes.

Pero muchos consideran propios sus logros, y pocos dan reconocimiento a Dios por el favor o la gracia otorgada para conseguirlos. Hace unos años atrás entrevistaron al entrenador y al mariscal de campo de un equipo de futbol americano universitario después de lograr uno de los campeonatos nacionales, y lo primero que dijeron fue: «En primer lugar, el favor de Dios, toda la gloria a Dios» «Me apoyo en lo que dice un versículo que Dios es poderoso para hacer las cosas más allá de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros» ¡Qué perspectiva más apropiada!

Si bien las victorias en nuestras vidas son ganadas con nuestro esfuerzo y determinación, no debemos olvidar que detrás de nosotros está un Dios que pelea con y por nosotros para darnos esas victorias. Nada se podría lograr sin el favor de Dios.


Si recordamos el inicio de la campaña de la conquista de la Tierra Prometida, el “Príncipe del ejército de Jehová” se le presentó a Josué con una espada y le dio instrucciones de como conquistar Jericó (Jos. 5:13 – 6:5), y desde ese momento Dios les iba acompañar en cada batalla brindándoles las estrategias, desalentando el corazón de sus enemigos, y obrando hasta con milagros para darles todas las victorias, “Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel”. (Jos. 10:42)

Después de la victoria en contra de los cinco reyes de los amorreos, cuando protegieron a Gabaón (Jos. 10:1-27), Josué y todo el ejercito se dedicaron a conquistar a siete ciudades más: Maceda, Libna, Laquis, Gezer, Eglón, Hebrón y Debir. Cada victoria fue posible porque “Jehová” les entregaba esas ciudades, y al final de todas esas victorias la Biblia nos dice que “todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová… peleaba por Israel. (Jos. 10:30, 32 y 42)

En nuestra vida diaria nosotros nos enfrentamos en contra del pecado que mora en nosotros, del mundo pecaminoso y de satanás; a más, cada día nos esforzamos en el trabajo, la escuela, en nuestra vida diaria; a parte, enfrentamos pruebas y dificultades que tratan de detenernos en nuestro caminar con Dios y afectan nuestras vidas; pero cuando vencemos todos estos obstáculos o alcanzamos algún logro, nunca olvidemos de junto a nosotros va el “Príncipe del ejercito de Jehová” que nos ayuda con Su guía y poder para alcanzar nuestras victorias, a Él siempre será la gloria.


«Si bien las victorias en nuestras vidas son el resultado de nuestro esfuerzo, nunca olvidemos que sin el favor de Dios nunca las alcanzaríamos»

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El día que Dios escuchó a un hombre

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Josué 10:5-14

“Y cinco reyes de los amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón, y pelearon contra ella. Entonces los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campamento en Gilgal: No niegues ayuda a tus siervos; sube prontamente a nosotros para defendernos y ayudarnos; porque todos los reyes de los amorreos que habitan en las montañas se han unido contra nosotros. Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes. Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti. Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal. Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, y los hirió con gran mortandad en Gabaón; y los siguió por el camino que sube a Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y Maceda. Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada. Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.”

¿Está dispuesto Dios a ayudar a todo hombre que necesita de Su favor? ¿Y será que Dios nos va a ayudar en todo lo que queramos en todo momento? Estas preguntas son muy comunes entre las personas cuando enfrentan una necesidad y requieren la ayuda del Señor, pero no siempre le buscan, o sea porque no creen que Dios pueda escucharlos, o en algún momento pidieron Su favor y no tuvieron lo pedido.

Las respuestas a estas interrogantes son un sí y un no, curiosamente. Sí, Dios sí puede intervenir en todo momento que Él quisiera si fuera necesario. Sí, Dios siempre escucha todas nuestras oraciones. Sí, Dios sí nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Pero no, Dios no siempre responderá en nuestro favor cuando lo pedido no está dentro de Sus planes favorables para nosotros o cuando lo que pedimos es pecaminoso o estamos en pecado, en esos casos Dios no responderá a nuestras peticiones.

Dios es Soberano, Todopoderoso, Santo, Sabio, Justo, Omnipresente y Misericordioso; y en conjunto a estos atributos el Señor obrará de acuerdo con Sus planes eternos y Sus propósitos en nuestra vida.


Gabaón se hallaba en aprietos, a causa de su deseo de aliarse con Israel se encontró ahora en el lado enemigo de los moradores de las montañas del Neguev y de Canaán en dirección al Mar Mediterráneo. El rey de Jerusalén llama a una coalición en represalia a este acto de los gabaonitas y cuatro reyes más de los amorreos se unen para dar una lección a Gabaón: los reyes de Hebrón, Jarmut, Laquis y Eglón. (Jos. 10:1-5)

Los gabaonitas piden ayuda a sus nuevos aliados, y Josué responde inmediatamente con todo el ejercito de Israel para combatir en la batalla (v. 6-7). En ese momento Dios se le acerca a Josué y le dice: No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti” (v. 8). Dios tenía los propósitos de destruir a todos estos pueblos, y utilizando esta batalla, Él le daría toda la capacidad a Josué para vencerlos.

La batalla se prolongó durante todo el día, y Josué quería acabar con todos ellos ese mismo día, así que recibe una ayuda milagrosa de Dios. En primer lugar, el Señor envía granizo muy grande del cielo para dar muerte a un gran numero de los soldados, y para no dejar que la noche brindara a los enemigos la posibilidad de huir, Josué pide que el sol se detenga hasta lograr su cometido, y el sol se detuvo milagrosamente en toda la tierra por casi un día entero más (v. 11-13). ¿Por qué? “… porque Jehová peleaba por Israel”. (v. 14)

Dios estaba obrando con milagros que nunca más se han repetido en la historia con el propósito de cumplir con Sus planes, y aprovechando esta batalla, Él escuchó a Josué e hizo lo que le pidió. Eran los planes de Dios en los propósitos en favor de Josué e Israel.

Como podemos aprender de esta historia, Dios sí escucha y obra poderosamente cuando lo que se pide está dentro de Su voluntad. Dios hará cosas que nos sorprenderá cuando lo que pedimos está dentro de Sus designios eternos (Ef. 3:20). Esta lección nos recuerda que no se trata de nuestros planes o voluntad, sino de los Suyos, y ahí Dios escuchará la voz de nuestro clamor.


«Cuando Dios quiere hacer algo dentro de Sus planes hasta los milagros pueden ocurrir, todo para que Él sea glorificado»

Ministerio UMCD

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